¡Alma de diva! Albere no juega, domina como nadie y se presenta en la nueva tapa de Paparazzi: “A veces me come el personaje, soy lo que yo me creé”

No es apenas una influencer. No es solo una chica de 21 años que hace contenido. No es una figura más: es otra cosa. Albere es un fenómeno. Más de 14 millones la siguen en TikTok, 4.6 en Instagram y otro millón, en Twitter. Pero los números no alcanzan para explicarla. Porque cada paso que da no solo se mira: se siente. Entender a Albere no es tan simple como mirar sus redes. Porque detrás del personaje hay una historia que no siempre se ve.

Alma Berezovski —porque de ella se trata— se colocó frente a una cámara a los 15 años y nunca más se bajó. A los 21, ya vivió mucho. Fue mamá de Francisca junto a Doble P, de quien se separó al mes de la llegada de su beba. Trabajó en el último Mundial, y se convirtió en una protagonista fundamental de ese ecosistema donde el chisme, la exposición y la emoción lo son todo.

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Albere, la nueva tapa de Paparazzi: 21 años, mamá, un presente enorme y un futuro sin techo.

En ese mundo, Albere no juega: domina. Porque entiende algo que pocos terminan de comprender: qué quiere la gente, cuándo lo quiere y cómo hay que dárselo. Surge entonces una pregunta que empieza a pesar cada vez más: ¿quién es Albere cuando se apaga la cámara? Porque ahí aparece Alma. Con una historia mucho más silenciosa y profunda. La de una nena que crecería marcada por la muerte de su papá cuando ella tenía apenas un año, y que luego recibiría un diagnóstico de ansiedad social que explotaría justo en el pico de su fama.

Firme, frontal, con una personalidad que no negocia, Albere construyó en tiempo récord algo que a otros les lleva una vida. Se compró su casa, se plantó como figura y dejó claro que no tiene techo. Porque en el fondo, más allá de todo, hay algo que siempre estuvo ahí. Eso que no se aprende, que no se finge. Albere tiene Alma de diva. Una reina sin red.

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Actualmente reúne más de 20 millones de seguidores entre todas sus cuentas en redes sociales.

“Es una locura… Sí, es una locura —le cuenta a Paparazzi—. Empecé de muy chica y toda la gente me vio crecer, en todas las etapas que fui transitando en mi vida: un poco la niñez, la preadolescencia, la adolescencia, hasta que me convertí en una mujer y hoy, soy madre”.

Popularidad: más de un tercio del país está pendiente de sus pasos. La exposición, el personaje que creó y la persona que quedó disipada ante la figura de Albere, la llevan a Alma a tener sus momentos de confusión, cuando las emociones son difíciles de manejar, donde la soledad se abre camino entre tantas personas que la rodean. “Alma y Albere son dos personas bastante distintas. A veces me come el personaje. O sea, el personaje se come a Alma. Pero sí, mucho de lo que muestro no es realmente lo que soy”.

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Alma viene de trabajar en el último Mundial y sueña con llegar a MasterChef.

“Hay cosas más privadas que la gente no conoce, ya sea cosas familiares… Desde un principio, siempre quise transmitirle todo a la gente, pero hay cosas muy fuertes que no, que preferí mantenerlas en lo privado. Y bueno, va a seguir así. No sé si en un futuro mostraré esa parte —dice, entreabre una puerta a su esencia—. Soy una persona bastante sensible… Alma es sensible; en cambio, Albere va de frente: te dice todo. A veces digo cosas que capaz no tendría que decirlas, muy muy impulsiva. Pero bueno, es un personaje. Y es lo que yo me creé“.

El fenómeno de las redes es trascendental. Pero quienes viven de hacer contenido, enfrentan sus puntos en contra: los tiempos, trabajar 24×7, los límites que se pasan y los que uno, en este caso Alma, aún está aprendiendo a poner. “El tema de las redes sociales es algo muy agotador: es como que tu mente nunca para. En mi caso me generó mucha ansiedad. Y me diagnosticaron ansiedad social”.

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Albere no juega: domina. Una verdadera reina sin red.

“Lo trabajo con mucha terapia. Al principio las personas venían y me pedían tres fotos y obviamente, yo, súper contenta, feliz, emocionada. ¡Foto, foto, foto! —recuerda Albere—. Fueron pasando los años y ya era mucha más gente. No sé, ir a un shopping o a comer era bastante loco y no sabía cómo manejarlo, no porque no estuviera feliz, pero me paralizaba. Y no sabía cómo hablar o cómo comunicarme con las personas que me seguían, salvo que no sea atrás de una pantalla o de una cámara, y me ponía nerviosa. O capaz no hablaba, y no porque realmente soy así, sino porque me daba mucha vergüenza”.

“Siempre fui una persona muy vergonzosa y creo que me encontré en poder hacer lo que yo quería en una cámara, y en mostrar este personaje que sería Albere: en hacer boludeces, videos graciosos, cosas que capaz como Alma no me animaba a hacerlas. Pero un día dije: ‘Ya está, es lo que me gusta y soy esto'”.

EL PUNTO DE INFLEXIÓN: LA MATERNIDAD

A finales de marzo nació Francisca, y para Alma, la perspectiva de su vida cambió para siempre. No le resultó sencillo transitar el embarazo, el parto, el postparto y una separación amorosa que la dejó destruida. “La maternidad me cambió en un 100% porque me hizo madurar mucho de golpe. Sé que tengo que estar bien como sea, levantarme de la cama por ella. No puedo acostarme en la cama y deprimirme; no, para nada: tengo que estar por ella. Sé que no soy ejemplo de nada, pero quiero construir buenos ejemplos para mi hija y que no cometa ciertos errores que cometí yo. Y que sea una niña feliz”.

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Albere, la pequeña gigante.

“Fue difícil porque me separé al mes de nacer mi hija. Lo que me pasó fue que hice bastante duelo en la relación y estando embarazada. Cuando me separé sufrí, estuve muy mal, fueron dos semanas bastante triste, llorando todo el tiempo, pero tratando de lo posible no transmitirle eso a mi bebé, porque es lo principal que una piensa siendo madre: que no le afecte nada”.

Alma hace un mea culpa: “Su padre y yo somos bastante, con personalidades fuertes, chocantes”. Y de inmediato se ilusiona: “Pero no sé cómo será ella: se la ve dulce ahora”.

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Albere en Paparazzi, en su primera tapa de revista.

Ser Albere le abrió grandes puertas y la llevó a conocer a grandes figuras. Una de ellas, quien terminaría marcando este camino tan reciente, y con tanto por delante, es su mejor amiga: La Joaqui. De forma muy genuina comenzaron por redes una amistad que las transformó en hermanas. La cantante estuvo para Alma cuando su vida se venía abajo luego de la separación. Y ella la sostuvo en su peor momento, tras la ruptura con Luck Ra, y como Albere, no dudó en enfrentarse públicamente a Tuli Acosta.

“La conocí hace cinco años —cuenta Albere—. Este último tiempo nos estuvimos juntando un montón y no hicimos mucho contenido. Pero porque ahí es donde te das cuenta realmente cuando es una amistad real, genuina, y no algo que solamente es para mostrarlo por redes sociales. Me duele verla mal, y fue todo muy rápido porque ella me vio mal a mí, porque yo me separé, y después yo la vi mal a ella. Siento en mi corazón que tengo que estar muy presente para ella. Siempre va a ser así”.

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Albere anhela con llegar a la televisión; hoy siente que es su momento.

Si algo destaca a Albere, este fenómeno difícil de descifrar, es que no se le escapa un chisme y de todo (y de todos) tiene algún dato o una información para contar. Por caso, con la China Suárez vivió un pésima experiencia. “Hace tres, cuatro años, tuvimos un encontronazo. Contexto de fiesta, quiso sacar a una amiga mía de la Bresh, no me gustó, y hablé con uno de los que trabaja en la Bresh: ‘Mirá, no puede venir X persona por ser X persona a querer sacar a alguien de la Brese solo porque quiere, ¿entendés?’. Después me la volví a cruzar en Miami, como que me pidió disculpas, hablamos sobre ese tema y me dijo como que bueno, que ya estaba”.

Pero no quedó ahí. “Después de todo lo que pasó, todo el quilombo de Wanda, Mauro (Icardi), esto, lo otro, la verdad que yo la banco a Wanda. Y nada, me la crucé (a la China) la vez pasada en Miami y no me saludó. Ni tampoco la saludé. Hay cosas que no me van”.

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Albere, la reina del chisme: su amistad con La Joaqui, su cruce con la China Suárez y por qué banca a Wanda Nara.

En cambio, con la conductora de Telefe está todo bien. “La conocí hace como tres años y la mina es literalmente lo que se muestra. Es buena: está atrás tuyo, no es que se cree mil. Y yo, si fuera ella, no sé… ‘Venga, sí, sírvame todo’. La humildad para mí es lo fundamental en las personas. Me sorprendió que Wanda sea tan humana”. 

Albere, la pequeña gigante que sueña con consolidar una carrera a lo grande, ahora siente que está para algo más, que es momento de dar el salto definitivo. Por eso anhela un llamado de MasterChef, lo cual para ella sería alcanzar una de las metas más importantes de su vida y que también se conecta con su historia.

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No parece haber nada, ni nadie, que detenga a Albere.

“Estoy como loca con MasterChef, ¡me encantaría! Porque tengo una historia muy profunda en eso que quizás si estoy en Masterchef la cuente… Mi papá falleció cuando yo tenía un año, y mi papá del corazón, el que me crio, vi su proceso hasta que se abrió su propia pizzería. Entonces, yo de chiquita lo acompañaba, y aprendí mucho gracias a él: a los 11, 12 años yo ya hacía un guiso. Ya cumplí muchos sueños, pero estar en MasterChef sería un sueño, una locura. Y sé que él estaría muy orgulloso de mí”, dice Albere, emocionada.

A Alma la vinculan con Tomás Mazza, quien a su vez es su entrenador personal. “Hay buena onda. La verdad que a Tomy lo prejuzgue: pensé que era una persona agrandada. Tiene como esa skin, ¿viste? Uno prejuzga, capaz que por eso me prejuzgan a mí: ese es mi karma. Y cuando tuve la oportunidad de conocerlo, de charlar con él, me di cuenta de que nada que ver: es un pibe muy bueno, súper humilde, sentimental. Me ayudó a empezar a entrenar, a comer sano, a guiarme por esos lados que ahora me hacen sentir mejor. Estoy muy agradecida de haberlo conocido”, cuenta Albere. Y no cuenta más…

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Albere vive su momento, su sueño despierta.

Sin embargo, y para la esperanza de aquellos caballeros que sueñan con ganar su corazón, Alma jura y perjura que está soltera. “Soy una persona que le encanta estar de novia, estar en pareja. Y no por mis experiencias anteriores traumáticas me voy a cerrar a conocer a la que quizás sea la persona indicada para mí. Pero no sabés cuándo puede llegar a pasar. Obviamente, quedan ciertos traumas, ciertas cosas que tiene que sanar uno mismo. Eso es verdad”, dice Alma, en profunda reconstrucción.

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La nueva tapa de Paparazzi: Alma Berezovski.

Albere no es solo lo que muestra. Pero tampoco es solo lo que es cuando se apagan las cámaras. Es ambas cosas al mismo tiempo, en tensión permanente, en un juego donde nunca termina de quedar claro quién lleva el control. En ese equilibrio constante entre Alma y Albere, entre la chica que todavía intenta entenderse y el fenómeno que el mundo ya decidió consumir, aparece la verdadera dimensión de su historia. 

Y quizás ahí esté su mayor secreto: en haber convertido su propia vida en un espectáculo imposible de separar de la persona. Una historia que no se mira desde afuera, sino que se consume en tiempo real. Porque Albere no pasó por la fama. La fama, directamente, pasó a vivir en ella.

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Albere, marcando tendencia.

Créditos: 
Diseño de tapa: Darío Alvarellos y Roshi Solano
Retoque: Gustavo Ramírez y Roshi Solano
@roshisolano @dario.alva

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