Sucedió apenas unas seis horas atrás en las playas de Doha. Recién llegado a Qatar, Jany Vergara, neuquino de Valentina Sur, caminaba por la playa en el atardecer que se hacía noche junto a su amigo Leandro, a quien había conocido en Rusia 2018 y que como había llegado antes que el viajero patagónico a este extraño Mundial en tierras árabes, lo había recibido para darle una mano al instalarse tan lejos de casa sin hablar inglés. Entonces sucedió lo increíble: mientras avanzaban cerca de un muelle vieron las luces de unas carpas lujosas y un perímetro con vallas y personal de seguridad. Si todo es lujo por allá, eso era lujo y medio.

-¡Maradona! -escucharon primero.

-¡Messi! -escucharon después.

-Vinieron unos árabes con túnicas, abrieron las puertas de seguridad y nos dijeron que el jeque nos invitaba a tomar té y jugos y charlar porque le gustaba mucho Maradona, Messi, la Selección Argentina y las canciones de los hinchas. Dos chicos de Buenos Aires que estaban ahí se sumaron y nos traducían -relata Jany, que se dedica a la venta de automóviles en Valentina Sur y es parte de un grupo que apoya a jóvenes deportistas y a chicos que caen en problemas de adicciones. A ellos les manda una video cada hora para compartir lo que vive en el Mundial.


«Venga a invertir a Vaca Muerta»


Jany, Leandro (presidente de la Confederación Canábica Argentina) y los dos hinchas de Buenos Aires se sentaron en unos sillones. Mientras les servían jugos y té y trataban de caer en la situación, no podían. Veían que residentes e hinchas de otros países se agolpaban detrás de las vallas de seguridad y miraban hacia ese bunker playero donde varios hombres con sus túnicas blancas y turbantes departían sentados alrededor del jeque junto a esos cuatro argentinos.

Jany, entrador y desenvuelto, se las arregló para arrancar el diálogo con apenas unas palabras de inglés, mientras sus amigos le traducían a él y los asistentes al jeque. Preguntó si podía hacer un Facebook live porque eso no era cosa de todos los días y le respondieron que sí. «Pero Google no», aclaró uno de ellos.

De primera nomás dijo que era de Valentina Sur, que era como Qatar pero más chico. A los árabes que tenía más cerca les pidió que lo repitieran el nombre del lugar donde vive y puede decirse que lo intentaron. Después abrió el juego geográfico y dijo que era de Neuquén. Sus interlocutores asintieron. Y para rematarlo, dijo que venía de la tierra de Vaca Muerta.

Entonces miró al jeque y fue directo al punto.

-¡Tiene que invertir ahí! -exclamó.

-Tiene que invertir en Vaca Muerta. ¡Petróleo! -agregó con la seguridad de que era una buena propuesta.


El caballo neuquino que correrá en un hipódromo árabe


Al cierre de la charla posó con el jeque con la bandera de Valentina Sur mientras ensayaban con esa pequeña pero ruidosa banda algunas de los cantitos de cancha que levantan admiración entre los árabesPero antes buscó una palabra que conocía y que sabía que también tendría impacto.

-¡Horses! -dijo.

Y contó en español y los porteños tradujeron al inglés que un amigo suyo tiene un caballo que correrá pronto en uno de los principales hipódromos del mundo árabe.

Después le compartieron la ubicación para un evento al que lo que invitaban. Pero eso sería más tarde. El primer, inolvidable encuentro, había terminado.

-Fue increíble, hermano, increíble, como dos horas estuvimos, ya les pasé el video a los chicos de Valentina Sur. ¿Sabés qué alegría? Uno de los pibes entró en las inferiores de Los Andes -le dijo más tarde al Voy, mientras se perdía en la noche de Doha.

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