Antes de emigrar, Mica Schachter vivía en Buenos Aires y estaba haciendo la residencia en terapia intensiva. Como médica intensivista, atravesaba una etapa de mucho trabajo, formación y esfuerzo. Algo, sin embargo, faltaba en su vida. Solía leer los trabajos de médicos e investigadores reconocidos y, en ese proceso, su deseo de crecer profesionalmente, mejorar su inglés y formarse cerca de aquellos que estaban revolucionando el campo de la neurología, aumentaba día a día.Hoy, muchos de los médicos que Mica leía desde su rincón porteño se transformaron en colegas y hasta amigos con los que comparte una cena y una conversación enriquecedora, todos siempre atentos, dispuestos a intercambiar ideas y colaborar.Llegar hasta allí no fue un camino llano, pero a la médica argentina siempre le gustaron los desafíos y se enorgullece al afirmar que conquistó un lugar entre ellos: “No solo como alguien que aprende, sino como una colega con voz propia, criterio y experiencia. Hoy existe un respeto mutuo. Por otro lado, Argentina y Latinoamérica tienen excelentes profesionales: médicos, científicos, comunicadores. Cada uno cumple un rol y todos son importantes”.La dificultad de dejar Argentina y la motivación: “Rodearme de personas inteligentes y empáticas que me empujaron a crecer”La vida en Buenos Aires parecía fluir en armonía, algo que magnificó el impacto de la noticia. Para Mica, comunicar que dejaba Argentina para irse a Chicago a realizar una residencia fue complejo. Oriunda de Rosario -ciudad donde estudió Medicina-, su familia siempre fue prioridad y para ellos no fue fácil aceptar que se fuera tan lejos ni para ella fue sencillo separarse de sus afectos: “Con el tiempo todos se fueron acomodando a la idea”, asegura Mica. “Y mi mamá, un referente para mí y alguien que moldeó mi forma de pensar, hoy se maneja de una manera mucho más independiente: aprendió a tomar vuelos sola, se anima más y hasta está aprendiendo inglés”.En el 2014, con 28 años, desembarcó en Estados Unidos colmada de adrenalina, entusiasmo y curiosidad. Buscaba nuevos desafíos y allí abundaban de la mano del idioma, el sistema médico, la forma de trabajar y la cultura. Durante el primer año de su residencia en Rush University Medical Center de Chicago estuvo enfocada en estudiar, crecer y, por supuesto, adaptarse.“Siempre tuve la suerte de rodearme de personas inteligentes y empáticas que me empujaron a crecer. Después de ese primer año empecé a extrañar más: la familia, los amigos, la espontaneidad argentina, el humor, la forma de vincularnos”, cuenta.“Con el tiempo aprendí a encontrar un balance entre la cultura americana y la argentina. Valoro mucho de Estados Unidos la estructura, la eficiencia, las oportunidades, el respeto por ciertos espacios personales y la posibilidad de crecer profesionalmente. De Argentina extraño la calidez, la cercanía, el cortado con amigos, el humor y esa forma tan nuestra de estar presentes en la vida de los demás”.La única mujer en un rubro médico complejo: “Simplemente digo lo que pienso, con una base científica, con firmeza y también con calidez, priorizando el trabajo en equipo”Tras su período intensivo en Chicago, Mica se mudó a Atlanta para continuar su formación en Neurología y Neurointensivismo en Emory University. A partir de allí, su vida se transformó en una mezcla de grandes oportunidades, desafíos emocionales y retos intelectuales importantes. Con el tiempo los bemoles de emigrar se intensificaron. Para la médica argentina no solo se trataba de cambiar de país, sino de reconstruir su identidad en otro idioma y en otro sistema.Sin embargo, Mica comprobó cómo el esfuerzo rinde sus frutos en un país que le brindó posibilidades profesionales casi impensadas: se formó en en instituciones académicas con peso fuerte, y cierto día le tocó estar junto a médicos brillantes para desarrollarse en un área que le apasiona: accidente cerebrovascular (stroke) y neurointensivismo.Durante el primer año y medio de ejercer su profesión de manera independiente, Mica Schachter fue la única mujer en el servicio de neurología y neurocirugía en su hospital. Aquel fue un período crucial en su vida: aprendió a darse y ganarse su lugar.“Mi área de especialización maneja un ambiente muy intenso, donde uno cuida pacientes con lesiones cerebrales graves, accidentes cerebrovasculares, hemorragias cerebrales, coma y otras enfermedades neurológicas críticas”, explica Mica, quien actualmente ejerce en un hospital privado y como editora en una revista de neurointervencionismo en conjunto con personas que admira.“Hay momentos en los que esa transformación se vuelve muy concreta”, continúa. “Estar al lado de un paciente neurocrítico, y de una familia que, en cuestión de segundos, ve cambiar su vida para siempre, tiene para mí un valor enorme. La conversación que uno tiene con esa familia ese día puede perdurar durante generaciones. Por eso hay que ser cuidadoso: con las palabras, con el tono y con la forma de acompañar. En un país tan diverso como Estados Unidos, también implica respetar profundamente las culturas, creencias y valores de cada familia”.“Y dentro del ámbito profesional, simplemente digo lo que pienso, con una base científica, con firmeza y también con calidez, priorizando el trabajo en equipo y al paciente”.Un vínculo que amplió la mirada y el lado b de la calidad de vida y humana: “Es un país exigente”Mica se casó y se separó. Tras terminar su relación con su exesposo de raíces en el noreste de Estados Unidos, aprendió a vincularse mejor con otras formas de vivir, comunicarse y entender las relaciones humanas. La experiencia amplió su mirada cultural en un país donde cada región tiene sus propios códigos, estilos y maneras de relacionarse.En cuanto a la calidad de vida, Mica halló estabilidad y seguridad económica, aparte de las posibilidades de crecimiento: “Pero también es un país exigente”, dice. “La vida puede ser muy individualista, y uno tiene que construir su comunidad desde cero. La calidad humana existe, por supuesto, pero muchas veces hay que buscarla activamente. No está siempre dada como en Argentina, donde uno crece rodeado de familia, amigos y redes afectivas”.“Hoy en día me siento muy identificada con personas que inmigraron, tanto de Argentina como de otros países, y que se mueven en ambientes internacionales con naturalidad. Esa resiliencia genera una conexión inmediata. Son personas que entienden lo que significa adaptarse, reconstruirse y, al mismo tiempo, llevar siempre una parte del lugar de origen con uno”.Un ritual con Soda Stereo, la vida entre dos mundos y el legado: “Acompañar, enseñar y apoyar a las nuevas generaciones”Más de una década pasó desde que Mica dejó Argentina, un suelo del que se alejó impulsada por su amor por los nuevos desafíos. Cada vez que toma un vuelo desde Ezeiza a Estados Unidos, escucha Soda Stereo, en una especie de ritual personal. Para ella, es una forma de llevarse algo de Argentina antes de sumergirse en su vida lejos de su tierra.Por fortuna, tiene la posibilidad de visitar Argentina dos o tres veces por año, algo que la ayuda mucho a menguar la nostalgia. Y cada regreso la impacta de una manera diferente: “A veces vuelvo y siento una felicidad inmensa: ver a mi familia, caminar por Buenos Aires, escuchar el acento, comer con amigos, estar en lugares que forman parte de mi historia. Otras veces también aparece una sensación rara, como de pertenecer y no pertenecer al mismo tiempo. Cuando uno emigra, cambia. Y cuando vuelve, también encuentra que el país, la familia y los amigos cambiaron”.“Argentina ocupa un lugar enorme en mi vida, sigue siendo mi casa en muchos sentidos. El lenguaje emocional que aprendí en Argentina me permite conectarme más con las personas”, reflexiona. “Hoy siento que mi vida está entre dos mundos. Tengo una parte muy argentina y una parte muy americana. También le enseñé a mi hijo, Eliot, que no existe un solo lugar en el mundo, ni una sola forma de vivir. Existen distintas culturas, idiomas, costumbres y maneras de entender la vida. Él sabe que tiene primos en Argentina y en Singapur. Abuelos en Rosario y en New York, y aprendió a adaptarse a cada lugar al que va”.“Viajo con él varias veces por año porque quiero que entienda el mundo desde chico. Me importa criarlo con una gran fortaleza intelectual, con una base sólida en el arte, la música y el deporte. Quiero que tenga estructura y ambición pero también curiosidad, sensibilidad y capacidad de adaptación. Él es muy expresivo, curioso y afectuoso. Cada vez que viajamos a Argentina me dice: `Mamá, vestime bien, que los niños en Buenos Aires son muy cool´. Y ahí entiendo que también él está aprendiendo a moverse entre mundos, con humor, identidad y una sensibilidad propia. Para mí, eso también forma parte de la educación: criar a un hijo con raíces, pero también con mundo”.“Ojalá mi experiencia motive a otros, en especial a jóvenes mujeres profesionales en busca de un desafío. En mi camino aprendí que crecer requiere motivación, constancia y personas que crean en vos. También aprendí que la educación es una de las herramientas más poderosas para cambiar la vida de una persona y de una familia. Emigrar me enseñó resiliencia y adaptabilidad. Me enseñó que se puede empezar de nuevo, incluso cuando da miedo. Que uno puede construir una carrera, una familia y una identidad en otro país sin dejar de ser quien es”.“Entendí que la salud física y emocional son una prioridad. Para sostener una carrera exigente, una maternidad presente y una vida con sentido, uno necesita cuidarse. No alcanza con trabajar mucho: también hay que tener claridad, vínculos sanos y espacios de calma. Aprendí también a sentirme cómoda en ambientes internacionales. Hoy puedo moverme en diferentes países, sin sentir que tengo que elegir una sola identidad. Y, sobre todo, aprendí la importancia de hacer por otros lo que otros hicieron por mí: abrir puertas, acompañar, enseñar y apoyar a las nuevas generaciones. Para mí, el liderazgo tiene mucho que ver con eso. No es solamente crecer individualmente, sino ayudar a que otros también puedan crecer”.*Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular; lo recibe la autora de la nota, no los protagonistas. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales. Navegación de entradasReid Wiseman, piloto de Artemis II: “Pudimos ver todo el planeta de polo a polo y las auroras boreales; fue el momento más espectacular, nos dejó sin palabras” 12 años de diferencia, 24 casados y un libro que revela su intimidad: “Los que dijeron que no íbamos a durar ya llevan tres divorcios”