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Norma Morandini y el duelo postergado: “Le han sustraído a la sociedad la posibilidad de que nos abrace”

Norma Morandini y el duelo postergado: “Le han sustraído a la sociedad la posibilidad de que nos abrace”
Norma Morandini y el duelo postergado: “Le han sustraído a la sociedad la posibilidad de que nos abrace”

Norma Morandini ha convivido durante décadas con el peso de la ausencia de sus hermanos, Néstor y Cristina, secuestrados el 18 de septiembre de 1977. En un ejercicio de memoria personal y política, la periodista describe cómo el pudor y la necesidad de proteger su propia intimidad marcaron durante años su forma de abordar el dolor. “Recién hace pocos años he podido hablar sin llorar. No me gusta la victimización; lo que pasó en mi familia pasó en el país, nos tocó a nosotros, pero nunca me he preguntado por qué nosotros”, confiesa Morandini al analizar el impacto de la tragedia familiar.

La escritora recuerda que, durante su labor profesional cubriendo el Juicio a las Juntas, se mantuvo en un estado de disociación constante. “El país miraba hacia adelante, quería olvidar el pasado y yo vine a instalarme en el pasado”, señala al describir la soledad de aquellos días en los tribunales, donde buscaba entre los sobrevivientes alguna señal sobre el destino de sus hermanos. La confirmación del horror llegó recién en 2012, tras leer en el diario El País que Néstor y Cristina habían pasado por la ESMA y fueron arrojados al mar en los vuelos de la muerte. Esa noticia, lejos de cerrar una etapa, removió viejas heridas y le permitió reconocer que “es mucho más fácil enojarte con otros que asumir el dolor que tenés”.

Para Morandini, la politización de los derechos humanos en años recientes ha sido un obstáculo para la sanación colectiva. Al recordar cómo su madre, fundadora de la organización Familiares en Córdoba, se alejó de los organismos cuando estos comenzaron a adoptar discursos partidarios, subraya la importancia del silencio como espacio de respeto. “Todos íbamos en silencio a la plaza, nadie preguntaba si eras peronista, radical o comunista; en ese silencio había una callada simbología de la confianza en la democracia”, reflexiona. En su visión, la tragedia de los desaparecidos debe trascender las grietas ideológicas para convertirse en un compromiso compartido con la Constitución y el sistema democrático.

Hoy, Morandini encuentra refugio en la escritura y en la convicción de que el sentido de su propia historia reside en asegurar que las nuevas generaciones no tengan que atravesar lo mismo. “Busco consuelo en dar sentido al sacrificio; para mí, eso es que los chicos, las nuevas generaciones, honren la democracia”, asegura con firmeza. A casi 50 años de la desaparición, su reclamo es que la sociedad finalmente comprenda la magnitud humana de lo vivido. “Le han sustraído a la sociedad la posibilidad de que nos abrace y que entendamos que es la mayor tragedia que ha vivido nuestro país”, concluye.