Olivia Nuss interpreta a Sofía Gala en Moria, la serie biográfica de Moria Casán que Netflix estrenó el viernes 14 de agosto. La actriz de 26 años dice que para componer el personaje vio muchos videos y que se empapó de la historia y del vínculo entre madre e hija, pero que lo más jugoso es lo que no se conoce mediáticamente y se cuenta en la serie.Olivia estudió dirección de cine en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc), pero su primer deseo fue ser actriz. Debutó con un personaje complejo, el de una sobreviviente en la serie Cromañón, y luego hizo Amor animal.–¿Cómo es interpretar a Sofía Gala, la hija de Moria Casán?–Es muy divertido. La interpreto a partir de la adolescencia hasta la actualidad, y me toca con la Moria que hacen Griselda Siciliani y después Cecilia Roth. Cuando hice el casting me mandaron un monólogo de Moria, así que pensé que era para el personaje de Moria joven, cuando recién empezaba. Pero, al mismo tiempo, me dijeron que no lo hiciera tan “moriesco”, porque capaz no era para ser Moria. Yo igual me conseguí una peluca y me puse un par de accesorios, porque sentía que no me salía hacerlo sin divertirme un rato (risas). Después me enteré que podía ser Sofía Gala y me gustó más. Así que volví a hacer el casting, ya pensando en Sofía. Y al mes me dijeron que había quedado. Fueron pocas instancias de casting. Estoy acostumbrada a hacer varias.–¿Conociste a Sofía Gala antes de meterte en el personaje?–No. Me la crucé en uno de los últimos días de rodaje. Compuse el personaje por mi cuenta, con una coach, y fue un proceso hermoso. Y también trabajé mucho con Javi Van de Couter, que es el director. Nos juntábamos fuera del ensayo formal y pensábamos sobre los guiones. Él es muy amigo de Sofía, entonces también había cierto feedback que yo iba teniendo a través suyo. Por ahí le contaba a Sofía algunas cosas de las que habíamos hablando y en las que estábamos trabajando. Había mucha conexión ahí. También Juan Pablo Mirabelli, que es amigo de Sofía, actúa en la serie y compartíamos muchas escenas. Si, por ejemplo, yo no sabía cómo decir una frase, Juanpi se la pedía a Sofía por audio y yo la repetía. Porque había cosas que me costaban (risas). Además, estuve un mes viendo archivos de ella y la tenía muy fresca.–¿Cómo fue ese encuentro sobre el final del rodaje?–Fue un lindo encuentro, con una mirada de mucha complicidad. Me preguntó cómo era hacer de ella.–¿Y qué le respondiste?-Me salió decir “una fiesta”. Es alguien que conocemos mucho, o que sentimos que conocemos mucho, por lo mediática que es su vida. Y uno tiene la ilusión de conocerla, pero la realidad es que hay muchas cosas de la intimidad que tenemos que imaginar, como cualquier otro personaje. La serie tiene algo muy lindo, porque cuenta mucho del vínculo entre madre e hija. Es un vínculo que desconocemos, porque las ves en las entrevistas y son geniales, pero hay una intimidad que no muestran y que se desarrolla muy bien. Eso fue lo que más me sorprendió y lo que más me atravesó cuando la tuve que interpretar.–¿No es más difícil que sea real? Porque podés caer en la imitación…–El desafío es captar cierta energía del personaje y saber también que esa energía pasada por mi cuerpo va a dar otro resultado. Es una interpretación y tiene más que ver con conectarte en escena con tu compañera… Y he tenido semejantes compañeras (risas). Me acuerdo que hacíamos un ejercicio: no pienses a tu mamá como Moria, pensá a tu mamá como la Moria de Griselda, o como la Moria de Cecilia. A veces me encerraba a estudiar y practicar, y cuando me miraba al espejo, me shockeaba ver que era yo y Sofía Gala.–¿Y con Moria hablaste?–No. Moria estuvo muy metida en el proyecto, pero desde un lugar de mucho respeto. Habrá ido al rodaje una o dos veces, y no quiso presionar a las actrices.–Sos muy joven, ¿qué conocías de Moria?–Los memes y alguna que otra frase icónica de la televisión. Los técnicos querían ver esas escenas (risas). Me acuerdo de la “japaleta” (término de Moria que surge a partir de la frase “no era jamón, era japaleta, todo berreta”). Todos esos momentos icónicos que ves en YouTube están en la serie. En mi casa nunca fuimos de ver mucha televisión, así que la conocí en videos. Yo no sabía que Moria era tan genial. Después de hacer la serie me di cuenta que es un ícono y que tiene algo muy maradoniano. Durante el rodaje todos tenían una anécdota de ella.–¿Cómo fue compartir con Cecilia y con Griselda? –Para mí fue un aprendizaje enorme tener a semejantes actrices y hacer escenas tan íntimas con ellas. La serie cuenta mucho sobre el vínculo de madre e hija. Y, además, fue muy lindo ver a qué Moria traía cada una de ellas. Porque Griselda traía una madre, y Cecilia era otra madre. Mucho aprendizaje, y ellas eran muy generosas. Es lindo ver gente que tiene tanto talento y tanta trayectoria, haciendo un personaje que las atraviesa de verdad. Era genial verlas trabajar.–También se vienen otros estrenos, ¿no?–Ahora en septiembre me voy al Festival de Venecia porque se estrena Ritorno a Buenos Aires, una película de Marco Bechis. Fue muy lindo el rodaje. La grabamos en Brasil, porque acá no había fondos, y se recreó Buenos Aires allá. Cuenta sobre un exiliado que vive en Italia mucho tiempo y vuelve para declarar en los juicios a las Juntas. Y en noviembre se estrena también la serie de Luzu TV, que hicieron con Disney: Nadie dice nada. Todavía no puedo contar nada, pero soy parte de la gente que se cruzan ellos. Fue divertido hacer un poco de comedia. Lo disfruté. Además, estoy terminando una peli independiente, Las maravillas de Franca. Estudié cine también, y me atrae el cine independiente.–Sos directora de cine, ¿no?–Sí, pero en realidad de chica quería ser actriz. Y en un momento, en la secundaria, cuando había que decidir qué estudiar, intuitivamente me tiré a estudiar cine. Me intrigaba, pero no era muy cinéfila. Hice el ingreso a la Enerc, que es muy difícil, y a lo largo de la carrera me di cuenta que era un lenguaje que yo tenía, y que me gustaba ver el backstage de las pelis. Terminaba una peli y lo primero que hacía era buscar el detrás de escena en YouTube. También me di cuenta que no podría haber hecho Cromañón sin haber estudiado cine. Al final me sirvió mucho para la actuación.-Decías que de chiquita querías ser actriz. ¿Qué te atraía?–No puedo rastrear mucho eso, pero recuerdo que veía los programas de Cris Morena. Casi Ángeles me encantaba. Floricienta, Chiquititas. Hice la escuela de Hugo Midón un tiempo y después, a los 11 años, estudié con Nora Moseinco. Ahí mis papás entendieron que esto me gustaba en serio y no era un capricho. El primer casting grande que hice fue el de Cromañón. Fue muy loco también, porque pensé que me había desconectado de la actuación. Sobre todo porque había decidido estudiar cine. Pensaba que era un sueño frustrado.–¿Cómo fue la experiencia de la serie de Cromañón?–Empecé a hacer castings para publicidad en pandemia. Pensé que no daba para eso, pero mis compañeros me hicieron entender que yo era la que actuaba siempre en las prácticas. Y me impulsaron. Tenía 4 años cuando sucedió lo de Cromañón, así que mucho no sabía. Pero un año antes de ese casting, una noche me desvelé y empecé a mirar archivos sobre el tema. Cuando apareció el casting no lo podía creer. Igual sabía la mitad de lo que sé ahora que hice la serie, porque hay toda una parte que no se contaba. Ese trabajo fue un antes y un después para mí. Es algo inexplicable en palabras. Esa serie me atravesó en muchos sentidos y de muchas maneras. Fue hermoso, por un lado, porque conocí gente increíble, porque aprendí un montón sobre el tema, porque pude actuar por primera vez a esa escala, y conocimos a un grupo de sobrevivientes que fue muy generoso. Hubo mucho tiempo de ensayo, algo que no es usual.–¿Y ahora pueden convivir la actriz y la directora?–Sí, yo creo que conviven muy bien. Grabé Cromañón en mi último cuatrimestre de la Enerc y podía haberme quedado libre, pero lo logré y hasta le di un toque a mi tesis, sumando todo lo que había aprendido en el rodaje. Se complementan bien. Dirigí varios cortos que fueron premiados en Francia, España y Brasil y Sofía ganó el Festival La mujer y el cine en 2025. Ahora estoy escribiendo lo que puede llegar a ser un largo.–¿Es difícil para una artista joven hacerse un camino con tan pocas ficciones en cine y televisión?–Sí. Lo único bueno es que hay que hacer proyectos propios, autogestionarse. Me gusta porque lo seguimos intentando. Pero la realidad es que nos perdemos talentos. Por eso es tan importante la ayuda estatal. Hay gente que tiene ideas hermosas, que dirige increíble, que actúa increíble, y me da pena que esos talentos no tengan el lugar para desarrollarse. Es muy triste lo que estamos viviendo. Ojalá podamos repensar un par de cosas y ver cómo darle la vuelta.–¿Podés vivir del arte?–Con ayuda de mis padres, de amigos. Bastante me mantengo, pero la casa donde estoy es de mi mamá. Sé que estoy en una posición de recontra privilegio comparada con otra gente.–¿Y tenés otras pasiones? –Canto. El personaje que hice en Cromañón me impulsó a mostrarlo, porque cantaba. Y, además, volví a escribir un poco. Y me gusta estar con amigas y amigos. Navegación de entradasMaia Reficco junto a Fernando Líndez habla de su última película, su vida y cómo fue filmar en España con Eva Longoria Moria Casán y Mario Castiglione: encuentros secretos, una intensa historia de amor y la decisión que los unió para siempre