Rubro por rubro. Aumentan los monotributistas en el mercado laboral
Rubro por rubro. Aumentan los monotributistas en el mercado laboral

En los últimos cinco años, el número de asalariados registrados de los sectores público y privado creció en la Argentina un 4,7%, aunque si se miran solo los últimos tres años, la variación revierte el signo y la cifra cae un 2,6%. Mientras tanto, la cantidad de monotributistas se incrementó en un 22%, un índice que se reduce a 9,2% si se observa lo ocurrido entre mediados de 2023 y mediados de este año.

Así, mientras que en 2021 los anotados en el régimen impositivo simplificado representaban el 26% del total de la suma de monotributistas y asalariados, en 2023 ese “índice de monotributización” fue de 26,8%, y en 2026 llega a 29,1%. En junio pasado, los monotributistas eran 4.148.497 (747.020 más que en 2021), incluyendo a quienes, además de estar en este sistema, son asalariados. Esa cifra no considera a las 701.586 personas que están en el monotributo social, el esquema previsto para cuentapropistas en situación de vulnerabilidad.

Las conclusiones surgen de un análisis de datos hecho por Argendata-Fundar, sobre la base de información respecto al monotributo, que LA NACION Data recibió de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) en respuesta a un pedido de acceso a la información pública, y de los registros de empleo asalariado de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).

La tendencia es la misma, según corroboró LA NACION, si se observa en particular a los monotributistas que aportan a la jubilación y a la obra social (no lo hacen quienes, además de la actividad por cuenta propia, tienen un empleo dependiente registrado). En este caso, y según la estadística del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) publicada por la Secretaría de Trabajo, el número de esos cuentapropistas creció un 29,8% entre mayo de 2021 y mayo de 2026 (en este último mes, fueron 2.198.335) y un 11,7% entre 2023 y este año. La cantidad de asalariados del sector privado registrado avanzó solo un 4% en cinco años y cayó un 3,8% desde 2023, y la cifra de empleos públicos (considerando el sistema previsional nacional y otros regímenes) subió 3,3% desde 2021 y disminuyó 1,7% respecto de 2023.

El crecimiento del monotributo por encima de la variación del empleo asalariado registrado es algo que ya ocurría en los años previos. Según datos del SIPA, en enero de 2012 el número de empleados bajo relación de dependencia del sector privado era muy similar al de mayo de 2026, mientras que el de monotributistas con aportes jubilatorios es este año un 67,2% mayor que el de entonces.

   

Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo y curador de Argendata, de la Fundación Fundar, afirma que entre 2004 y 2012 se había dado un proceso de formalización, que se debilitó en los años posteriores, en tanto que el período iniciado en 2015 se caracteriza por la pérdida de peso del empleo asalariado formal en el total de ocupaciones registradas y no registradas, según un análisis de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec.

Una particularidad, especifica el sociólogo, es que ganó fuerza el grupo de asalariados informales que aportan por sí mismos a la jubilación. Concretamente, desde 2017 avanzó del 2,1% al 4,2% la participación, sobre el total de ocupados, de quienes son dependientes en la práctica, pero que, al no haber una relación registrada, facturan y pagan el monotributo.

A eso se suma el propio crecimiento del cuentapropismo formal e informal, que entre 2015 y 2026 pasó del 19% al 24% del total de las ocupaciones laborales. Según Schteingart, eso “es principalmente consecuencia del pobre desempeño económico en la última década y media”. Y “en la era Milei”, agrega, los sectores que traccionan el PBI “tienen poca relevancia en el empleo formal”.

La lupa en los sectores

Con la lupa puesta ahora en los cuentapropistas que se registran, ¿cómo es el crecimiento del monotributo, al margen de la categoría social?

La información suministrada por ARCA a LA NACION permite ver, por ejemplo, que este año hay, respecto de 2021, un 27% menos de monotributistas que manejan un taxi o un remís: la caída fue de 22.596 casos, en línea con una tendencia visible en las calles. La contraparte es el crecimiento de los anotados en el rubro de “servicios de transporte automotor urbano y suburbano no regular de pasajeros de oferta libre”, donde encuadran los choferes de aplicaciones. El avance de este grupo fue de casi 40% desde 2021 y el número de choferes llega a 13.140, frente a 61.303 taxistas y remiseros.

La cantidad de quienes comercializan productos por internet (23.279) se duplicó en cinco años, como también la de quienes ofrecen indumentaria deportiva (9026). Los dedicados a vender prendas de vestir y accesorios (72.065) son un 33% más que en 2021 e integran el grupo más grande entre los minoristas, en tanto que el número de monotributistas con kiosco (48.975) no registró una variación significativa, como tampoco el de almaceneros o dueños de dietéticas (39.475), en el contexto de un crecimiento de 20% del número total de comerciantes, que son 685.065 este año, 114.107 más que en 2021.

Entre los grandes sectores de la actividad, el comercio fue el segundo que más creció en términos de cantidad absoluta de monotributistas desde 2021, detrás de los servicios profesionales, científicos y técnicos (134.221 anotados más), y por delante del rubro de la salud, en el que se sumaron 85.382 personas, con un alza superior al 20%.

En este último segmento, creció con mayor intensidad, un 64%, el grupo de quienes se dedican a tareas de atención ambulatoria. Es algo que puede estar vinculado con los cambios demográficos, dada la mayor necesidad de tareas de cuidados de personas mayores.

Los datos también permiten concluir que este año hay un 64% más de monotributistas que en 2021 dedicados a “servicios de mensajería” (son 85.322), y que el número de quienes elaboran productos alimenticios (31.475) es hoy mayor en un 67% al de cinco años atrás. Además, el listado de contribuyentes creció un 45% en el rubro de los servicios audiovisuales (10.946), mientras que el de quienes dan servicios informáticos (83.902 casos) se amplió en un 63%.

La monotributización, por actividad

Trabajar en servicios inmobiliarios, en tanto, es estar en el segmento con mayor índice de “monotributización”. Ese indicador describe qué porcentaje del total de ocupaciones formales, sumando las asalariadas y las del monotributo, están en este último régimen. El nivel promedio es este año, sin considerar el monotributo social, y como ya se consignó, de 29,1% (con datos a abril, los más recientes disponibles de la SRT). En 2021 era de 26%; en 2022 y 2023, de 26,8%; en 2024, de 27,1%, y en 2025, de 28,3%, según Argendata-Fundar. Si se incluye el monotributo social, en 2021 fue de 28% y este año llega a 32,1%.

El rubro inmobiliario tiene un índice de monotributización de 82,7% (era de 76,8% en 2021). Le siguen en el ranking los servicios profesionales, científicos y técnicos (71,6% este año y 65,6% cinco años atrás); las asociaciones y servicios personales (69,8% y 67,8%, respectivamente), y la salud y servicios sociales (56,7% este año y 54,6% en 2021).

Hay actividades en las que la monotributización es relativamente baja, pero tiende a aumentar. En la industria, es de 10,3% (y de 15,2% si se incluye al segmento social). Cinco años atrás, la participación del monotributo en las ocupaciones fabriles era de 7,6% o de 10%, según se excluya o se incluya la categoría social.

La actividad industrial muestra una gran heterogeneidad: en la confección de prendas de vestir el índice es de 34,4% o de 53,3% (sin o con monotributo social), y en la reparación e instalación de maquinarias es cercano al 60%, mientras que en ramas como la fabricación de equipos eléctricos o productos de caucho y plástico es inferior al 2%.

En el comercio, el peso del monotributo es del 35,4% este año, no muy diferente al de 2021; si se suma el segmento social, llega a 38%. En la construcción, el índice avanzó en cinco años de 26,3% a 29,9% y, con la categoría social incluida, de 30% a 34,7%.

El sector en el que más puntos porcentuales subió este índice es el de información y comunicaciones: este año, la participación de los monotributistas anotados en las categorías generales sobre el empleo total es de 33,2%, en tanto que era de 25,9% en 2021. Es un segmento liderado por los servicios informáticos.

El ranking de monotributistas por grandes rubros tiene en el primer lugar a los servicios profesionales, científicos y técnicos, con 695.261 anotados a junio pasado, 134.221 más que en 2021 (un alza de 23,9%). Le siguen el comercio, con 685.065 casos, 114.107 más que cinco años atrás (20%); las asociaciones y servicios personales, con 572.395 inscriptos, 77.965 más que en 2021 (15,8%), y, en cuarto lugar, salud y servicios sociales, con 502.772 casos, 85.382 más que en el período comparado.(20,5%).

Esos cuatro grupos concentran el 60% de los monotributistas del sistema general. El primero está liderado por profesionales de servicios jurídicos y contables, en tanto que, entre los comerciantes, los minoristas son ocho de cada diez. Entre los servicios personales están los de peluquería, estética y lavado y limpieza de productos textiles. Y en el segmento de salud y servicios sociales hay odontólogos, médicos en general, prestadores de servicios de rehabilitación física y de prácticas de diagnóstico, entre otros monotributistas.

Distribución por género y categoría

A la vez que en el rubro de la salud el incremento del número de monotributistas podría vincularse con la mayor expectativa de vida, también parece relacionarse con la demografía -en este caso, con la caída de la tasa de natalidad- el crecimiento de la participación de las mujeres. Según un análisis de Fundar, el cuentapropismo en general (incluyendo el segmento informal) era en un 66% masculino una década atrás, mientras que en 2025 las mujeres llegaron a representar el 42%.

Sin considerar la categoría social, la cantidad de monotributistas mujeres creció entre 2021 y 2026 un 26,5%, mientras que la de monotributistas varones avanzó menos, un 18,1%. Hoy ellas son el 47,5% en el esquema regular y el 62,3% en el social.

En la categoría más baja, la A, la mitad de los anotados son varones y la mitad, mujeres (en las demás, la participación masculina es más alta). Ese escalón, el más bajo de la escala, concentra este año el 53,5% de los monotributistas, sin contemplar el segmento social, y el 46% si se lo incluye.

Sin contar a los monotributistas sociales, en junio de 2021, la participación en la categoría A era del 41% y en 2025 llegó al 60%, según los datos obtenidos por LA NACION Data.

¿Qué pasó para que se diera aquel salto? Hubo dos causas posibles: el pase de monotributistas sociales al régimen de categorías generales, por efecto de medidas tomadas por el Gobierno, y la significativa ampliación del ingreso tope para estar en cada escalón de la tabla.

La reforma legal de dos años atrás, de hecho, subió los importes máximos de facturación un 75% en términos reales (con corrección por inflación). Ese cambio tuvo vigencia para junio de 2024, pero en la información suministrada por ARCA el impacto no se refleja en los datos estadísticos de mitad de ese año, sino en los de 2025, porque hubo una aplicación retroactiva de la normativa.

Luego de la suba extraordinaria que tuvieron dos años atrás, los topes de ingresos se actualizan, con frecuencia semestral, según la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que informa el Indec. El ingreso anual máximo admitido para estar en el monotributo es hoy de $126.610.838,75.

En la opinión del economista Marcelo Garriga, investigador del Centro de Estudios de Finanzas Públicas (Cefip) de la Universidad Nacional de La Plata, el aumento de los montos de la facturación admitida agravó un problema que tiene el monotributo, al haberse convertido en un esquema impositivo que no actúa como “un puente a la formalidad” -ese fue el objetivo declamado cuando se creó, a fines de los años 90-, sino que constituye un espacio fiscal del que nadie quiere irse. Eso, señala, tiene efectos negativos en las cuentas públicas y en “la sostenibilidad actuarial de los sistemas previsionales y de salud, de hecho, ya muy baja”.

   

Monotributistas sociales

El monotributo social es el esquema destinado a personas en situación de vulnerabilidad social, y su característica es que ofrece cobertura de salud y jubilación a un muy bajo costo, con un amplio subsidio del Estado. Entre otros requisitos, se deben cumplir los de tener ingresos laborales solo de la actividad económica declarada y emitir como mínimo seis facturas por semestre. Esta última condición, que informan ARCA y la Anses, es clave para entender qué pasó en el actual gobierno.

A mediados de 2024, había 1.193.809 monotributistas sociales. Un año después, el número había caído un 35,3%, a 772.399, y en junio de 2026 los anotados eran 701.586, un 41,2% menos que en 2024. En dos años salieron de este sistema 492.223 personas.

El crecimiento se había dado de manera acelerada en los períodos previos: en junio de 2022 y en ese mes de 2023 hubo subas interanuales de 22,2% y de 18,1%. El ritmo aminoró en 2024 y, finalmente, ocurrió la disminución de casos. La cantidad actual es similar a la de junio de 2021.

¿Cómo se explica la disminución de los casos? En 2024 hubo un reempadronamiento de los monotributistas de este grupo. Y se dispuso que quienes no habían facturado en un período de seis meses debían salir del sistema y, opcionalmente, anotarse en el monotributo general. “La decisión se tomó porque se había detectado que un porcentaje muy bajo de los inscriptos usaba efectivamente el monotributo social para facturar, y la naturaleza del monotributo, incluido el social, es justamente permitir la formalización de una actividad económica y la emisión de facturas”, dijeron a LA NACION fuentes del Gobierno.

En este segmento, el tope de facturación es el mismo que el de la categoría A. Y se paga solo el 50% del aporte a la obra social vigente para ese escalón más bajo de la tabla. Actualmente, es un monto de $12.847 por beneficiario de la cobertura de salud. Hay exención del componente impositivo y del aporte a la jubilación, si bien se prevé el registro de períodos como aportados.

El desafío para las jubilaciones

En cuanto a los aportes previsionales de quienes están en el esquema general, los montos van hoy de $18.246,86 a $158.049,02, según la categoría.

En marzo pasado, según datos publicados por la Subsecretaría de Seguridad Social, el aporte promedio fue de $19.215. Así, se necesitaron casi 23 contribuyentes para llegar a $439.601, el monto equivalente, en ese mes, al haber mínimo de la Anses más el bono de $70.000. En ese período se requirieron los aportes y contribuciones de 2,2 asalariados para cubrir un haber de $935.000, que es el que podría esperar alguien con un sueldo promedio en la última década de $1,7 millones y 30 años de trabajo formal.

Las cifras sirven para ilustrar algo que se afirma respecto del sistema jubilatorio. “El régimen del monotributo está fuertemente subsidiado desde el punto de vista de la seguridad social”, afirma el economista Sergio Rottenschweiler, especializado en previsión social y docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

Y propone: “Una reforma integral requiere corregir asimetrías y eso implica reducir la brecha entre el esfuerzo contributivo y el beneficio esperado, subiendo contribuciones y endureciendo la fiscalización para desincentivar el ‘enanismo fiscal’. Se podría contemplar la eliminación del aporte jubilatorio para las categorías más bajas, asumiendo su cobertura con prestaciones no contributivas, financiadas con rentas generales”.

Lo cierto es que, en una economía con alta y persistente informalidad, que supone elevados costos sociales y fiscales presentes y futuros con especial foco en el sistema jubilatorio -también interpelado por la cuestión demográfica-, la monotributización sigue avanzando. Y el debate de fondo sobre el sistema, que no puede ignorar el contexto de las normas impositivas y laborales en el cual se mueve, sigue siendo una tarea pendiente.

Con la colaboración de Victoria Dallas