Cuáles son los estados sin impuesto a los comestibles donde los jubilados pueden ahorrar en comida
Cuáles son los estados sin impuesto a los comestibles donde los jubilados pueden ahorrar en comida

Una pareja jubilada que gasta USD 500 al mes en alimentos puede ahorrar entre USD 300 y USD 500 al año si vive en un estado que no cobra impuesto sobre las ventas a los comestibles. La diferencia impacta en hogares que dependen del Seguro Social y tienen ingresos fijos.

Según Investopedia y datos de la Tax Foundation, organización de política tributaria, cinco estados no cobran impuesto estatal sobre ventas: Alaska, Delaware, Montana, New Hampshire y Oregon. En Delaware y Oregon, además, no existe un impuesto estatal general a las compras minoristas ni un impuesto local amplio al consumo, por lo que el cargo en el supermercado suele ser de 0%.

La publicación resumió esa diferencia con una definición precisa: “Solo Oregon y Delaware no aplican en absoluto impuestos estatales generales a las ventas de los consumidores”.

La regla no es uniforme en todo el país. En varios estados sí existe un impuesto general sobre ventas, pero los comestibles no preparados están exentos.

En la práctica, eso significa que productos como ropa o artículos de limpieza pueden pagar la tasa general, mientras los alimentos básicos quedan fuera. Para quienes dependen del Seguro Social o de una pensión modesta, esa distinción se traduce en una diferencia sostenida, mes a mes.

En números simples, la lógica es directa: si una compra mensual de USD 500 estuviera gravada, cualquier tasa aplicada a los comestibles se acumularía a lo largo del año. Por eso, la exención —o la ausencia total de impuesto estatal— se vuelve un factor relevante dentro del presupuesto del retiro, incluso antes de considerar otros costos de vivir en un estado u otro.

En algunos estados, el impuesto estatal sobre ventas existe, pero deja afuera los alimentos destinados al consumo en el hogar. En ese esquema, el alivio fiscal se concentra en los comestibles no preparados, pero no se extiende necesariamente a otros rubros de la canasta familiar.

Estados como Texas no gravan los comestibles, una política que reduce la carga del impuesto sobre las ventas para familias y jubilados. En Florida, la ley también exime la mayoría de los alimentos destinados al consumo en el hogar, aunque otros productos sí pagan la tasa general.

En varios estados los alimentos para el hogar están exentos aunque exista impuesto general

Una pareja de adultos mayores elige productos en los pasillos de un supermercado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa diferencia se vuelve más visible cuando se compara con un escenario en el que los comestibles sí están alcanzados por el impuesto general. En ese caso, el gasto crece de forma automática: no depende de una decisión de consumo puntual, sino de una regla que se aplica cada vez que se pasa por caja.

En Nevada, por ejemplo, los comestibles y los medicamentos están exentos del impuesto estatal sobre ventas, pese a que la tasa general promedio se mueve entre 6.5% y 7% en muchas zonas. Con ese parámetro, un jubilado que compra USD 500 en comida por mes pagaría unos USD 360 al año si residiera en un lugar donde se aplicara 6% a los comestibles; con tasas más altas, el monto se acerca a USD 500.

La consecuencia práctica es directa: vivir en un estado que excluye los alimentos del impuesto puede equivaler a liberar el dinero de varias compras de supermercado a lo largo del año. En un presupuesto ajustado, ese margen puede destinarse a comida, medicinas o un ahorro de emergencia, sin necesidad de recortar en otros gastos esenciales.

La ausencia de impuesto estatal no elimina siempre los cargos locales

Una pareja de jubilados selecciona productos en el pasillo de un supermercado, buscando opciones para optimizar su gasto en comestibles. (Imagen Ilustrativa Infobae)

No tener impuesto estatal sobre ventas no significa, necesariamente, que las compras queden libres de tributos en todo el territorio. Investopedia advirtió que un estado sin impuesto estatal no garantiza que en todas sus ciudades o condados las compras estén exentas.

El medio lo planteó de forma explícita: “Que un estado no tenga impuesto estatal no significa que en ninguna localidad se cobre impuesto a las compras”.

El caso más claro es Alaska, donde los gobiernos locales pueden aplicar sus propios impuestos sobre ventas y, en algunos casos, incluir los comestibles. Por eso, aun dentro de un estado que figura en la lista de “sin impuesto estatal”, el costo real puede variar según la localidad.

Los impuestos locales pueden cambiar el ahorro

El mapa también cambió en los últimos años. Según AARP, organización estadounidense dedicada a personas mayores, Oklahoma eliminó su impuesto estatal a los comestibles en 2024, mientras que Arkansas e Illinois harán lo mismo a partir del 1 de enero de 2026, aunque en los tres casos seguirán vigentes los impuestos locales.

Esa diferencia entre impuesto estatal y cargos locales es clave para evitar una lectura incompleta. Un estado puede ofrecer una exención amplia a nivel estatal, pero el gasto final dependerá de si la ciudad o el condado agregan su propia tasa y, sobre todo, de si esa tasa se aplica o no a los alimentos.

En hogares con margen reducido, ese detalle puede inclinar el cálculo anual. La decisión de dónde vivir no se define solo por el impuesto a los comestibles, pero el rubro comida es lo suficientemente constante como para que cualquier punto porcentual tenga impacto sostenido.

El costo de los impuestos a la comida también debe entrar en el plan de retiro

Una pareja de jubilados revisa productos en un supermercado con su carrito lleno de víveres. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para quienes evalúan dónde retirarse, el efecto no se limita al supermercado. Kiplinger, medio especializado en finanzas personales, señaló que elegir el estado adecuado para la jubilación puede influir de forma directa en la estabilidad financiera, sobre todo en hogares que dependen casi por completo del Seguro Social o reciben una pensión modesta.

Esa evaluación puede ser más favorable en estados que combinan la exención de impuestos sobre comestibles con otras políticas tributarias beneficiosas para el retiro, como no gravar pensiones o cuentas 401(k). En ese marco, el impuesto a los alimentos funciona como un indicador concreto: se paga todas las semanas y no suele ser optativo.

La recomendación práctica parte de tres verificaciones: confirmar si el estado excluye los comestibles del impuesto estatal, revisar la tasa local en la ciudad o el condado y sumar ese costo al presupuesto de jubilación. Las tablas de la Tax Foundation, las guías de AARP y los sitios de los departamentos estatales de ingresos detallan qué productos están exentos y cuáles pagan.

Esa revisión es necesaria porque incluso en estados favorables a los comestibles, los gobiernos locales pueden añadir entre 1% y 2% sobre las compras. Kiplinger recomienda calcular ese gasto anual antes de una mudanza, especialmente cuando el ingreso del retiro ya está definido y hay menos margen para absorber aumentos.

El texto también señala que consultar con un asesor financiero o con consejeros de oficinas para adultos mayores puede ayudar a identificar beneficios adicionales, incluidos programas de asistencia alimentaria o descuentos específicos para personas de 60 años o más.

En un escenario de inflación y presión sobre el costo de vida, la diferencia entre pagar o no pagar impuestos sobre la comida puede no parecer grande en una sola compra, pero sí en el balance de un año entero.