La parte del cuerpo que nunca se apaga, ni siquiera cuando dormimos profundamente
La parte del cuerpo que nunca se apaga, ni siquiera cuando dormimos profundamente

Dormir profundamente suele asociarse con desconectarse por completo. El cuerpo se relaja, la respiración se vuelve más lenta, baja la frecuencia cardíaca y la percepción del entorno disminuye. Sin embargo, el organismo no se apaga: incluso en las etapas más profundas del sueño, una parte sigue funcionando de manera constante y cumple un rol esencial para que podamos descansar y despertar al día siguiente.

Esa parte es el cerebro. Aunque durante el sueño profundo su actividad cambia, no deja de trabajar. En la fase N3, también conocida como sueño profundo o sueño de ondas lentas, la actividad cerebral adopta un patrón característico de ondas delta. En esa etapa es más difícil despertarse, el pulso y la respiración bajan, y el cuerpo entra en un estado de recuperación más estable.

Lejos de quedar inactivo, el cerebro coordina procesos automáticos que no dependen de la voluntad. Durante el descanso, el sistema nervioso autónomo participa en la regulación de funciones como la respiración, la frecuencia cardíaca y la presión arterial. El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos explica que, al entrar en sueño no REM, la frecuencia cardíaca y la presión arterial disminuyen, y el sistema parasimpático tiene mayor control del cuerpo.

Además, el sueño influye en casi todos los tejidos y sistemas del organismo, desde el corazón y los pulmones hasta el metabolismo, el sistema inmune y el estado de ánimo. Por eso, descansar no es simplemente no hacer nada: es una etapa activa de regulación y recuperación.

Qué sigue haciendo el cerebro mientras dormimos

  • Regula la respiración de manera automática.
  • Ayuda a controlar la frecuencia cardíaca.
  • Participa en el descenso de la presión arterial durante el sueño no REM.
  • Coordina cambios en la temperatura corporal.
  • Mantiene actividad eléctrica propia de cada etapa del sueño.
  • Interviene en procesos vinculados con memoria, recuperación y equilibrio del organismo.
  • Permite que el cuerpo atraviese ciclos de sueño profundo y sueño REM.

La clave está en entender que dormir no significa apagar el cuerpo, sino cambiar de modo. Mientras la persona descansa, el cerebro sigue activo, organiza funciones vitales y permite que el organismo se recupere. Por eso, una buena noche de sueño no solo se nota en el cansancio: también impacta en la salud general, la energía y el equilibrio del cuerpo.

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