Hay una escena en la película Gravity en la que Sandra Bullock flota en silencio, perdida en un espacio sin arriba ni abajo. Su cuerpo flota, sin rumbo fijo, sin materiales sólidos a los cuales aferrarse. Solo se escucha su respiración: la oscuridad y el silencio es lo que rige en ese entorno. A Noel de Castro esa imagen no la paraliza: la entrena. Hace ocho meses que vive en Houston, donde los días se miden menos por el reloj que por protocolos, simulaciones y entrenamientos físicos fuertes. Tiene 28 años, es ingeniera biomédica, y aunque insiste en aclarar que no trabaja para la NASA, su rutina orbita igual de cerca: se prepara para representar a la Argentina en una misión espacial que todavía no está garantizada, pero que ya existe como posibilidad concreta.Noel no es astronauta de agencia, ni heroína de ciencia ficción. Es, en todo caso, el síntoma de una época: la del estudio riguroso y el sacrificio para llegar a metas consideradas casi imposibles, la del surgimiento de nuevos actores en la carrera espacial, donde una misión puede ser de un país, la estación de otro y el cohete ser creado por una empresa. En ese nuevo tablero—donde NASA regula, SpaceX lanza y empresas privadas como Action Space intermedian— Noel ocupa un lugar clave: el de alguien que entrena para subir, pero también para convencer a un país de que vale la pena intentarlo.Porque antes del despegue hay otra carrera, menos visible y más incierta: conseguir financiamiento, articular con el Estado, entusiasmar a privados. “Es pensar ‘yo me estoy llevando al espacio cosas que construyeron mis científicos, mis investigadores argentinos en los que confío 100%. Para mí eso vale un montón’”, dice en diálogo con LA NACION. Y en esa frase, casi al pasar, aparece el verdadero vértigo: no el de la velocidad o alturas necesarias para salir de la atmósfera terrestre, sino el de sostener un sueño colectivo lo suficiente como para que no se desintegre antes de tocar órbita.Noel es salteña y nació en 1997, hija de familia trabajadora en la que el progreso era a base de muchísimo esfuerzo y la educación la pieza clave en el movimiento social ascendente. Su papá trabajaba en una verdulería, fue el primero en la familia en estudiar una carrera, ingeniería química. Su madre pudo recibirse de psicóloga y ambos le inculcaron a Noel siempre dar el 100 por ciento.Noel de Castro – Jornada de entrenamiento (fuente: @noel.decastro)“Yo creo que siempre me gustó el espacio, pero creo que el momento en el que me dio ese ataque de decir: ‘Bueno, listo, me voy a dedicar al espacio’ fue cuando viajé a los Estados Unidos, conocí la NASA y empecé a ver esta nueva industria más privada, más abierta al público. Antes, para llegar a la NASA primero tenías que hacer un doctorado, entrenar en el ejército, ser ciudadano norteamericano… Era un camino que casi todo el mundo veía imposible”, cuenta.Ella eligió seguir los pasos paternos y estudió ingeniería biomédica en la Universidad Favaloro, especializándose luego en bioastronáutica. A Noel le atraía principalmente la supervivencia en el espacio, entender cómo la medicina y la ingeniería podían contribuir a una mejor calidad de vida en la experiencia espacial, desde el diseño de trajes para astronauta hasta los equipos médicos, comprender cómo el traje espacial puede mantener con vida a un astronauta en un ambiente que es totalmente diferente y, por tanto, potencialmente hostil.El cuerpo, explica, es lo primero que entra en crisis. “La aceleración que tiene que tener un cohete es impresionante para llegar a salir del planeta, ¿no? Y para mantenerse en órbita tiene que llegar casi a 28.000 km por hora y llegar casi en 5 minutos”, dice y agrega: “Pasás de sentir cuatro veces tu peso a no sentir nada”.-En cinco minutos, el cuerpo deja de entenderse a sí mismo…-En las primeras 24 horas podés perder hasta el 60% de los fluidos. Ya con tu cuerpo en microgravedad, tu presión está alta y estás deshidratado. Cuando ya no tenés una carga mecánica como caminar, el músculo se empieza a perder. En una misión podés perder hasta el 25% de tu masa muscular, es muchísimo.Actuar en emergenciaLa épica del espacio, en su relato, es profundamente fisiológica: músculos que se consumen, huesos que se quiebran, corazones que cambian de forma. “Por eso entrenamos tanto —agrega—, no para ser fuertes, sino para no rompernos”.Pero lo que más se entrena no es el cuerpo. “Es la cabeza”, dice. Y cuenta una escena que no tiene nada de espacial: un avión que se estrella en la pista mientras ella está piloteando otro. “Me ha tocado estar piloteando y ver estrellarse un avión en la pista al lado mío. En ese momento uno se da cuenta de todo el entrenamiento que tiene, de que esa persona que acaba de morir en un avión es tu amigo. Yo, como piloto, tengo que estar atenta al resto del tráfico y actuar en emergencia y no tenés espacio para una emoción en ese tiempo. Y creo que cuando me pasó eso fue la primera vez que me di cuenta de cómo funcionaba el entrenamiento. Nunca me imaginé que iba a poder actuar de esa manera en una situación así”, cuenta, con dureza. En ese diferimiento —esa emoción que llega tarde— está, quizás, el verdadero entrenamiento: aprender a seguir cuando todo alrededor pide detenerse.Llegar tampoco fue fácil. Trabajó, buscó becas, golpeó puertas. La falta de financiación para los entrenamientos que implican certificarse en la NASA son caros, y la educación también. Noel se dedicó a la programación mientras estudiaba ingeniería, vendía desarrollo de páginas web y trabajó como ingeniera soporte en Philips. Cada peso que ahorraba se destinaba a las certificaciones en aviación y buceo, entre otras.-¿Cómo fue ese proceso?-Salí a buscar sponsors, salí a buscar becas, salí a buscar gente que diga: “Bueno, mirá, vamos a apoyar en este sueño”. Hoy ya tengo sponsors más grandes como YPF, Hyundai y todo esto lo vamos construyendo con empresas argentinas, que básicamente están construyendo a una astronauta y a una misión espacial.-¿La disciplina pesa más que el talento?-Esto es 80 o 90 por ciento disciplina. Hay gente brillante que no quiere vivir así. Y está perfecto. Porque lo que está en juego no es solo la capacidad técnica, sino una forma de habitar el riesgo. Hay personas que después de un accidente no vuelven a volar nunca más. Y es lógico.-En cambio, vos volviste a los simuladores, a la centrífuga, al buceo, a repetir protocolos que parecen obsesivos. -A veces decís ¿otra vez esto?, pero cuando pasa algo real, entendés por qué.Y en esa repetición hay algo casi ritual: una manera de domesticar lo imprevisible. Sin embargo, cuando habla del momento del despegue, la lógica cambia. “No tengo miedo”, dice, y sonríe. “Me da más miedo no lograrlo”.-La misión para la que fuiste seleccionada está impulsada por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y será a bordo de un cohete de SpaceX. -Son empresas privadas las que ahora están a cargo de estas misiones y hacen alianzas con países, como por ejemplo la Argentina. Entonces, la misión pasa a ser del país. Es la oportunidad que tenemos de hacer nuestra misión, de no tener que esperar a que alguien de la Argentina se haga norteamericano y aplique a la NASA. También va a ser la primera vez que América Latina hace algo así.-¿El apoyo de la comunidad científica argentina es crucial como el de la ciudadanía?-Es importante para mí que el país vea lo que hago. El apoyo me sirve mucho, me ayudan mentalmente a seguir.Algo que llevarEl conjunto científico detrás de la misión de Noel incluye a 15 personas de la Conae, en conjunto con la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, trabajando en la selección de los equipos que la acompañarán. Por eso, cuando habla de la misión, el foco se corre otra vez. No es solo viajar: es llevar algo.“La ciencia argentina tiene que ser protagonista”, dice. Menciona investigaciones biomédicas, pero también agricultura, inteligencia artificial, tecnología aplicada que pueda servir al desarrollo científico aplicado a la agricultura, algo esencial en nuestro país y en el mundo. “Todo lo que subamos tiene que volver en conocimiento, hay muchas cosas que se pueden pensar, desde defensa hasta inteligencia artificial y energía nuclear”.Noel de Castro – Patrones de vuelo (fuente: @noel.decastro)La misión, en ese sentido, es menos un destino que una plataforma. “No es ir por ir”, insiste. “Es construir algo que tenga sentido”.Quizás por eso, lo más nítido en su relato no es el espacio, sino la tensión constante entre lo que ya está en marcha y lo que todavía falta. Noel entrena para un viaje que podría no suceder en los plazos que imagina, entre protocolos y sponsors, entre centrífugas y reuniones, su figura queda suspendida en ese umbral incómodo: el de una posibilidad abierta. “Al final eso era lo que quería, mover la industria espacial argentina y que algo que era imposible pasara a tener una posibilidad”, explica.Lo siguiente será atravesar lo que pocos lograron. En el marco del entusiasmo por la última misión espacial a la Luna, las imágenes que captó el Artemis II recorrieron el mundo y las redes, y nuevas generaciones comprendieron la importancia de la investigación espacial. Lo que imagina no es la explosión ni la velocidad, sino la antesala. “Sueño con caminar hacia el cohete, con el traje puesto, con saber que todo lo que entrené sirve”. Hace una pausa, como si midiera la escena. “Creo que ese va a ser el momento más feliz”, arriesga. Y entonces el relato se corre, otra vez, de lo individual a lo colectivo: “Ahí no subo yo sola. Subimos todos. Es una misión argentina. Y eso—dice— es lo que realmente importa”.-¿Con qué expectativas?-Viaje o no al espacio, porque todavía hay muchas incógnitas sobre si lo haré o en qué tiempo, ya de por sí generé algo que me gusta. Me gusta ver en la Argentina el movimiento que está causando la industria espacial, me gusta poder entrar al Kennedy Space Center y que la gente se acerque y me diga, “Guau, Argentina, qué bien”. Me gusta poder representar a mi país afuera y también me gusta ver lo que represento en mi país, internamente.-Igual está la posibilidad de que vayas. ¿Qué te imaginas de ese momento, de ese viaje al espacio? -Mucha gente me pregunta, ¿tenés miedo? No, no tengo miedo, me da mucho más miedo no lograrlo que subirme a un cohete y no viajar. Creo que ese momento será de mucha felicidad, mucha emoción para mí y para todo el país, espero así sea. Y demostrar que sirve y funciona todo lo que entrené. Además, es un momento para mostrar la confianza que tiene una con el resto del equipo.-¿Te genera ansiedad?-Estoy superansiosa de que pase. Todos los días sueño con ese momento, estar con el traje caminando al cohete, sentarme en mi silla y quedarme mirando hacia arriba. Creo que será mi momento más feliz, el predespegue, después el despegue y estar en el espacio. Pero específicamente, caminar al cohete… Un momento en el que diga: “Guau, lo logramos”. Es decir, el país lo logró, estamos todos en esta, qué espectáculo. Qué loco todo lo que se puede lograr cuando realmente se quiere y se pone el 100 por ciento del esfuerzo.-Y en la elección de la carrera también.-Encontré una carrera con la que no hay día que no me levante feliz, con la ilusión del primer día de clase o de abrir los regalos en Navidad. Todos los días me levanto con la emoción de decir: “Qué loco, estoy haciendo una misión espacial”.-¿Qué te desanima?-Los momentos de crisis en los que no avanzamos, o cuando un privado no quería escucharnos. Pero sigo empujando, te vas a dormir y al otro día te levantás y empezás de nuevo con esa emoción. Creo que es la pasión lo que me movió, realmente. El amor por hacer esto fue lo que no me dejó bajar los brazos nunca.-¿Cuál es el objetivo de esta misión? -Es una misión que va a durar más o menos 14 días. La idea es obviamente poder colaborar con NASA en todo lo que sea relacionado con el soporte de vida de la estación, pero la ciencia argentina es la que tiene que ser lo principal de la misión.-¿Y tu objetivo en particular?-De mi lado voy a llevar investigaciones más del lado biomédico, que es básicamente estudiar la neuroplasticidad de los astronautas en misiones a corto y a largo plazo. Ahora estamos evaluando mucho la idea de la tecnología de agricultura en el espacio. Que, al fin de cuentas, también va a servir para la Tierra, y es tecnología para la Argentina. Estamos evaluando que ese sea el foco principal de la misión, hay muchas otras investigaciones que se pueden ir sumando a lo largo del armado de la misión, pero por ahora apuntamos a la tecnología de la agricultura, la inteligencia artificial y la biomédica.-¿Se puede pensar en una vida en Marte? -Estamos muy lejos de eso. La verdad es que ahora se pusieron todas las fuerzas en poder habitar la Luna, pero sí están los planes de llegar a Marte en un futuro, quizás para 2040. Pero hay muchas cosas por resolver todavía, como el soporte de vida del humano. Por ejemplo, un viaje a Marte son mínimo tres años, y nunca antes se ha probado que un astronauta estuviera tres años en el espacio. Lo máximo que una persona estuvo en el espacio fue un año, y realmente para esas personas volver fue catastrófico, sufrieron cosas fisiológicas que no se pueden explicar…-Son varios puntos por resolver…-Hay muchas cosas por resolver todavía, se está pensando primero en mandar robots a Marte porque un planeta que tiene mucho potencial, pero para llevar a un humano falta muchísima investigación. De hecho, ya la Luna es difícil.Mientras tanto, Noel de Castro espera su momento de llegar al espacio. Navegación de entradasDel feedlot al fishlot: el negocio productivo que en la Argentina se posiciona como potencia El ingeniero, performer y panadero que desde Grecia transforma el pan en obras de arte efímeras