1° de Mayo: un pequeño homenaje a quienes construyen y nos inspiran
1° de Mayo: un pequeño homenaje a quienes construyen y nos inspiran

Existen muchas fantasías y expectativas en torno al espacio de trabajo de un creativo. Refugio y espacio donde transcurren gran parte del día, visitamos 5 talleres y hablamos con sus dueños.

María Marta Fasoli

En el taller de la artista María Marta Fasoli, las conversaciones con ella misma toman el espacio a modo de un gran tablero de juego pintado en azul y rojo.

Ubicado en un antiguo PH de Palermo Viejo refaccionado por la arquitecta Cecilia Fusco, se accede directo desde la calle. A primera vista, la sensación es la de estar entrando en una casa, pero una vez adentro, las paredes lo delatan.

“Soy dispersa y mi dibujo es muy espontáneo, una especie de verborragia del pensamiento. Uso las paredes cómo un gran borrador en el que conviven aciertos y dudas; lo cuelgo todo y voy probando”

El sector rojo, que toma su inspiración de la sangre.

Para la artista, esas paredes son una hoja en blanco que va adoptando los colores de lo que más le inspira: el cuerpo humano y el mar. El rojo es la sangre y el azul, la calma. “Yo lo veo como una conversación conmigo misma”, dice la dueña del estudio, que además de recibir a clientes in situ, vende su obra a través de la plataforma online Diderot.Art.

El azul, la calma.

Josefina Stagnaro: Artesana del papel

Atraídos por sus alucinantes figuras de papel, visitamos a Josefina Stagnaro en una de las casas más antiguas de San Antonio de Areco. “Me crié en el taller de platería de mi papá; él fue un poco padre-niñero. Como mi mamá era maestra y él trabajaba por su cuenta, si un día salíamos del colegio y no había nadie en casa, íbamos tranquilamente a su taller”, recuerda Josefina Stagnaro. Ese mismo taller que ahora, también es suyo.

Hace cinco años que Josefina le reservó un lugar donde trabaja y vende sus esculturas en papel.

Josefina es hija de Gustavo “El Chavo” Stagnaro, un reconocido orfebre que trabaja en platería criolla en San Antonio de Areco. Ubicada a una cuadra de la plaza principal en dirección al río, la casa en la que hace más de 20 años funciona su taller fue una de las primeras construcciones del pueblo.

“Paso horas buceando, buscando, desde la técnica hasta los materiales para empezar otra serie de figuras en papel”

Un mortero santiagueño da la bienvenida en el zaguán. De fondo asoma una biblioteca hecha a medida (Le Bambole) que exhibe algunos de los exquisitos animales en papel que hace Josefina

Carolina Aubele

Con la luz como guía y fuente de inspiración, la diseñadora, asesora de imagen y experta en colorimetría Carolina Aubele encontró esta casona de 1923 en Belgrano R donde vive y trabaja.

Carolina Aubele sentada en su escritorio delante de la biblioteca diseñada a medida. Botas de gres (Artefactos).

“Apenas puse un pie en el hall, supe que estaba bien comprarla: fue como una intuición”, recuerda Carolina Aubele sobre lo que sintió cuando visitó por primera vez la casona de 1923. “Los pisos de pino tea, los techos con boiserie, las aberturas de cedro, las molduras y los vitraux estaban muy bien conservados”, dice Carolina.

“El escritorio es mi lugar preferido, un espacio de trabajo puertas adentro para crear, diseñar y escribir. Me puedo pasar días enteros acá, inspirada por todas las cosas que me gustan y atesoro”.

A pesar de ser especialista en color, Aubelle eligió un blanco como base.

Fiel a su estilo, a la hora de decorar optó por una fórmula “bien Aubele”: pocos colores que integran su eclecticismo natural, curaduría de muebles vintage y diseño simple para dejarle el protagonismo a la señora casa.

Mesa de corte de cien años que le compró a un sastre hace dos décadas. “Fue como salvar algo”, dice recordando el momento. Planera antigua.

Paz Sánchez: bijouterie artesanal

Desde que era chiquita, Paz Sánchez vivió rodeada de los altares que hacía su madre, la decoradora Patricia Luque, en honor a figuras de diferentes cultos y religiones. Para ella y sus dos hermanas era habitual encender una vela, unas ramas de palo santo y tomarse unos minutos para agradecer, pedir o simplemente respirar.

Paz Sánchez bijouterie

Por eso, según Paz durante los años en los que vivió en México sintió una profunda sintonía con la espiritualidad de ese pueblo tan creyente. Con talento para el trabajo creativo y artesanal, cuando regresó a Buenos Aires comenzó a diseñar accesorios con talismanes y símbolos protectores, como el ojo turco o la mano de Fátima, y bautizó su emprendimiento con un nombre que le calza como un guante: De la Paz.

Sobre las mesas de joyero en madera de lenga hechas a pedido, lámparas (Philips) que combinan luz cálida y fría para proteger la vista.

“Tengo tres hogares : mi casa , el local y el taller. En todos estos lugares me siento a gusto para crear y trabajar en equipo”

Los arquitectos de Estudio Ruda

Los arquitectos Laura Damonte y Gabriel Rueda, de Estudio Ruda, proyectaron su base de operaciones como un personalísimo manifiesto profesional. Espacios flexibles equipados con chatarra recuperada para que las ideas no se oxiden.

Laura Damonte y Gabriel Rueda, de Ruda Estudio.

“Pensamos las oficinas como un espacio de trabajo, pero además nos gusta vivirlo como un espacio social. Tratamos de combinar un entorno de productividad con un diseño de cálida hospitalidad que permite al equipo sacar lo mejor de sí”

Una gran mesa de trabajo en el primer piso funciona como escritorio de la dupla.

Socios y fundadores de este estudio dedicado a hacer emprendimientos, las oficinas se encuentran en el bajo de San Isidro. Para el escritorio eligieron una mesa de lapacho recuperada de una fábrica a la que acompañaron con un sillón de oficina con brazos de madera, una silla Jacobsen con ruedas y una ‘Tolix’, además de la lámpara artesanal de diseño propio.

Un poco oficina, un poco espacio social, el estudio se pensó como un lugar para ser vivido.