Ciudad de Gaza.- Mientras en el mundo se busca reducir drásticamente el uso de teléfonos inteligentes en la infancia y la adolescencia tanto en escuelas como en casa, en procura de que aprendan a pensar más allá de los recursos aparentemente ilimitados a los que permiten acceder esos artefactos y de que recuperen un vínculo más humano en espacios de juego, entretenimiento y amistad, aún hay sitios en los que no queda más opción para el encuentro y la posible diversión que reunirse a jugar alrededor de una vieja pelota remendada, esa misma que fue protagonista del espacio de juego de generaciones de infancias, tanto cuando no había muchas alternativas como en tiempos en que se la elegía por encima de otros pasatiempos disponibles. Pero la escena retratada aquí es también una muestra de que, aun en situaciones límite, la pulsión por disfrutar del esparcimiento y el juego permanece. Quizás sea lo que todavía nos hace humanos. Navegación de entradasCelebramos el Día del Bailarín Folklórico. Al maestro, sin cariño