COLUMNA- RELACIONES >> Piensa en cómo suelen ser las discusiones con tu pareja. Si a menudo te sientes a la defensiva, hablas en bucle de los mismos temas, dices cosas de las que te arrepientes o te cierras en banda, es posible que estés sufriendo una inundación emocional.

La inundación emocional es el agobio psicológico y fisiológico que sienten las personas durante los conflictos. Según el terapeuta matrimonial John Gottman, cuando estás en este estado, es casi imposible mantener una conversación productiva.

La inundación “se produce cuando el sistema nervioso detecta una amenaza y envía una señal a las glándulas suprarrenales para que liberen las hormonas del estrés: la adrenalina y el cortisol”, explica la terapeuta Casey Tanner. Esta ola de hormonas activa la respuesta de lucha o huida del cuerpo, lo que hace que te sientas emocionalmente superado.

“Así como los humanos primitivos experimentaban más amenazas físicas, como las de los depredadores o las condiciones meteorológicas, las amenazas a la seguridad hoy en día son más a menudo emocionales”, asegura Tanner. 

Una discusión con tu pareja puede percibirse como una amenaza emocional y desencadenar la misma respuesta hormonal, explica Tanner. 

“Sentirse rechazado, abandonado, criticado o sin apoyo son amenazas a la seguridad emocional, sobre todo si estas experiencias reviven traumas del pasado”, añade.

En un estado de inundación emocional, el ritmo cardíaco supera los 100 latidos por minuto. Es posible que empieces a sudar, que se te ponga la cara roja, que te tiemblen las manos o que sientas una presión en el pecho. Te ves incapaz de escuchar o de pensar con claridad.

Sin embargo, la inundación emocional no siempre tiene el mismo aspecto desde fuera. Algunas personas entran en “modo lucha” y empiezan a atacar verbalmente, y otras entran en “modo huida”, se quedan en silencio y buscan la forma de huir de la conversación.

Cuando uno está inundado emocionalmente, el organismo dedica la mayor parte de su energía a protegerse, por lo que queda menos energía para cualquier cosa que no esté relacionada con la supervivencia, como el pensamiento racional, advierte Tanner.

“Por eso, las personas que experimentan una inundación emocional pueden sentir que no piensan con claridad o que son más propensas a tomar decisiones impulsivas”, explica.

Por qué la inundación emocional es perjudicial para las relaciones

Cuando el sistema nervioso está sobrecargado, la capacidad de escuchar, procesar la información con precisión y ser compasivo se ve reducida. Así que “podemos decir cosas hirientes por rabia, no empatizar ni asumir responsabilidades y herir profundamente a las personas que nos importan”, advierte Tanner.

No vas a llegar a un punto de entendimiento ni a una solución cuando estás en ese estado, señala el terapeuta Zach Brittle. Cuando este patrón de conflicto se repite mucho en una relación, impide que solucionéis vuestros problemas, crea distancia entre los miembros de la pareja e incluso puede llevar a una falta de esperanza en el futuro de la relación.

“Si ya sé cómo me voy a poner, voy a evitar el conflicto, voy a pasar por encima de ti o voy a saltar al final donde directamente estallo”, explica Brittle, presentador del podcast Marriage Therapy Radio. “No voy a tener tanta paciencia si ya sé cómo va a terminar”.

Cómo gestionar una inundación emocional

Sentirse emocionalmente abrumado durante una discusión no significa que seas una mala pareja o que haya algo malo en ti.

“Podemos verlo como una respuesta adaptativa al peligro y tratar de regularlo de nuevo en una ‘zona segura’, donde el pensamiento racional sea más accesible”, comenta Tanner.

Es un problema que hay que abordar por el bien de la relación. Esto es lo que puedes hacer al respecto:

Aprende a reconocer tus síntomas de inundación emocional

Esto varía de una persona a otra, por lo que debes prestar atención a las señales que te da tu cuerpo.

″¿Cuáles son las señales de que te sientes emocionalmente inundado?” pregunta Tanner. “Tal vez notes que empiezas a sudar la camiseta o a respirar más rápido”.

Aparca la conversación durante al menos 20 minutos, pero nunca más de 24 horas

Es necesario tomarse un respiro para que el cuerpo se restablezca después de la oleada de hormonas del estrés, sostiene Brittle. Tómate un descanso y haz algo que te tranquilice y que no sea revivir la discusión en tu cabeza.

“Si te vas a dar un paseo durante 20 minutos y piensas en todas las cosas que vas a decir cuando vuelvas, vas a volver a inundarte muy rápido”, advierte Brittle. “Pero si te vas de paseo y escuchas un podcast sobre el clima en Sudáfrica y luego vuelves y dices: ‘Oye, ¿de qué estábamos hablando?’, entonces es más probable que podáis solucionarlo pacíficamente y con calma”.

Algunas personas necesitan más de 20 minutos para recuperarse, y eso está bien, pero no dejes pasar más de 24 horas antes de retomar la conversación. Para que tu pareja no sienta que pasas del tema, asegúrate de acordar de antemano una hora para volver a hablar.

Regula tu sistema nervioso

Respira hondo haciendo que tus espiraciones sean más largas que tus inspiraciones, dice Tanner.

Prueba a meditar, a abrazar a tu mascota, a darte una ducha, a dar un paseo o a hacer ejercicio.

“Tú eres quien mejor sabe lo que te gusta, aunque a veces haga falta un poco de ensayo y error para averiguar lo que te funciona”, comenta Tanner.

Piensa por qué has reaccionado así al conflicto

Tanner recomienda preguntarse: ¿de verdad era una situación peligrosa? ¿O te trajo un mal recuerdo de tu pasado?

“Recuerda que una amenaza percibida no siempre es una amenaza real, y distinguir entre ambas puede ayudarte a entender por qué tu cuerpo reacciona así”.

Si los traumas del pasado pueden estar influyendo en tu inundación emocional, acude a un psicólogo que pueda ayudarte a encontrar estrategias tranquilizadoras cuando te veas en este estado, recomienda Tanner.

Recuerda que solucionar la discusión es más importante que finalizarla

La mayoría de los problemas en una relación no tienen fácil solución. Resuelve los que sí la tengan, propone Brittle. No olvidéis que sois un equipo y que debéis intentar romper juntos un patrón disfuncional.

“Siempre les digo a mis clientes: solucionar es más importante que finalizar. Es más importante que los dos miembros de la pareja se sientan conectados aunque no sepan qué hacer con este problema, a que se ataquen mutuamente mientras tratan de averiguar qué hacer con el problema”.

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