Sucedió en, apenas, los últimos diez días: la realidad del universo high tech volvió a escribirse con el nombre y apellido de los CEO de las principales compañías. Sam Altman, líder de OpenAI y ChatGPT, fue hostigado y atacado en su casa de San Francisco. Ocurrió tras un lapidario informe publicado por la prestigiosa revista The New Yorker titulado “Sam Altman podría controlar nuestro futuro: ¿podemos confiar en él?”. El contexto es la polarización de las opiniones sobre las IA entre los optimistas y los reaccionarios. La controversia tiene sentido: es la tecnología de más rápida adopción en la historia. A su vez, un relevamiento dejó en evidencia que el algoritmo de la red X amplifica a través de la categoría “para ti” más que a ninguna otra cuenta a la de su propio dueño, Elon Musk.Y en ese mapa destaca Dario Amodei, nacido en la Costa Oeste, CEO de Anthropic, creadora de Claude: otra figura difícil de encasillar en los arquetipos clásicos de Silicon Valley. No es el fundador que tiene una visión y detecta una oportunidad desde el garage, tampoco el CEO formado en negocios y finanzas; su recorrido empieza en la física y evoluciona hacia la neurociencia. Una rata de laboratorio.La interna de los techbrosSi Musk es el genio loco y excéntrico o el ingeniero megalomano, Amodei es un hombre de la academia, un científico de perfil bajo que pasó por las áreas experimentales de Google y OpenAI, levanta barreras morales en el uso de la inteligencia artificial y lanzó justamente Anthropic junto a su hermana para defender ese territorio. Es un nerd del área de research convertido en CEO de la empresa del momento: es la creadora de Claude y de herramientas como Cowork, Sonnet o Code que se convirtió en la sensación de 2026.La atipicidad de Amodei queda clara en sus intervenciones públicas. En un ensayo extenso publicado a comienzos de este año —más cercano a un manifiesto que a un paper— describe la etapa actual como un “rito de pasaje” para la humanidad, advirtiendo que estamos a punto de acceder a un poder “casi inimaginable” sin tener claro si contamos con la madurez necesaria para gestionarlo. Es el tono de advertencia de un científico que en su laboratorio manipula elementos de riesgo. Estos días, se “filtró” una nueva herramienta de Anthropic cuyo acceso se mantendrá restringido al público general ya que ha detectado fallas de seguridad con una capacidad asombrosa hasta para los más expertos.En esos mismos días, Amodei apareció en un podcast de la industria tech, People by WTF, y dejó definiciones a su estilo, entre ajeno e incumbente. “Las implicaciones económicas van a ser enormes. Las implicaciones geopolíticas van a ser enormes. Las implicaciones en materia de seguridad van a ser enormes. Va a transformar el funcionamiento del mundo. Por eso tenemos que hacerlo bien. Y no tenía la percepción de que en OpenAI existiera una convicción real y seria al respecto”, asegura.Tapas de revistas, atentados, manifiestos, figuras controvertidas, ciberseguridad, geopolítica… El tema es de agenda 1 global. La universidad de Stanford publicó el lunes su Index 2026 de IA destacando los avances en ciencia, impacto en empleo y adopción globales. Lo fue también, el mes pasado, en el evento SXSW especializado en innovación. La investigadora en consumer trends Ximena Diaz Alarcón volvió con algunas conclusiones: “Un tema recurrente es como la masificación de la IA está cambiando el journey del consumidor a la hora de descubrir marcas o tomar decisiones, y cómo va a impactar cuando en las aplicaciones haya pautas comerciales. Y esto ya se ve en mediciones que estuvimos haciendo en Argentina, sobre todo en jóvenes: redes sociales y ahora IA son lugares de descubrimiento”.De manera menos visible, la IA está cambiando también nuestra relación cotidiana con la cultura digital, la forma en que se organiza nuestra experiencia en ese terreno. Por un lado, se impuso la lógica de agentes y de tareas complejas planificables no solo para la programación sino para todo el workflow profesional. Pero además, hay un cambio de fondo. Durante años, desde sus inicios puntocom, Internet tendió a construir una sensación de inmediatez, de latencia cero, de continuidad, de scroll infinito, de consumo sin fin… donde los datos o el almacenamiento eran límites inconscientes. La inteligencia artificial introduce otra lógica: la de los tokens, unidades mínimas de lenguaje. Cada interacción que hacemos se traduce en cantidad de procesamiento, de cómputo, y ese cómputo tiene tiempo, insume energía. Los nuevos lanzamientos de Anthropic parecen orientados a valorizar esas operaciones en tokens: el modelo de negocio para sustentar operaciones de alta complejidad parece dejar claro que eso tendrá un valor. Alto.Alan Daitch, es emprendedor y especialista en IA: “A veces nos olvidamos de que lo que pasa cuando navegamos por internet es que hay servidores enormes que consumen mucha electricidad y un entramado de cables subterráneos que nos conectan en una gran red global. La inteligencia artificial llegó para hacernos acordar nuevamente que lo que hacemos no es gratis porque la capacidad de cómputo que requieren cosas como resolver un problema de una olimpíada de matemáticas o generar un video complejo, es muy alta. Sin embargo, acá impacta la ‘Paradoja de Jevons’: cuanto menos cueste hacer pensar a una computadora, más la vamos a demandar y no menos, porque eso empieza a habilitar usos que antes eran prohibitivos en los costos. ¿Se vuelve más barato generar audio? Reemplacemos call centers completos. ¿Se vuelve más barato generar video? Inventemos un sistema que genere en tiempo real las series que la gente quiere ver…Y así sucesivamente. La energía puede terminar siendo el gran cuello de botella que defina quién gana en esta guerra fría por la inteligencia artificial”, desarrolla.En el día a día, la experiencia deja de ser continua para volverse discreta, medible, cuantificable. Costosa. Como fichas de un juego que se van terminando. Con la tokenización del procesamiento de información, del pensamiento y de otras actividades hasta aquí humanas, la abstracción digital vuelve a adquirir materialidad: se agota. Navegación de entradasLa batalla por el relato: todo CEO es una estrella La cebada puede ganar superficie en la campaña de granos finos