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José María Muscari cumple 50 y reflexiona sobre su vida, la paternidad y el amor deseado, mientras sorprende con un desafío: “¡Lo que sería Pergolini en Sex!”

José María Muscari cumple 50 y reflexiona sobre su vida, la paternidad y el amor deseado, mientras sorprende con un desafío: “¡Lo que sería Pergolini en Sex!”

Desde muy chico tuvo en claro que su destino estaba ligado al mundo artístico. Con una carrera construida a fuerza de trabajo, creatividad y una permanente búsqueda de nuevos desafíos, José María Muscari se convirtió en uno de los productores y directores más reconocidos del espectáculo argentino. Y mientras disfruta del éxito de tres obras en cartelera —Sex en el Gorriti Art Center; Lucio y yo, la obra sobre el vínculo con mi hijo, en el Centro Cultural de la Cooperación; y Las ocho mujeres, en el Multiteatro—, ya prepara una nueva apuesta para la temporada de verano.

Pero su presente no se limita a los logros profesionales. Hace tres años, Muscari cumplió el sueño de convertirse en papá y, desde entonces, con Lucio, su vida dio un giro. Entre los aprendizajes de criar a un hijo adolescente, las salidas compartidas y la remodelación de su nueva casa, pensada para los dos, el director reconoce que también tiene su costado estricto.

Trabajador incansable, padre e hijo presente, Muscari atraviesa un momento de plenitud y se declara soltero, aunque abierto a encontrar un compañero de vida. Sin apuros y con muchos proyectos por delante, entre la mudanza y el próximo estreno de Fondo de olla, su nuevo espectáculo a la gorra, el artista se sentó en el tradicional segmento A solas con Paparazzi para hacer un balance de su vida, a pocos días de cumplir 50 años. “Está buena en un punto mi vida, porque es bastante diversa”, reflexiona, inaugurando el diálogo.

Un Muscari adolescente, lleno de sueños.

—Estás todo el tiempo trabajando, como que tenés un olfato particular. ¿Siempre estás craneando? ¿Te cuesta desenchufar o no? 

—Me cuesta desenchufar, pero a la vez está bien la imagen que tenés. Estoy todo el tiempo pensando en el trabajo, o esto, lo otro. No. A esta altura de la vida, ya tengo 50 años, fui armando una buena alquimia entre los momentos en los que trabajo y los momentos de la vida propia. Es importante el tiempo que estoy con mi hijo, con mi mamá, los eventos familiares. Hoy a la noche tengo una cena con amigos. Trato de que esa mecánica que tengo con tanto trabajo, arme alquimia con lindos momentos personales. Como artista, uno es el resultado de lo que es como persona. Entonces, si no tengo una buena vida, tampoco va a estar bueno lo que haga. 

—Hiciste de todo, y ahora es momento de lo personal.

—Soy muy convencido de que las cosas suceden cuando tienen que suceder. Particularmente, la historia con mi hijo sucedió justo en el momento en el que tenía que llegar. Era él y era yo, y éramos nosotros en ese momento. Eso no tiene mucha explicación terrenal, es algo un poco más profundo: dos personas que en algún lugar se estaban buscando y se encontraron. Lucio llegó a mi vida cuando yo tenía 47, ya hace tres años que somos familia, pero siento que posiblemente gran parte de mi vida me estuve preparando para ser el padre que soy, no porque conscientemente dijera: “Ay, me estoy preparando como padre”. Noiba viviendo y adquiriendo experiencia, aprendizajes, aciertos, desaciertos. Y después, todo eso forma parte de tus decisiones y desde qué lugar te paras para construir un vínculo con el otro. 

José María Muscari y su hijo, Lucio.

—Y con esta llegada, también es abrir el hogar, aprender a convivir.

—Sí. Está bueno el desafío. A la vez, la adolescencia es todo un desafío. Tengo un hijo que ahora tiene 18, pero cuando arrancó nuestra vinculación tenía 15. Los adolescentes están súper revolucionados, muy atravesados emocionalmente con todos los cambios de lo que quieren hacer, lo que no, duelando la parte de la niñez para pasar a ser un semiadulto, las nuevas relaciones, los noviazgos en el medio. En ese sentido estuvo bien aventurera la vida que nos tocó con mi hijo, en estos tres años, y sigue estando. Está buenísimo lo que pudimos construir. Y también creo que mi departamento es un poco como una coronación de eso: vivimos juntos, pero muy independientes. Es una casa que armé para nuestra familia. Vivimos los dos primeros años en otro departamento y nuestras habitaciones estaban muy pegadas, y acá me di cuenta de que son dos casas en un minuto: yo ya no quería escuchar más a Duki, ya escuchaba muchas puteadas en la Play, muchas conversaciones con la novia. Ya no era necesario tanto, demasiada cercanía. Y ahí apareció la oportunidad de cambiarme a este departamento, que es muy loco: es como si fueran dos departamentos unidos, estamos como en alas independientes, pero viviendo en la misma casa, obvio.

—Uno no nace sabiendo ser padre. ¿Qué cosas aprendiste en este tiempo junto a tu hijo? 

—De Lucio aprendí un montón de cosas. Tiene una personalidad mucho más tranquila que la mía, una personalidad con mucho peso, muy a tierra. Yo soy un poco más aéreo. Lucio es mucho más cauto, yo soy bastante más aventurero, pero a la vez es muy enfocado. Todo lo que él quiere conseguir se enfoca y lo busca. De hecho, se recibió de piloto de avión privado hace muy poquito y ahora está haciendo la carrera para ser piloto comercial. Se anotó en una escuela de inglés justamente porque quiere ser piloto. En el medio empezó a estudiar modelaje, hizo algunos desfiles. 

—Ahí va por el lado artístico también.

—Sí, puede ser. También empezó a estudiar teatro. Está muy copado con el tema de los aviones. Está buenísima esta edad en donde me retrotraigo a mi adolescencia y pienso qué bueno cuando tenés todo el mundo por descubrir y podés apostar a lo que verdaderamente querés y armarte tu vida como se te antoja. En este caso, yo siento que soy un padre… 

—Por algo también te puso en el camino…

—Sí. Y volviendo a lo que me preguntabas antes, soy un padre mucho más convencional de lo que me hubiera imaginado. Antes de adoptar a Lucio, me habría imaginado que iba a ser un padre recanchero, pero soy bastante… con límites. Soy bastante estructuradito: las cuatro comidas, “¿fuiste al gimnasio?”, “el domingo a mediodía viene la familia y hay que despertarse para almorzar en la mesa”, “si llegás tarde avisame, golpeame la puerta cuando entrás”, “contestame el teléfono porque te mandé un WhatsApp y tardaste como dos horas”… 

Esteban Pérez y Máximo Meyer interpretan a Muscari y Lucio, respectivamente, en la obra que el dramaturgo escribió inspirada en su paternidad, y presenta en el Centro Cultural de la Cooperación. “Están contando una historia muy particular de lo que significa convertirse de hijo o de padre de la noche a la mañana, sin que nadie te lo enseñe, y cómo dos desconocidos se pueden elegir y armar una vida en familia”, describe José María.

—Lograr una adopción en la Argentina puede ser muy difícil.

—En mi caso particular, es una historia muy hermosa y muy angelada. Si me hubieras preguntado diez años atrás si quería adoptar un hijo o una hija adolescente, te hubiera dicho que no. Y cuando apareció la historia de Lucio, hubo una vibra en mí que dije: “Sí, está buenísimo”. Cuando Lucio llegó a mi vida, yo estaba mucho más para acompañar el proceso de una adolescente que para cambiar pañales, porque a los 47 no estás con el ritmo para tener un hijo y cambiar pañales. Entonces, hay algo medio lógico en nuestra vinculación también desde la edad. Cronológicamente, yo podría ser el padre biológico de Lucio, haberlo tenido a los 30 años, y me parece que eso colaboró de una manera muy orgánica y muy empática a que nuestro vínculo sea fluido.

—En tus obras a menudo les das posibilidades a artistas de otras generaciones, que a veces sienten que quedan en el olvido.

—Bueno, hay algo de eso, de la recuperación de determinados actores, actrices, que están en mi inconsciente colectivo. Cuando era chico miraba mucha televisión, que era de ficción. Entonces, cuando armo un elenco puedo mezclar al nuevo participante de Masterchef, alguien que está dentro de Gran Hermano o que sale de un streaming, con actores que quizás cualquier otro director no los recordaría. Me gusta eso.

José María Muscari y su adorada Ernestina Pais.

—¿Sos consciente de todo lo que lograste y lo que hiciste en el ambiente artístico y en tu carrera? 

—Este es un año en el que me estoy proponiendo, entre comillas, bastante reflexión. Creo que es porque cumplo 50 años, 70 obras estrenadas y 30 como director, y naturalmente esos números redondos me llevan a hacer un análisis de mí mismo y me resulta un poco agobiante pensar en todo lo que hice. Empiezo a sentir que soy medio Tutankamón, entonces prefiero enfocarme en lo que estoy, en lo que está por venir y no tengo una recolección tan prolija de cada una de las obras. Es muy fuerte recordar 70 obras, es mucho… Imagínate multiplicar eso por los actores, la cantidad de gente que dirigí. Es mucha experiencia acumulada.

—Entre tanto trabajo, y ahora la paternidad, ¿cuál es tu cable a tierra? 

—Mi casa. Me gusta mucho estar en mi casa, sin actividades, haciendo nada. Escuchando música, leyendo un libro, mirando una serie, películas, invitando a mi familia el domingo a almorzar, a un amigo o una amiga a cenar. Haciendo la actividad con Lucio, que decimos: “Vamos a tomar la merienda”, y nos vamos a un bar en el barrio. Hay algo de eso que a mí me funciona muy bien, ese yin y yang de mucha actividad, mucho compromiso, mucha agenda, mucha responsabilidad. Muy líder, ¿no? Soy líder, y también puedo aflojar y decir: “Bueno, estoy tranqui en mi casa”. 

—Decías recién que disfrutás de la familia. ¿Qué es tu mamá para vos? 

—Ah, un personaje bárbaro. La amo. De hecho, ahora termino la nota con vos y la voy a visitar. Soy un hijo único muy buscado, muy mimado, y tengo un vínculo diario con ella de mucha contención y cercanía. Tengo una mamá grande, tiene 80 años, pero es súper independiente, vive sola, así que estamos todo el tiempo comunicados. Siento que mi mamá es como mi fan en un punto, y a la vez estoy muy agradecido a mi mamá y a mi papá, que ya no está, porque tuvieron la inteligencia de confiar en mí cuando yo a los 10 años quise estudiar teatro, y me llevaron y no me juzgaron, y me potenciaron. Y cuando terminé el secundario, seguramente en alguna parte de su corazón ellos querrían que yo fuera médico, abogado, arquitecto, y yo quería estudiar actuación. 

Muscari y su mamá.

—Qué importante que te acompañen tus padres.

—Por eso me parece fundamental para mí esa parte vincular con Lucio. Cuando descubrí que los aviones lo encendían, le empecé a hablar del tema, lo llevé a unas charlas, me di cuenta de que era por ahí, y ahora lo estamos reapoyando y lo suyo es el mundo de la aviación, a full. 

—Hablamos del Muscari hijo, del Muscari padre, pero falta algo: ¿estás en pareja? 

—No. Me encantaría, pero no. No soy tan fácil de enamorar. Un poco por lo que te estoy contando, que tengo una vida muy linda, y tenés que venir a ser más, a sumar, no a restar ni a complicar. 

—¿Colágeno o alguien de tu edad? 

—No, no, de mi edad. Colágeno me deprime. De hecho, me gustan las personas de mi edad o incluso más grandes. Casi todas mis parejas tuvieron mi edad. Tengo 50, puedo salir con alguien de 35, no es que digo: “¡Ay, no!”, pero me doy cuenta de que no me engancho espiritualmente, que estoy en otro momento de la vida, y entonces me identifica más un par. 

—En Estados Unidos eligieron como el hombre más sexy del mundo al actor Noah Wyle, de 55 años. ¿En Argentina a quien nombrarías así?

—Para mí el hombre más sexy de la Argentina de todas las épocas fue y será Ova Sabatini. Es un postre, es divino. Todos queremos ser Catherine (Fulop). Me encanta. Me caen rebien ellos juntos, en pareja: me parecen muy sexy, muy bien… como muy bien parados.

—¿Sufriste mucho por amor?

—No, soy de Escorpio, y Escorpio tramita rápido las emociones. Creo que he hecho sufrir a otros por amor, sin proponérmelo. Escorpio es un signo que está todo bien, pero si no está todo bien: “Chau, andate de acá. ¿Qué me venís a complicar? Dejame con mi vida, que está bárbara”. 

—Pero cuando se entrega, se entrega.

—Sí. De hecho, en todos los momentos en que estuve en pareja, estuvo buenísimo. Me enamoré, creo que se enamoraron de mí, y la pasé rebien. Pero ahora ya hace un tiempo largo que no… Yo soy muy sexual, esté en pareja o no. Cuando estoy en pareja, con mi pareja porque soy monogámico. Pero cuando no estoy en pareja, sí…

—¿Perdonarías una infidelidad?

—No sé… Tengo 50 y ahora lo pienso de otra manera. Antes me parecía muy heavy, ahora no tanto. Pero a la vez tampoco me imagino en una pareja abierta. Y también me pasa que en todas las relaciones o los vínculos que tuve casi llegando al final siempre en algún momento un cuerno he metido. Pero yo soy muy prolijito, muy de meter el cuerno y terminar la relación. A la vez porque me di cuenta que ese vínculo no va. Pero no sé cómo podría ser para sostener una relación con alguien y tener algo en paralelo.

—¿Y futbolistas? Seguiste el Mundial, la Selección: ¿viste alguno que dijiste “este me hotea, me gusta”?

—Está bueno Paredes, pero no me hotean los futbolistas a mí. Quizás porque los veo muy pendejos. Estoy más para un Batistuta.

—¿Quién llevaría más gente a Sex: Wanda Nara o la China? 

—Wanda despierta furor. Y aparte, es una mina muy sexual, que juega mucho con eso. La China me parece un poco más fría, más distante. Igual la China sería un personajón en Sex. Pero si tengo que elegir entre las dos, ¿quién creo que llevaría más gente? Wanda.

—Elina Costantini es un personaje que está dando que hablar. ¿Le harías algo, por ejemplo, de Frida Kahlo? ¿La llevarías para algún espectáculo tuyo?

—No la veo como actriz. Ai bien yo soy bastante aventurero, y a veces me doy el lujo de poner en Sex… no sé, alguien de un streaming o un locutor, como en su momento estuvo el Tucu López, que no era actor, no la veo a ella en algo actoral. Al contrario: creo que es una mina que con todo su run run mediático está atravesando un momento muy serio. Nada que ver al juego del escenario, sino todo lo contrario. La veo como que juega poco, como que en realidad está muy muy seria en su rol y en eso que quiere conseguir.

—¿Te convocaron para hacer política? 

—Sí, varias veces, pero no me interesa. Descreo de la política. No me imagino aliándome a ningún partido porque no hay ningún partido que me represente. Soy un ciudadano responsable y cada vez que hay que votar, me tomo el tiempo de elegir a ver cuál es el que más confío. Pero nunca voto por convicción. Siempre es por descarte. 

—¿Te gusta la gestión de Milei, lo que hace, cómo se expresa, cómo dice las cosas? 

—No. No me gusta ni esta gestión ni la anterior. En ese sentido, me siento muy lejano a identificarme tanto con Milei como con Cristina. Son dos personajes que han acertado en un montón de cosas y desacertado en otro montón de cosas. Y esos desaciertos, en mi caso, no me permiten tener empatía para identificarme con ninguna de esas figuras políticas.

—¿Flor de la V o Lizy Tagliani? 

—Bueno, Flor, la protagonista. Con Lizy nunca trabajé, casi no la conozco. Me parece muy buena onda, me gusta su vida. Pero ahora la recontra elijo a Flor, además porque Flor también era como Lizy: no habíamos trabajado nunca. Y yo tenía un imaginario sobre ella que no se parece en nada al trabajo con ella. Estoy disfrutando un montón de que esté en Sex, de lo responsable, lo entregada, lo profesional que es, cómo le importa el escenario, que las cosas salgan bien, su nivel de profesionalidad, que ya es conocido. Y además creo que Sex permite que el público, y en este caso yo también como espectador, nos reencontremos con una Flor que hacía mucho que el público no veía, que tiene que ver con el costado de la capocómica, del humor, de algo muy descontracturado que creo que lo hace muy bien. 

—¿Podría ser Marta Fort una chica Muscari?

—Me encanta Marta Fort, me encanta. Me cae muy bien. Está muy bien parada, es muy sincera y a la vez, no intenta hacer nada que no es. También sabe de dónde viene, cuál es su mundo. Entonces tampoco tiene una falsa modestia. Me encanta, me parece una capa.

—Poniendo títulos, la tenés clara. ¿Cómo sería la obra de Muscari sobre lo que pasó con Tini y sus padres? 

—Conveniencias. Y aparte es comercial el título, me gusta: Conveniencias. 

—Ahora con tu ojo clínico, vamos a analizar looks. ¿Leo Messi?

—Lo de él no es la facha, pero es una persona muy bien tuneada. Es su mejor versión. No es un convencional fachero: todos lo amamos y lo admiramos independientemente de cómo sea su aspecto. Lo siento siempre rebien vestidito, súper prolija su barba, reelegido lo que se pone, el pelo perfecto. Me encanta, es prolijito. 

—¿Franco Colapinto?

—Es muy fachero. Lo veo muy colágeno, es muy niño. Los veo como cuando mi hijo está fachero y se va a bailar con la novia: “Qué fachero que está, chau, andá”. 

—¿Hernán Drago?

—Me parece un facha atemporal, de todas las épocas. Trabajé bastante con él, y lo que está buenísimo es que su facha perdura cuando se apaga la cámara. Sigue siendo un fachero, no es una pose. Naturalmente siempre está como lookeado, como bien, la ropa le calza. ¿Viste esas personas que lo hacen con charme?

—¿Marcelo Tinelli?

—No lo veo como un tipo fachero, pero como un gran sex symbol de su edad. Independientemente de su poder, entre comillas. Es un tipo muy impactante, alto, que toma muy buenas decisiones. Sus tatuajes, la ropa negra, siempre está como bronceadito. Me gusta mucho más su versión sobria, no cuando tiene el pelo teñido de un color.

—¿Jorge Rial?

—Se viste muy bien. Me encantaba la marca de ropa que tuvo en un momento. Estaba buenísima. Si analizás a Rial, evolucionó un montón. Es muy parecido al caso de Canosa. Los dos, cuando empezaron en la tele, no eran esta imagen que lograron de sí mismos, que es súper lograda. Rial está en su mejor momento, a punto de caramelo. Siento que a las minas les encanta. 

—¿Nico Occhiato? 

—Está bárbaro. Aparte ahora está bronceado, musculoso, todo trabado. Tiene su gran colágeno, que es Flor Jazmín Peña, y se hacen muy bien mutuamente. 

—Por último, Mario Pergolini. 

—Me encanta su inteligencia. Nunca me atraen las personas tan flacas, y él es muy flaco, alto, pero siento que es un fachero: esos ojos, la voz que tiene, su inteligencia. ¡Huy, qué bien que estaría Pergolini en Sex! ¡Ojo! Me encantaría. ¿Vos, irías? 

—¿A qué le tenés miedo?

—Al paso del tiempo, al deterioro del cuerpo o de la edad. No del cuerpo desde lo visual, sino desde la edad. Es algo a lo que tengo miedo y respeto. Al tener una mamá grande, veo a diario cuánto más le duele la rodilla, la complicación del cuerpo y la edad, y me da miedo llegar a eso. Y a la vez me dan miedo las personas que amo y que están a mi alrededor, que sufran en relación al dolor físico. Pero si tuviera que hablarte de algún miedo, te hablaría de eso: de la decrepitud o de este momento de la vida en donde la pulseada la gana el dolor, ¿viste?

Muscari cierra la entrevista invitando a todos a que vean sus obras: “Vengan a ver las obras de teatro. Sex, que está en el Gorriti Art Center, de jueves a domingo. Las entradas están a la venta en Alternativa Teatral. Lucio y yo, la obra sobre el vínculo con mi hijo, en el Centro Cultural de la Cooperación, viernes y sábados. Las entradas también en venta en Alternativa Teatral. Y Las Ocho Mujeres, con actrices increíbles que la rompen en el Multiteatro de miércoles a domingo, entradas en venta por Plateanet”.

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