PUERTO IGUAZÚ.— La Argentina está sufriendo una reconfiguración del modelo económico que está moviendo los cimientos de las compañías. Mientras hay sectores que empiezan a despegar y que prometen ser los grandes generadores de dólares e inversiones —como la minería, el agro y la energía—, hay otras industrias que todavía enfrentan el costo del reacomodamiento, con problemas de competitividad, demanda y estructura de costos.“Las reformas que estamos atravesando son necesarias. Ahora bien, necesarias no quiere decir suficientes”, planteó Pablo Miedziak, presidente del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF). Para graficar esta Argentina dual, el empresario utilizó una metáfora de dos relojes que corren al mismo tiempo. Uno avanza en décadas, y es el de las reformas estructurales, la apertura de la economía, la inversión y la transformación del Estado. Son los cambios que deberían modificar las reglas del juego del país durante los próximos 20 años. El otro reloj corre en días y semanas y refleja lo que viven las pymes cuando tienen que pagar los salarios, a comienzos de mes. “Reconozcan las pérdidas”: el Banco Central dijo que las altas tasas que cobran los bancos inducen a la mora“Este camino lo transitamos y sabemos a dónde nos lleva. Por eso es muy importante encontrar ese lugar y ese momento en el que estos dos relojes se encuentren. Si lo hacen, las reformas van a sobrevivir y podremos evitar este tremendo péndulo que tenemos los argentinos, en el que cada cuatro años pasamos de un lugar al otro, y últimamente, de un punto a otro cada vez más distante. Venimos diciendo tres cosas desde hace años y las sostenemos: no hay crecimiento sin inversión, no hay inversión sin reglas claras y no hay desarrollo sin articulación público-privada. Y hoy queremos agregar una cuarta condición: no hay reforma sostenible sin resultados que la gente vea e impacte en su realidad personal y familiar”, dijo Miedziak durante las palabras de bienvenida de la 47° Convención Anual del IAEF, que reunió a economistas, empresarios y políticos de todo el país.La advertencia apareció en un encuentro que este año tiene como lema “Argentina: de la estabilidad al crecimiento”, una frase que buscó poner el foco en la etapa que viene después del ordenamiento macroeconómico. Además, si bien falta más de un año para las elecciones presidenciales, el tema ya se cuela en los pasillos. “No tenemos estabilidad. Yo no sé qué va a pasar con la Argentina en dos años, quién va a ganar, qué políticas se van a proponer. Eso no es tener estabilidad”, contó en confianza un empresario financiero.Los números de una encuesta presentada durante la jornada por EY Argentina junto con el IAEF muestran precisamente esa tensión. Después de un 2025 de fuerte recuperación, el crecimiento de las ventas este año se moderó: el 51% de las empresas consultadas dijo que sus ventas aumentaron durante el último año, frente al 62% del relevamiento anterior. Un 32% reportó una caída. La rentabilidad mostró un escenario heterogéneo: mejoró para el 32%, se mantuvo estable para el 30% y empeoró para el 34%.“Después de un 2025 de fuerte recuperación y frente a un escenario de desaceleración de la inflación y mayor calma cambiaria, este año el proceso de estabilización se mostró algo más heterogéneo, propio de una economía que todavía está acomodando sus precios relativos. Aun así, la resiliencia de las compañías es notable y se refleja en que la mayoría sigue invirtiendo y proyectando crecimiento para 2027”, destacó Alejandro Kelman, socio de EY Argentina.La Ciudad de Buenos Aires es el único distrito apto para captar fondos del FALLos cambios son palpables e incluso fueron elogiados por el economista español Daniel Lacalle, quien remarcó que los cambios que tuvo la Argentina en los últimos tres años fueron una “sorpresa”. La economía empezó a crecer, la inflación se redujo y miles de argentinos salieron de la pobreza. “Es un gran ejemplo para todo el mundo. Ven a la Argentina como un lugar de oportunidades, tenemos gente del sector petrolero, de la construcción, inmobiliario”, celebró.La discusión, en tanto, se desplazó de la macroeconomía hacia la microeconomía. La pregunta que quedó flotando en el resto de los paneles es qué pasa con los sectores que todavía no logran adaptarse al nuevo modelo económico, como la industria manufacturera o la textil. Sin una inflación que distorsione los balances y ante una apertura económica, ahora el desafío es cómo ser competitivos. “Hasta 2023, las empresas se acostumbraron a vender en el mercado interno porque esas eran las señales que recibían. Ahora, quizás demasiado rápido y sin anestesia, la señal cambió: eso ya no va más, hay que mirar al mundo como mercado. La Argentina tiene una gran capacidad empresarial. Hay empresas que van a reaccionar y otras que no podrán hacerlo de inmediato, pero muchas tendrán que reconvertirse y hacer esa tarea. ¿Tiene consecuencias? Sí”, dijo Daniel Artana, economista jefe de FIEL.Por eso, para Mariana Camino, cofundadora, presidenta y CEO de Abeceb, la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero “no suficiente”. “¿Qué dolor vas a soportar? Está asociado al costo de pensar el crecimiento a largo plazo, porque el punto de partida es disímil, según el punto donde te toca jugar”, cerró. Navegación de entradasUna insólita confesión empresaria para que el Gobierno ajuste el rumbo