
“Yo era experta en tapar mi vulnerabilidad”, confesó Erika de la Vega sobre el proceso que la llevó a escribir En defensa propia, el libro que traslada al papel siete años de conversaciones de su pódcast homónimo. La obra recopila fragmentos de más de trescientas entrevistas realizadas desde 2019 y las entrelaza con la historia personal de la comunicadora venezolana.
De la Vega construyó su carrera en la radio y la televisión de Venezuela antes de mudarse a Estados Unidos, un cambio que, según relató en diálogo con Infobae, le abrió puertas profesionales pero también la obligó a redefinir su identidad. “Yo quería contarle al lector de dónde vengo, de Venezuela, y la carrera que yo pude desarrollar en la radio y en la tele, y después todo lo que fue ese cambio cuando llegué a Estados Unidos”, explicó la autora, que en 2026 cumple quince años radicada en el país norteamericano y siete de conducir su pódcast En defensa propia.
El primer desafío del libro fue decidir qué quedaba dentro y qué quedaba fuera de un archivo de conversaciones que, según la propia autora, “no hay libro que soporte, ni una enciclopedia”. Sobre cómo supo en qué punto detener la selección, De la Vega admitió que no hubo un corte definitivo sino una decisión de convivir con la incertidumbre: “Esto es un punto, punto y aparte. No es un punto final”. Consultada por la cantidad exacta de entrevistas retomadas, reconoció que resulta imposible precisarla: “Comencé por una, pero en ese cuento que ella me echó me acordé de otra que me dijo lo mismo, pero en otras palabras, y me acordé de otra que también era importante”.
En lugar de dedicar capítulos a entrevistas individuales, optó por organizar el contenido por temas: el diálogo interno, la forma de callar a la “voz tóxica” o la sororidad entre mujeres. Esa decisión le permitió cruzar testimonios de invitados tan distintos como Marián Rojas Estapé, Mario Alonso Puig, Margarita Pasos, Joe Dispenza y Walter Riso dentro de un mismo capítulo. “Así los fui hilando. No es que en cada capítulo haya una entrevista distinta, es que en un capítulo hablo de un tema”, precisó.
El proceso de escritura se extendió durante cuatro años, un plazo que la autora atribuyó a la dificultad de fijar un cierre editorial mientras el pódcast seguía produciendo material nuevo. “Tengo que agradecerle mucho a Penguin Random House porque fue muy paciente. Yo estuve cuatro años escribiendo este libro porque era muy difícil decir hasta aquí”, relató. La editorial le permitió incorporar entrevistas recientes de 2025 sin descartar las de 2019 y 2020, un período que la autora calificó de central “no solamente para mí a nivel personal, sino también para la humanidad con lo que pasó en pandemia”.
Esa misma pandemia marcó un quiebre en la manera de trabajar de la conductora, que debió reemplazar los encuentros presenciales por videollamadas. “Tuve que reinventar la manera de conversar con gente y lo hice a través de Zoom, como hizo mucha gente. Y bueno, y así sobrevivimos”, recordó. Sobre qué la atrae del formato de entrevista que sostiene desde hace tiempo, explicó que funciona como una vía de autoconocimiento tanto como de descubrimiento del otro: “Me ayuda a conocer gente, me ayuda a verme a mí misma. El pódcast para mí es un espacio de descubrir gente nueva, con nuevos temas, con cosas que no nos hemos atrevido a hablar en otras plataformas”.
La autora admitió que durante buena parte de su trayectoria evitó exponer sus propias dudas en público. “Mi identidad estaba solamente construida en lo que pasaba afuera, en el público donde llegaba, en la validación de la gente fuera. Y tenía toda esa validación menos la mía”, explicó sobre los años previos al lanzamiento del pódcast en 2019, cuando decidió abrir el programa con una entrevista a la escritora y actriz colombiana Isabella Santo Domingo. En aquel momento, dijo, conseguir que las invitadas hablaran de sus debilidades exigía que ella misma expusiera las propias primero. Consultada sobre si esa vulnerabilidad fue lo que atrajo a su comunidad de oyentes, respondió que no se trató de una estrategia sino de una necesidad genuina: “No lo hice para atraer a oyentes ni nada. Lo hice desde un lugar muy sincero: algo me está pasando, no sé qué es, pero lo que hacía antes ya no me da felicidad”.
Sobre si trasladar esa misma exposición personal al papel resultó un ejercicio difícil, la autora fue categórica al señalar que la práctica acumulada le había allanado el camino. “No lo fue, porque ya yo vengo siete años hablando de esto, siete años viéndome a mí misma y mostrando mis monstruos. Ya no me hace ruido poner en páginas que se van a quedar a lo largo del tiempo”, afirmó.
“Si tú eres lo que haces y no haces lo que eres, entonces, ¿quién eres?”, es la pregunta que, según De la Vega, la acompañó durante años de trabajo interno y que terminó de resolver mientras escribía el libro. Sobre qué le dejó específicamente ese proceso de escritura, lo describió como un ejercicio de reconocimiento retrospectivo: “Fue conectar con esa historia que me hizo a mí cambiar mi contenido, comunicar otras cosas, conocer otras personas y transformarme. Fue bonito ver dónde estaba yo, ver mi manera de pensar, ver el hueco donde estaba”. La respuesta que hoy ofrece a la pregunta sobre su identidad prescinde de los títulos profesionales que antes usaba para presentarse: “Me puedo definir como una mujer curiosa, como una mujer creativa, con mucha fuerza interna. Definirme solamente por mi profesión me estaba limitando el ser humano que cada uno de nosotros es”.
El paralelismo entre su historia personal y el eje del libro aparece de forma explícita cuando la autora describe lo que llama el “sueño americano”. “Yo estoy muy agradecida con Estados Unidos, que me ha ayudado a desarrollar otro lado de mi carrera. Pero yo creo que ese sueño americano fue interno. Fui a buscarlo afuera y lo terminé encontrando dentro de mí”, sostuvo, en una reflexión que conecta el relato migratorio con el proceso de reinvención que atraviesa toda la obra. A esa misma versión de sí misma que emigró hace quince años, dijo que hoy le pediría flexibilidad: “Yo estaba tan apegada a una identidad que solamente me la daba lo de afuera. Le diría a esa Erika que fuera un poquito más flexible en todos los aspectos, desde la maternidad hasta el trabajo”.
Consultada sobre el futuro del proyecto, De la Vega no descartó nuevas entregas editoriales que recojan el material que quedó fuera de esta publicación. “Quedó mucha gente por fuera. Y eso lo traté de ver como una buena noticia, queriendo decir que hay mucho más que contar y compartir. Quizás hacemos tomo uno, tomo dos, tomo tres y tomo cuatro”, adelantó, sin precisar fechas ni contenidos concretos.
El cierre del libro, según contó su autora, funciona como una invitación a mirar hacia atrás antes de seguir avanzando. “Es importante poder ver las veces que has podido salir de crisis, las veces que has podido saltar barrancos, las veces que has podido rescatarte a ti misma, porque poderlo recordar te da esa capacidad de saltar el próximo que venga”, reflexionó De la Vega, que definió el verdadero éxito como “diseñar una vida que nos guste”, la misma idea que, según dijo, atraviesa cada conversación de su pódcast.














