¿Por qué invertir en plantas de cannabis fue un pésimo negocio para más de 100.000 personas? - Periodismo claro, conciso y variado

La tentación de ganar mucho dinero en forma rápida sigue siendo el canto de la sirena para inversores ilusos que confían en empresas que suelen ofrecer elevados beneficios en el corto plazo, muchas veces por fuera de la lógica de los mercados. En este caso, la estafa piramidal fue desarrollada por Juicy Fields, una empresa que ofrecía invertir en el cultivo legal de cannabis con fines terapéuticos, a través de la compra virtual de plantas de marihuana por un importe mínimo de 50 euros y dividendos a cobrar en solo tres meses.

Para sus creadores, se trataba de un negocio redondo y así se lo vendieron a miles de personas en varios países, no solo de Europa sino también de América latina y sur de Africa.

Pero como suele suceder en estos casos, la empresa cerró sus puertas de manera inesperada, dejando un verdadero tendal de deudas entre sus inversores. A partir de lo cual comenzaron a llover presentaciones de un elevado número de damnificados en varios tribunales europeos para tratar de recuperar su dinero.

En el caso de la justicia española, la primera medida fue el bloqueo de dos cuentas bancarias en Chipre a nombre de los responsables de la empresa, que se encuentran en paradero desconocido.

En igual sentido, se solicitó a las autoridades de Alemania y Lituania que procedan a hacer la misma operación con respecto a depósitos y cajas de seguridad.

Si bien es imposible calcular el número exacto de los damnificados por la denominada «estafa del cannabis» en todo el mundo, se calcula que podría superar las 120.000 personas, en países como España, Portugal, Francia, Colombia, Dinamarca, República Checa, Macedonia del Norte, Costa Rica, Sudáfrica y Lesotho.

Oro verde: el entusiasmo por el cannabis llevó a miles a una estafa piramidal.

Los afectados acusaron a Juicy Fields de los delitos de estafa agravada, apropiación indebida, organización criminal, intrusismo y publicidad engañosa. Las demandas van dirigidas a tres empresas ubicadas en Suiza, Alemania y Holanda.

Estas compañías formaban el entramado empresarial de Juicy Fields, pero en las últimas semanas se han estado acusando mutuamente por la desaparición de las decenas de millones que habían invertido los clientes.

Cannabis: la corta trayectoria de la empresa

Juicy Fields nació en 2017 y tenía sede en Suiza, Alemania y Países Bajos. A través de su página web -que sigue abierta pero sin actividad- ofrecía a los usuarios una rentabilidad de entre el 33% y el 66%, que podrían alcanzar hasta los 180.000 euros, en tan solo 180 días. Obviamente, el destino de los fondos era financiar las plantas para el uso medicinal.

La promesa de enriquecerse rápidamente atrajo a miles de personas a la compañía, que en algún momento aseguró que tenía 300.000 usuarios registrados, aunque no todos han invertido dinero.

El modo de inversión era sencillo y completamente digital: transferencias bancarias, pago con criptomonedas o a través de fintechs, «sin necesidad de tocar una planta», según explicaron los afectados en su querella.

Si bien la compañía llevaba pocos años funcionando, había invertido grandes cantidades de dinero para promocionarse dentro del sector cannábico, pagando patrocinios importantes en ferias y eventos cannábicos de todo el mundo para ganar visibilidad.

La industria del cannabis crece a nivel global y los inversores buscan oportunidades.

En una ocasión, ubicaron dos Lamborghini último modelo frente a la feria del cannabis de Barcelona. Uno era blanco, el otro dorado y ambos tenían grabado el mismo lema en inglés: «Fomenta el futuro». Los vehículos formaban parte de la agresiva campaña en redes sociales y eventos cannábicos que llevaba a cabo la compañía por toda Europa.

En cuanto a las redes sociales, el grupo de Telegram en el que estaban los inversores de habla hispana llegó a contar con unas 23.000 personas y el grupo en inglés otras 25.000.

Confianza entre los inversores acerca del cannabis

Asimismo, para ganar credibilidad entre los inversores, la compañía daba la posibilidad de realizar un «green tour» (visita verde) a las plantaciones, si bien estas no se realizaban con frecuencia. A cambio, los responsables compartían fotos y vídeos de los cultivos en redes sociales para demostrar el crecimiento de las plantas.

Para dar mayor credibilidad a sus actividades, Juicy Fields se jactaba de tener acuerdos con empresas autorizadas del sector del cannabis a las que o bien financiaban los cultivos o bien les vendían la marihuana cosechada. Pero de las investigaciones surge que algunos de estos acuerdos resultaron ser falsos.

En 2020, la empresa aseguraba que tenía acuerdos de colaboración con Canopy Growth y Aurora, los dos principales gigantes mundiales de la industria del cannabis. Ambas compañías cotizan en Bolsa y sus voceros desmintieron oportunamente que hayan tenido ningún acuerdo con JuicyFields.

La crisis de Juicy Fields comenzó en julio de este año cuando los usuarios recibieron la alerta de que los empleados se declaraban en huelga durante 48 horas por desavenencias con el Directorio.

La ilusión de la plata fácil dejó mal parados a inversores incautos.

La situación empeoró unos días después, cuando las caras visibles de la compañía anunciaron su salida de la empresa y los canales de información se desactivaron.

Tras el apagón comunicativo, empezaron a llegar noticias de que todos los contratos con grandes firmas del sector eran mentira. El temor de los inversores aumentó, claro, cuando los directivos se esfumaron

Si bien en diferentes oportunidades las autoridades de control de varios países supervisaron su actividad, en principio no observaban mayores irregularidades, pero con el paso del tiempo tanto en España como en Alemania comenzaron a sospechar sobre la legalidad de sus actividades.

Es por ello que las inversiones siguieron funcionando hasta el pasado julio, cuando el sistema quebró y los responsables desaparecieron sin dejar rastro y con todo el dinero.

Investigación en varios países

En la actualidad son varios los países que investigan su operatoria, entre los que se puede mencionar a España, Alemania, Países Bajos y Francia.

El hecho de que sean varios países los que investigan unos mismos hechos, puede generar algunos obstáculos para aclarar el asunto. En tal sentido, fuentes judiciales explican que se podría dar un conflicto de competencia para decidir cuál de todos los Estados debe encargase de la investigación.

Pero también cabe la posibilidad de que los distintos jueces traten de colaborar entre sí, con el intercambio de información cuando sea requerido, a través de Eurojust (agencia de la Unión Europea encargada de la cooperación judicial entre los Estados miembros), tal y como ocurre en gran parte de los casos con lazos internacionales.

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