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Nacho Fernández, a los 36: el héroe de Madrid que quedó marcado por una frase de Maradona y se emociona como nunca

Nacho Fernández, a los 36: el héroe de Madrid que quedó marcado por una frase de Maradona y se emociona como nunca
Nacho Fernández, a los 36: el héroe de Madrid que quedó marcado por una frase de Maradona y se emociona como nunca

A los 36 años, Nacho Fernández, el cerebro de la época dorada de River, la sigue rompiendo. Juega, ordena, lidera, se pelea con los árbitros, convierte goles (uno de palomita, por caso) y se larga a llorar. Se emociona como un niño: no es habitual en un fútbol híper competitivo y repleto de suspicacias. Es un mensaje: el 8 de Gimnasia, sin quererlo, vuelve a los orígenes, aquello de jugar a la pelota.

“Siempre lloro”, dice, sin querer. Se trata de uno de los héroes de Madrid que debió salir por la puerta del costado y, sin embargo -no solo con River- cada vez que puede, habla con el corazón en la mano. El viejo sabio de Castelli lleva un gol y tres asistencias (cuatro amarillas, la mayoría, por protestar) en 13 encuentros en el torneo Clausura. La última lágrima -que recorrió su mejilla luego del triunfo del Lobo sobre Huracán, en el Palacio-se debe a un mito del fútbol mundial. Que tiene su historia.

En diciembre de 2019, mientras dirigía a Gimnasia, Diego Maradona marcó a fuego la carrera de Nacho con una frase de las suyas. ¿Qué jugador te llevarías al Lobo?, resultó la ocurrencia periodística. “Me llevaría al pibe de River, a Nacho. Tiene una gamuza en el pie”. Aquella metáfora no tardó en volverse un sello de identidad.

Semanas después, en enero de 2020, el volante cumplió el sueño de visitarlo en una práctica de Gimnasia para agradecerle personalmente: se selló un vínculo de mutua admiración. La huella de esas palabras quedó en evidencia en febrero de 2021. Al despedirse de River luego de cinco temporadas para emigrar a Atlético Mineiro, Fernández rompió en llanto en plena conferencia cuando le recordaron a Diego, quien había fallecido meses antes. “No fue una mochila, fue algo lindo que me reconozca la gente del fútbol, el Diego…”, contó entre lágrimas, pura sensibilidad.

El último capítulo de las emociones mezcladas en un fútbol histérico y poco serio se dio la semana pasada. Luego de cerrar su segundo ciclo en Núñez, Fernández regresó a principios de 2026 a Gimnasia. En el triunfo clave por 2-1 ante Huracán, en el que marcó un gol de cabeza, un periodista en el campo de juego le remarcó que había besado su brazalete antes de la nota. Al contemplar la imagen que lleva la estampa del astro, Fernández lanzó: “El Diego… Siempre me emociono cuando hablo de Maradona. Me acompaña en todos los partidos”. Instantes antes de quebrarse frente a las cámaras.

El fútbol, en realidad, está repleto de emociones. Es el lógico reflejo de la vida, la victoria y la derrota. Hay que volver a febrero de 2021, mezclado en el trauma de la pandemia, cuando el volante dejó River. El mediocampista, tras retirarse del centro de entrenamiento que el club tiene en Ezeiza, atendió a la prensa y no pudo contener las lágrimas en su despedida.

“Fueron cinco años en los que vivimos momentos muy lindos y hoy me toca despedirme. Son sensaciones encontradas. Es un paso que buscaba en mi carrera, pero dejo un lindo club y muchos amigos”, advertía. Más tarde, insistía: “Es difícil irse de River. Siempre que aparecía una oferta la decisión costaba mucho y nunca terminaba de cerrar. Hoy, con 31 años, creo que es el momento, pero es un dolor muy grande”.

A Nacho, tal vez, le faltó un salto a Europa. Tiene 15 títulos repartidos entre River y Brasil y mantiene la ilusión de consagrarse en el Bosque. Por qué no. Este viernes se cita con Sarmiento para sellar un lugar entre los primeros ocho. “No sé qué más se le puede pedir a este equipo. Sabemos que no nos podemos relajar. Queremos ir a buscar la clasificación a las copas y ver si nos podemos meter en la Libertadores. Tenemos ese sueño, hay que ir a buscarlo. Quedan tres partidos para lograrlo, pero paso a paso. El equipo siempre compite y eso es importante, en este semestre ningún equipo nos dominó, salvo en el clásico cuando nos quedamos con uno menos”, sostiene, en su versión líder futbolero.

En realidad, el zurdo desgarbado juega en otra liga. “Es que primero somos personas, tenemos sentimientos. Vivimos cosas muy fuertes”, asegura, siempre con River en un lugar de su corazón, como cuando volvió al Monumental con su pequeña Olivia en brazos, al ritmo de las canciones. Su hija, además, es protagonista de los últimos retazos de su carrera: hasta aparece su tierna figura en la presentación en Gimnasia, en su vuelta al club que lo vio crecer.

Alguna vez le preguntaron por aquellos buenos tiempos con la banda roja cruzándole el pecho. “El mejor año fue 2018, que le ganamos dos finales a Boca, pero en lo futbolístico me quedo con el 2019”, decía, analítico. De la otra vereda del sol, también le endulzaba los oídos Juan Román Riquelme. De Diego a Román… “Nacho Fernández nos ganó la final. Lo que hizo para darle el gol a su compañero (Pratto) no es normal. Es el mejor jugador del fútbol argentino desde hace mucho tiempo”, compartía el ahora presidente de Boca. Nacho se sonrojaba: “Lo tomo como un halago enorme, es un orgullo para mí, tiene que ver con el funcionamiento del equipo, que permite que se luzcan todos los jugadores de ataque”. En aquellos tiempos, el cerebro tenía un apodo interno.

“Mis compañeros me cargan y me dicen Iniesta”, revelaba Nacho, tímido fuera de escena. Del Club Atlético y Social Dudignac al Lobo, un paso fugaz en Temperley y el apoyo de los suyos, siempre de cerca cuando parecía que se caía la estantería. “Uno sabe lo que peleó. Toda mi familia me apoyó durante estos años. Pasé por la B metro, el ascenso con Gimnasia. Por suerte mi carrera siempre fue en ascenso”, expresa el jugador, hábil y protestón, cerebral y querible, que se permite mostrar su lado más humano.