Lucía Ermiaga tenía 52 años. En los primeros minutos del viernes pasado, cuando iba al volante de su Fiat Uno y volvía a su casa con sus mellizos tras festejar con una cena el cumpleaños de su hijo mayor, un Volkswagen Bora conducido por Gonzalo Frascuelli la embistió. Ella murió en el acto; él quedó detenido.El caso causó conmoción y estupor: no solo por quién era ella, sino por las circunstancias que rodean el hecho. Es que Frascuelli, a sus 19 años, ya carga, con esta, dos muertes al volante. Y ahora no solo es motivo de investigación cómo ocurrió el hecho, sino cómo hizo para volver a obtener el registro que le retuvieron hace 16 meses.La conmoción en Lobería, la ciudad en la que vivía y en la que era conocida por su participación social, fue inmediata. Lucía era una persona muy querida en una ciudad de 15.000 habitantes donde “todos se conocen”: profesora de yoga y estudiante de la Licenciatura en Psicología, había retomado sus estudios universitarios a los 50 años. Su historia personal, marcada por la decisión de reorientar su vida, multiplicó las muestras de dolor en redes sociales y en ámbitos institucionales.“Lucía llegó a nuestras aulas con un sueño que había esperado mucho tiempo: el de estudiar lo que siempre quiso. Lo hizo con todo. Dejó su trabajo, reorganizó su vida y se entregó a sus estudios con una energía que contagiaba a quienes la rodeaban”, resumieron desde la Universidad en Lobería con un emotivo posteo en su memoria.El trágico episodio ocurrió alrededor de las 0.30 del viernes pasado, en la intersección de las calles 25 de Mayo y 1° de Mayo, en pleno centro de Lobería. Según la reconstrucción de los investigadores, Frascuelli conducía el Bora que impactó contra el Fiat Uno en el que se trasladaba Ermiaga, quien volvía de celebrar los 18 de su hijo mayor.El impacto fue tan violento que el Fiat Uno de la víctima volcó. Lucía murió en el acto, mientras que uno de los mellizos de 12 años, que viajaban en el asiento trasero, sufrió una fractura de clavícula.“Yo estaba en un club acá en el cual participo, que es Independiente de Lobería, en un torneo de truco; alguien me llamó y me dijo que había habido un accidente”, relató a LA NACION Julio Ardanaz, el padre de los mellizos, exfutbolista y exárbitro.Agregó: “Me insistían mucho con que los nenes estaban bien, pero no me decían nada de Lucía. Cuando llegué ahí a la esquina esa, me asomé y vi el auto nuestro volcado. La gente me agarraba porque en Lobería nos conocemos todos, somos un pueblo chico. Hasta que llegó el momento en el que me asomé al auto y ahí vi la cabecita de ella tirada como fuera de la puerta y el manchón de sangre. Me di cuenta de que estaba muerta”.En ese contexto, la investigación no solo buscará establecer las responsabilidades penales en el choque mortal, sino determinar si existieron fallas institucionales que permitieron que un conductor con antecedentes graves volviera a circular. Es que el 23 de diciembre de 2024, Frascuelli protagonizó un incidente en la ruta que terminó con un vuelco y con su amigo Mateo Lauga muerto.En ese momento se le retuvo el registro y el joven obtuvo otro en San Cayetano. La respuesta al interrogante sobre la licencia, sostienen fuentes del caso, será clave para comprender por qué una tragedia anunciada terminó por repetirse.“Hace poco más de un mes ella me decía: ‘¿Corazón, te acordás vos de este chico?’ Ella me decía corazón… ‘Sigue haciendo boludeces y corriendo picadas. En cualquier momento se va a mandar otra macana’, me dijo. Y bueno, se la mandó nomás el pibe. Me la mató a ella. A Lucía. A mi amor. A una madre ejemplar, una chica íntegra, buena, con un gran corazón“, resumió emocionado Julio.La causa está en manos del fiscal José Luis Cipolletti, titular de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N°1 de Necochea, quien imputó a Frascuelli por “homicidio culposo agravado y lesiones culposas agravadas por la conducción de vehículo a alta velocidad”.Según pudo reconstruir LA NACION a partir de fuentes judiciales, distintos testimonios y registros preliminares indican que el VW Bora conducido por Frascuelli circulaba a una velocidad superior a la permitida e incluso habría estado involucrado en una eventual “picada” con otros vehículos momentos antes del impacto.Frascuelli PicadasEl testimonio de los ocupantes de una camioneta BMW es clave para reafirmar la hipótesis de la causa, basada en un video que recibieron anoche en la fiscalía. Según esa pareja, dos autos estaban corriendo picadas y se le pegaron a la camioneta. Mientras aceleraba con el afán de alejarse, el conductor, de apellido Álvarez, le comentó a su compañera: “Estos tarados me van a chocar el auto nuevo”. Acto seguido se detuvo a un costado y vio cómo se alejaban. Apenas 70 metros más adelante se produjo el impacto con el Fiat Uno conducido por Lucía.Tras el siniestro mortal, los primeros estudios descartaron la presencia de alcohol en sangre en el conductor: el test de alcoholemia arrojó resultado negativo, al igual que los peritajes toxicológicos iniciales. Así, la calificación legal se sostiene en el exceso de velocidad y la conducta imprudente al volante.El antecedentePero el dato que profundizó la indignación en Lobería surgió al revisar los antecedentes del imputado. Apenas 16 meses antes, el 23 de diciembre de 2024, Frascuelli protagonizó otro siniestro fatal en la Ruta Provincial 227. En aquella oportunidad conducía un Toyota Corolla que volcó tras perder el control, aparentemente tras un impacto con un pozo. Como consecuencia del hecho murió su acompañante y amigo, Mateo Lauga, también de 19 años.Esa causa, inicialmente caratulada como homicidio culposo, fue cerrada hace apenas un mes tras ser considerada producto de un accidente no atribuible a una impericia, imprudencia o negligencia del conductor.Pero a la luz de lo que ocurrió el último Día de los Trabajadores, aquella decisión judicial generó cuestionamientos en la familia de la víctima. “Con este caso estamos reviviendo todo de nuevo”, le dice Fernando Lauga, papá de Mateo, a LA NACION.Y agrega: “En Lobería nos conocemos todos y yo les advertí a las autoridades de que este pibe seguía haciendo picadas y que se iba a mandar otra macana. Pero nadie hizo nada; logró sacar otra licencia de conducir y acá estamos, lamentando la muerte de Lucía”.El hombre, de 52 años y productor ganadero, aportó un dato nuevo: “En nuestra causa todo se cerró como un accidente: hablaron de que la velocidad era la correcta, pero si ves cómo quedó el auto hay algo que no cierra. Después dijeron que se había comido un pozo y había perdido el control, y como no había alcohol en sangre no hubo condena. Hubo diversas versiones, pero nunca me dejaron ver las cámaras. Aunque nos informaron que nuestra causa se reabrió”.Otro eje central de la investigación apunta a determinar cómo Frascuelli continuaba habilitado para conducir. Tras el primer siniestro, en Lobería le habían negado la renovación de la licencia. Según supieron los vecinos, en dos ocasiones le mintió a la psicóloga cuando ella le preguntó si había tenido algún accidente automovilístico previo.Sin embargo, el joven habría fijado un domicilio alternativo en San Cayetano, a unos 140 kilómetros, donde logró obtener un nuevo registro. Según se investiga, durante ese trámite también habría omitido informar sus antecedentes de siniestralidad vial.El papá de Mateo Lauga cuestiona el rol de los padres de Frascuelli: “Se portaron muy mal conmigo. Yo tenía una relación comercial con ellos y desde aquel 23 de diciembre de 2024 nunca más tuvimos vínculo. Es más: el día que fui a dejar a mi hijo al cementerio pasé por el hospital a ver a Gonzalo, que estaba internado porque se había golpeado el pecho contra el volante. Fui a su casa para ver si necesitaban algo, pero el padre salió enojado y culpó a mi hijo y me dijo que era Mateo el que manejaba. Pasó un año y medio desde que la causa determinó que al volante iba Gonzalo y todavía estoy esperando sus disculpas”.Mientras la defensa del imputado solicitó su excarcelación, la causa avanza con la recolección de pruebas y testimonios. En paralelo, la ciudad de Lobería se moviliza bajo una consigna que sintetiza el clima social: “Justicia por Mateo y Lucía”.Desde su impotencia y “tratando de rearmar la vida después de que se muera un hijo”, Fernando Lauga cierra: “La noche del viernes yo estaba animando una peña en la escuela a la que había ido Mateo hasta que llegó la noticia: que un loco en un Bora había chocado y matado a una mujer. ¡Sentí una impotencia! Porque yo anticipé que esto podía volver a pasar. Eso es lo que más me duele. Lo único que quería era evitar otra desgracia. Y no pude”. 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