Día de la lealtad: cuál es la lista de condiciones del kirchnerismo para apoyar el plan de Massa - Periodismo claro, conciso y variado

A esta altura, ya es una tradición: llega el 17 de octubre, principal efeméride de la mitología peronista, y encuentra al peronismo dividido y festejando la fecha por separado. Este año, la fisura aparece otra vez indisimulable, al punto que uno de los peronismos protagonizará un acto con consignas explícitamente críticas y opositoras a la gestión de Alberto Fernández y al programa económico de Sergio Massa.

Si ya el clima interno venía enrarecido en la coalición gubernamental, el recambio ministerial del fin de semana pasado terminó por profundizar el malestar. El hecho de que el Presidente haya decidido los cambios de manera inconsulta -y, sobre todo, el nombramiento de Raquel «Kelly» Olmos como nueva ministra de Trabajo- echó por tierra con toda posibilidad de un 17 de octubre en unidad.

¿Cómo reaccionó la CGT ante los cambios en el Gabinete?

El recibimiento a Kelly Olmos fue gélido por parte del kirchnerismo y del ala sindical más combativa, en claro contraste con la actitud positiva de la CGT de «los gordos», cuya cúpula estuvo sentada en primera fila en el acto de asunción de las nuevas funcionarias.

En pleno debate sobre cómo recuperar el poder adquisitivo de los salarios con una inflación que apunta a tres dígitos, el más duro fue el líder camionero Pablo Moyano, quien recordó el pasado menemista de la nueva ministra de Trabajo e insinuó un agravamiento de la conflictividad laboral a corto plazo.

Al mismo tiempo, Moyano confirmó su participación en la marcha hacia la Plaza de Mayo, para celebrar el 17 de octubre con los sectores más críticos del sindicalismo, como la CTA de Hugo Yasky y el sector conducido por el bancario Sergio Palazzo. Esa adhesión garantiza una concurrencia masiva, por el poder movilizador del sindicato camionero.

Y, en simultáneo, se conoció la adhesión del PJ bonaerense -tras una asamblea presidida por Máximo Kirchner– y de La Cámpora.

El líder camionero Pablo Moyano es el principal dirigente sindical en el acto «opositor» al Gobierno.

«No es casualidad que estemos siempre los mismos en estas movilizaciones», dijo Moyano, en una confirmación sobre la polarización interna del Frente de Todos y, también, sobre el tono netamente opositor que tendrá el acto de Plaza de Mayo. Adelantó que denunciará a «los empresarios que remarcan».

Y la frase se puede leer como un guiño a las advertencias que viene haciendo Cristina Kirchner sobre la necesidad de tomar medidas contra los elevados márgenes de rentabilidad de las empresas a las que culpa de crear una «inflación de oferta».

El kirchnerismo pasa su lista de condiciones

El acto del peronismo «opositor» funcionará, en definitiva, como la publicación de una lista de condiciones para mantener el apoyo formal a Alberto Fernández -incluyendo los votos en el Congreso para leyes como el presupuesto 2023-.

Y las proclamas se producirán en un momento de alta sensibilidad, cuando Sergio Massa acaba de reunirse otra vez con Kristalina Georgieva, la directora del Fondo Monetario Internacional, quien elogió el plan de ajuste del ministro y advirtió sobre la imposibilidad de aumentar el gasto público.

Lo más probable es que, siguiendo la línea discursiva que ha mantenido el kirchnerismo y el sindicalismo duro, haya críticas al acuerdo con el FMI, al cual se considera como un factor de aceleración de la inflación y no como una forma de frenar los aumentos de precios.

Aun así, puede haber algunos puntos de coincidencia entre ambas facciones: las versiones sobre un plan de shock que implique un congelamiento de precios -incluyendo al dólar y las tarifas– no genera oposición. Más bien al contrario, puede ser recibido en el kirchnerismo como la respuesta a ese reclamo de «mano dura» contra las empresas que muestran balances con elevados márgenes de ganancias.

Sergio Massa recibió elogios por parte de Kristalina Georgieva, pero en el mercado dudan que haya apoyo del organismo.

De hecho, Cristina Kirchner recibió una encuesta de la consultora Analogías, que refleja un amplio apoyo de la población -un 56,4%- hacia una medida de congelamiento de precios.

En los últimos días el tema ha sido debatido en extenso en los medios afines al kirchnerismo, donde el reclamo es que, para garantizar el éxito del plan, no se debe ser blando en el control de los aumentos. Esto implica la aplicación de la Ley de Abastecimiento y sanciones para los fabricantes de alimentos o cadenas supermercadistas que puedan incurrir en conductas como las que se han detectado para eludir el tope de los «Precios Cuidados».

¿El kirchnerismo advierte a Massa por paritarias?

En todo caso, lo que el kirchnerismo está comunicando es que quiere aprovechar el eventual plan de shock como una oportunidad para generar una nueva «épica» y evitar que sea leído como una profundización del ajuste.

Y eso implica una advertencia a Massa en el sentido de qué medidas debería incluir ese plan. En particular, el mensaje es que un eventual congelamiento no debe incluir a los salarios, un punto cuya resolución todavía no está clara. La versión que se ha filtrado es que Massa analiza suspender las paritarias y se inclinaría por los aumentos por decreto.

Es un tema en el que el ministro debe poner a prueba su cintura política. Por un lado, tiene entre sus críticos a dirigentes sindicales de los gremios que han negociado en paritarias los mayores aumentos, como Sergio Palazzo, que acaba de firmar un 94% para los bancarios. Y, claro, el propio Moyano, que está presionando para lograr el 131% para los camioneros.

Massa también tiene que negociar con el sindicalismo amigo del Gobierno, el que en el último año se ha resistido férreamente a la aplicación de los aumentos con suma fija por decreto. La cúpula de la CGT dirigida por Héctor Daer cree que, si se llevara a cabo ese reclamo del kirchnerismo, el sindicalismo perdería su influencia y poder político.

La dinámica de los salarios en un eventual plan de estabilización es el tema central de debate en la interna del oficialismo.

Precisamente, en el acto «oficialista» del 17 de octubre, la dirigencia de la CGT lanzará una corriente política, el Movimiento Nacional Sindical Peronista, con la que los dirigentes harán lobby interno para lograr una mejor representación a la hora de confeccionar las listas de candidatos para 2023.

Pulseada por sueldos: Massa convoca a gremios y empresas

La opción que aparece como más probable es que Massa intente un sendero negociado de aumentos de precios y salarios para converger a una inflación más baja que la actual. Para eso, planea convocar a sindicatos y gremiales empresariales, de manera de establecer ese nuevo marco de «desindexación» que ataque la «carrera nominal» de precios y salarios. 

Es una tarea que, a juzgar por la actitud de los sindicatos más combativos, no resultará fácil. Implica, para empezar, que el ministro debe ser persuasivo respecto de que los precios tendrán un freno como consecuencia de las medidas de política económica, algo en lo que buena parte de la propia coalición de Gobierno no cree.

De manera que la desindexación que quiere impulsar Massa debe cumplir un cometido que para el kirchnerismo no será negociable: no puede haber una situación en la que el salario sea usado como el «ancla» inflacionaria. Massa ya dio señales de haber recibido el mensaje, cuando en el coloquio empresarial de IDEA, y aprovechando que el lema del encuentro era «Ceder para crecer», recordó que en el actual contexto las empresas deben estar dispuestas a ceder parte de su rentabilidad.

La ingeniería de ese plan -sobre el que está trabajando el viceministro Gabriel Rubinstein- es compleja, y muchos de los economistas más críticos ya han adelantado su escepticismo. Pero en el peronismo se percibe, a esta altura, que no hay mucho por perder: el consumo se desplomó otro 10% en septiembre -después de un 7% el mes anterior- de acuerdo con el dato de la consultora Focus Market.

El diagnóstico oficialista es que, después del apretón monetario y el recorte fiscal efectuado al inicio de la gestión de Massa, no hay motivos macroeconómicos para una inflación al 7% mensual, sino que esa cifra se explica por la inercia. Es decir, las remarcaciones de precios que se realizan tomando en cuenta la inflación pasada.

Con la mira en la inflación de alimentos, el kirchnerismo presiona para una política de recorte en la rentabilidad empresaria.

Hay, además, un diagnóstico político: la prolongación de la situación actual lleva a una segura derrota electoral, en el contexto de una inflación de tres dígitos. En cambio, un intento estabilizador exitoso podría cambiar el humor social.

Es por este motivo que fue muy comentado el informe de Emmanuel Álvarez Agis, un economista «ministeriable» afín al Gobierno. En un reporte, adjudicó un 50% de probabilidades al programa de shock, que sugestivamente denominó «Plan Ganar».

«Para bajar la inflación es necesario un programa de estabilización que no solo sirva para alinear la política fiscal, la monetaria y la cambiaria con el objetivo de desinflación (cualquiera que sea), sino que además se debe poner freno a la dinámica indexatoria que convierte cualquier accidente nominal en un nuevo piso inflacionario», argumentó Álvarez Agis.

Pero también hizo una advertencia: difícilmente ese plan pueda ser aplicado en acuerdo con el FMI, porque las metas exigidas por el organismo van en el sentido opuesto, la inflación se torna un factor necesario para licuar el gasto.

Es una observación que alimenta la especulación respecto de cuál será el grado de respaldo que haya logrado Massa en su último encuentro con Kristalina Georgieva en la sede del Fondo en Washington.

Paritarias e inflación: antecedentes bajo la lupa

Lo cierto es que la interna oficialista empieza a jugarse ahora en un nuevo terreno: el de la lucha contra la inflación. El kirchnerismo y sus aliados quiere transformarlo en una causa épica que ponga como «villanos» a los empresarios.

Massa advirtió a empresas que deberán ceder parte de su rentabilidad, en el proceso para bajar la inflación.

Massa, por su parte, quiere romper la inercia indexatoria, lo cual implica no solamente anclar otra vez el dólar y las tarifas, sino abandonar la neutralidad en las negociaciones salariales. Y estudia antecedentes como el del plan Austral de 1985, que tuvo un arranque muy exitoso -pasó de una inflación galopante del 25% mensual a una de «apenas» 2% mensual-, lo cual le permitió a Raúl Alfonsín ganar la elección legislativa de ese año.

Luego, la falta de compromiso con la austeridad fiscal llevó al fracaso del plan, que derivó en la hiperinflación de 1989. Pero lo que Massa y todo el Gobierno están observando con lupa es el «timing» político del primer semestre de aplicación del plan. Un congelamiento, acompañado de un plan estabilizador, puede ser lo suficientemente potente como para darle la victoria en las urnas a un gobierno que tenía todas las de perder.

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