Trump presenció la carrera de IndyCar en Washington con motivo del 250 aniversario de la independencia de EEUU
Trump presenció la carrera de IndyCar en Washington con motivo del 250 aniversario de la independencia de EEUU

Miles de personas ocuparon las calles de Washington este domingo para presenciar una escena inédita: Donald Trump recorrió el nuevo circuito urbano en su limusina blindada antes de dar inicio al Gran Premio Freedom 250, una de las principales celebraciones del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos.

La competencia, con monoplazas alcanzando velocidades de hasta 298 kilómetros por hora (185 millas por hora) frente a monumentos y edificios históricos, se convirtió en el epicentro de las festividades nacionales.

Los asistentes vieron cómo Trump, acompañado de la primera dama, Melania Trump, agitó la bandera verde justo frente al Capitolio, y marcó el inicio de la carrera en la que el piloto español Alex Palou buscaba su quinta corona de IndyCar.

El presidente, de 80 años, agradeció la magnitud del evento y alentó tanto a los pilotos como al público: “El circuito es maravilloso. Quiero que todos estén seguros y que la gente se divierta”, destacó en declaraciones a Fox.

El Freedom 250 Grand Prix cerró los festejos por el 250 aniversario de Estados Unidos con una carrera de IndyCar en el centro de Washington y con Donald Trump como figura central (REUTERS/Evan Vucci)

La jornada fue mucho más que velocidad. Antes de que los autos salieran a pista, el tráfico aéreo en el cercano Aeropuerto Nacional Reagan se suspendió y la ciudad vivió vuelos acrobáticos, en una presentación previa que reforzó el clima festivo.

Roger Penske, propietario de la serie, consideró que la carrera urbana representa “el resultado de nuestro equipo intentando llevarlo al siguiente nivel. Es una carrera icónica”.

Un gran espectáculo en el corazón de la capital

El recorrido llevó a los competidores por lugares como el Monumento a Washington, los Archivos Nacionales y museos del Smithsonian, incluida la National Gallery of Art. La presencia de siete ganadores de las 500 Millas de Indianápolis entre los 25 pilotos subrayó el peso simbólico del evento.

El presidente se dirigió a los participantes antes de la largada. “Buena suerte, háganlo bien, diviértanse”, dijo, en una frase que sintetizó el tono distendido de la jornada.

Trump ya había decidido protagonizar otros eventos deportivos durante los festejos patrios, como una cartelera de artes marciales mixtas en la Casa Blanca en junio, con el objetivo de convertir la conmemoración en un espectáculo masivo.

La carrera de IndyCar se disputó sobre un circuito urbano de 2,67 kilómetros y 147 vueltas con paso por la National Mall, la Pennsylvania Avenue y el entorno del Capitolio (REUTERS/Al Drago)

Palou y el reto de la quinta corona

Con la pole position asegurada, Alex Palou afrontó la oportunidad de conquistar su cuarto título consecutivo y quinto absoluto en la máxima categoría del automovilismo estadounidense de velocidad.

“Es increíble”, resumió el español, líder de la clasificación general y con seis victorias en la temporada. El piloto del equipo Chip Ganassi Racing afirmó: “Sin duda superó todas mis expectativas”, al referirse al evento en Washington.

Para sus rivales estadounidenses, la motivación fue doble: el deseo de ganar una prueba única en la capital y el impulso de correr ante una multitud local.

“Estoy emocionado de manejar por estas calles increíbles”, expresó Kirkwood, segundo en la tabla. Josef Newgarden, otro aspirante, destacó el carácter excepcional del evento: “No sé si alguna vez volveremos a correr alrededor de la capital del país, así que el hecho de que lo estemos haciendo es todo un espectáculo”.

Donald Trump recorrió el nuevo circuito urbano en su limusina blindada antes de dar inicio al Gran Premio Freedom 250 (Doug Mills/Pool via REUTERS)

Una inversión millonaria y un escaparate internacional

Organizar el Gran Premio supuso una inversión de USD 35 millones, coste asumido en gran parte por IndyCar y Penske Racing junto con patrocinadores.

La apuesta buscó dar visibilidad mundial a la categoría, tradicionalmente asociada a las 500 Millas de Indianápolis. El neozelandés Scott McLaughlin lo definió así: “Esto es unas 500 Millas de Indianápolis en un circuito urbano”.

El Gran Premio Freedom 250 transformó la capital de Estados Unidos en una fiesta de velocidad y patriotismo, con una postal de historia, deporte y espectáculo en una jornada integrada al calendario del aniversario nacional.

El proyecto avanzó con apoyo directo de Trump

La idea original contemplaba un paso por los terrenos del Capitolio de Estados Unidos, pero esa variante requería aprobación legislativa y quedó bloqueada en el Congreso.

Reuters detalló que la propuesta tropezó con restricciones sobre publicidad en predios del Capitolio, incompatibles con autos cubiertos de patrocinadores y cartelería comercial junto al trazado.

Frente a ese obstáculo, Trump firmó una orden ejecutiva para instruir al Departamento de Transporte a diseñar una ruta que no necesitara aval parlamentario.

El secretario de Transporte, Sean Duffy, defendió la carrera con una frase pronunciada en la Casa Blanca: “Cuando piensas en América 250, también piensas en autos, y cuando piensas en autos, piensas en libertad”.

El respaldo político también aceleró los tiempos de ejecución. CNN indicó que el evento se concretó en menos de un año desde que Bud Denker, presidente de Penske Corporation, presentó la propuesta. El costo superó los USD 35 millones, todos cubiertos por IndyCar.

Seguridad, cierres y malestar entre residentes

El Gran Premio Freedom 250 transformó la capital de Estados Unidos en una fiesta de velocidad y patriotismo, con una postal de historia, deporte y espectáculo en una jornada integrada al calendario del aniversario nacional (REUTERS/Nathan Howard)

La organización del Gran Premio alteró la movilidad del centro de Washington y obligó a desplegar un operativo de gran escala. El aeropuerto Ronald Reagan National interrumpió sus operaciones durante tres horas al mediodía del domingo para permitir sobrevuelos militares sobre el circuito. La pausa fue entre las 10:15 y las 13:15, aunque el horario podía cambiar.

La policía local cerró arterias importantes por razones de seguridad y por el movimiento de peatones. El dispositivo también incluyó presencia del FBI, la Guardia Nacional, la US Park Police y el Naval Criminal Investigative Service. Los asistentes debieron pasar por magnetómetros de gran porte antes de ingresar al predio.

La ciudad pidió al gobierno federal que el evento recibiera la categoría de National Special Security Event, reservada para actos de máximo riesgo institucional, como el discurso del Estado de la Unión o funerales de Estado.

Por su parte, la administración Trump rechazó esa solicitud y mantuvo una calificación Special Event Assessment Rating Level 1, el rango más alto por debajo de esa categoría.

El impacto también alcanzó a instituciones culturales. Algunos museos del Smithsonian quedaron dentro del perímetro de la carrera y exigieron entrada del evento para acceder.

La National Gallery of Art, situada junto a la zona de boxes, realizó un “extensive vibration study” (estudio exhaustivo sobre las vibraciones) y aplicó medidas de resguardo para proteger tanto a los visitantes como a sus colecciones.

Negocio, patrocinadores y apuesta de exhibición

La prueba contó con decenas de patrocinadores corporativos. Reuters citó entre ellos a Boeing, Starlink y Delta Air Lines, esta última como patrocinadora de una carrera de IndyCar por primera vez, según explicó Denker.

También hubo sectores exclusivos junto a la pista con pases de USD 5.000, mientras que la entrada general se mantuvo gratuita.

En las calles, la respuesta osciló entre entusiasmo y fastidio. La cadena CNN recogió testimonios de aficionados llegados desde distintos estados y de residentes que padecieron semanas de obras nocturnas, restricciones y desvíos.

Antes de las tandas del sábado, el equipo de Denker selló con silicona cerca de 50 tapas de alcantarilla para evitar que la succión de los autos las desplazara a alta velocidad, uno de los ajustes técnicos que se aplicaron para que el centro político de Estados Unidos quedara listo para una carrera de IndyCar que prometía ser histórica.