A sus 86 años, Betiana Blum tiene la misma energía y la piel lozana de cuando estrenó Esperando la carroza, en 1985. Hace algunos meses terminó Mamá, comedia que la tuvo como protagonista durante dos temporadas, y el 3 de mayo vuelve a subirse al escenario, esta vez en el Teatro Regina, los viernes y domingos, para hacer El diario de Adán y Eva en una versión de Sebastián Parrota, autor teatral y de televisión y único hijo de la actriz.En diálogo con LA NACION, en un break en los ensayos con Antonio Grimau, el otro protagonista de la puesta, Blum acepta zambullirse en su historia, hablar de algunos de sus personajes icónicos y contar sus experiencias de avistamiento de ovnis. Además, revela cuál es su secreto para lucir tan joven y cuenta cómo quedó su relación con Moria Casán después del escandaloso relato de la exvedette y conductora.-¿Cómo se dio la posibilidad de hacer El diario de Adán y Eva?-Todos tenemos en la cabeza, consciente o inconscientemente, el tema de Adán y Eva… Del comienzo. Es una versión que escribió Sebastián Parrota, tomando los textos de Mark Twain, y tiene una energía que realmente te mueve. Porque es el origen y es un misterio. Es una obra tierna, que tiene humor y los personajes son muy interesantes. Estoy muy contenta de hacer este espectáculo porque es un tema que realmente nos hace cosquillas, nos moviliza. Es muy bello el texto y la puesta también, con luces y música. El teatro es en vivo y no tiene red, aunque me gusta todo porque el cine tiene la posibilidad de ser más cuidado, y en la televisión te dan el libro y tenés que salir a grabar y no hay mucho tiempo de elaboración. Además, es una delicia trabajar con Antonio, con quien hice Gigi en teatro, hace muchos años. Y después nos cruzamos muchas veces en las novelas de Polka.-Siendo tu hijo el autor de la obra, ¿él te convocó a vos o vos le pediste que te escribiera algo?-Le pregunté a Sebastián si quería hacer una versión de una obra que pudiera crear y me propuso esta de Mark Twain. Y me dijo que iba a hacerlo para mí. Es la primera vez que trabajamos juntos.-¿Y cómo es compartir trabajo con tu hijo?-Nos llevamos muy bien. Y cuando me mostró el material, me encantó. Es increíble cómo logró los diálogos. Investigó, buscó las traducciones, revisó textos. Estamos contentos con la versión. Y con Grimau nos llevamos bárbaro, y tenemos un director joven que es Juan Pablo Ragonese y hace un trabajo muy hermoso de luces y de puesta. Es una obra conmovedora en la que los roles están muy marcados: Adán es quien construye y Eva mira la Luna (risas).-No parás nunca de trabajar…-No (risas). Hasta hace poco hice Mamá, una comedia muy linda. Ellos querían seguir de gira, pero la verdad es que estaba un poco cansada.-¿Un actor nunca se jubila?-No sé, hay de todo. Hay gente que se retira y está regia, y otra que se enferma y se muere. A mí nunca se me cruzó por la cabeza retirarme. No, jamás. Es una decisión. Me gusta dar… Y me parece que la acción de dar es fundamental… Es estar viva. Agradezco mucho todo lo que me dio esta profesión, el amor de la gente.-Betiana, no te pasan los años… ¿Cuál es tu secreto?-Quizá que hace muchísimos años que soy vegetariana. Desde los 30 años que no como carne. Fue muy gracioso porque escuché una conversación durante una clase de Augusto Fernández, y hablaban de un escenógrafo que estaba haciendo una dieta vegetariana. Me acuerdo que se me encendió una lucecita y dije: “¿Se puede vivir sin comer carne?”. Sentí como si me hubiera sacado una piedra de encima porque no me gustaba comer carne, evidentemente. Entonces empecé a investigar, me dieron un libro de Georges Ohsawa que se llama Sois todos SanPaku. Y empecé el romance con el vegetarianismo.-¿Te resultó muy complicado dejar de comer carne?-En esa época no hay todo lo que existe ahora, que podés elegir una gran variedad de alimentos. Tenía que comprar el té verde y secarlo yo misma, y cocinar todo. Me acuerdo que los diez primeros días comí solamente arroz integral, para desintoxicarme. Enseguida empezaron a preguntarme qué me había hecho, y a decirme que estaba más flaca y tenía linda la piel. De ahí pasé a comer bocaditos de arroz rehogados con cebolla, los hacía con mis manos y les daba un golpe de horno. Hice lo que sentía. Para mí fue una gran liberación saber que podía estar sana y vivir sin comer carne.-¿También a partir de entonces empezó tu camino espiritual?-Creo que esa visión la tuve desde niña. Vivía en Sáenz Peña, Chaco, y un día fue un coro a cantar. Como no había hoteles se quedaban en casas y una mujer vino a la nuestra, y escuché una charla que tuvo con mi mamá. Esta señora le decía que yo siempre tenía una sonrisa en la cara. A ella le llamó la atención eso y a mí me sirvió esa observación. Porque, evidentemente, yo tenía un estado de felicidad continuo. Estaba en paz. Y era muy chica, tendría unos 9 años. Hice muchos seminarios a lo largo de mi vida, investigué, y lo que voy entendiendo y me voy dando cuenta, es que la gran lucha es con uno mismo. Estamos centrados en lo que necesitamos pero, ¿y el otro qué necesita? Creo que la mirada hacia el otro… Es algo que hay que aprender. Las parejas muchas veces se separan porque cada uno está en lo suyo y no toman en cuenta al otro. View this post on Instagram-¿Hace muchos años que estás sola?-Sí, hace unos años. En este momento, no es un tema para mí. Porque sino, buscaría. Sé estar sola y me gusta mucho mi trabajo, tengo un nieto de 17 años, Renzo, que quiere ser actor.-Debe ser un orgullo para vos…-Sí, pero me da una pena que ahora no haya nada para los actores. Es algo que le gusta desde chiquito. Me acuerdo que una vez fuimos a un teatro y mi nieto subió los escalones y al llegar al escenario, lo besó. Quedé sorprendida porque nunca se me ocurrió hacer eso.-Sos una de las actrices más queridas, ¿alguna vez te preguntaste por qué?-No, pero lo valoro muchísimo. Lo noto en la calle con cada persona con la que me cruzo y que me mira, y automáticamente sonríe. Se les ilumina la cara y yo digo: “Ay, esto es una bendición”. Se ve que he hecho trabajos que los han conectado con cosas alegres o que les hizo bien…-Y de los muchos personajes que interpretaste, ¿tenés preferidos?-La mayoría tienen algo: las participaciones en unitarios o los personajes de las novelas de Polka, porque todos fueron lindos y con mucho humor. Me gusta hacer drama y comedia, porque la vida tiene todo y no es de una sola manera. Hace poco empecé a tomar conciencia de que han pasado muchos años.-Todos recuerdan especialmente a la Nora de Esperando la carroza. ¿Es uno de tus personajes preferidos?-No, pero la gente ama esa película. La siguen viendo y es tan actual y creo que es porque se dieron muchas cosas. El autor, Jacobo Langsner, era un tipo con un amor enorme por el ser humano y un sentido del humor muy profundo, y en la película hace una crítica del ser humano desde el humor. Y el director, Alejandro Doria, no te estaba encima: te dejaba y confiaba, y por ahí preguntaba. Era muy lindo trabajar con él, y tenía una visión clara de lo que quería. Nora no es mi personaje preferido, pero me gusta mucho la película y cómo está hecha. Y después, tiene un grupo de actores estupendos que realmente estuvimos muy atentos a la dirección. No es que cada uno hizo lo que quiso. Entonces, se dieron muchas cosas.-Si se diera la posibilidad, ¿te gustaría volver a hacer televisión o cine? -Me encantaría. No sé si se van a volver a hacer tantas ficciones como antes. Me acuerdo que había épocas en las que grababa todo el día y después hacía teatro, a la noche. Ahora los canales tienen programas que embrutecen a la gente. No me gusta la tele de hoy. Por ahí veo un poquito algún noticiero… Lo que aguanto. Está brava la cosa, muy brava. Me enganché con el viaje a la Luna. Es interesante eso… Porque, que hay ovnis, los hay. Cuando estuve en Machu Picchu, hace unos años, tuvimos un encuentro con un chamán que hizo un ritual, nos pidió que cerráramos los ojos mientras él invocaba. Y de pronto abrí los ojos y todo lo que vemos fijo en el cielo, se movía. Ellos te pasan de dimensión… Fue una experiencia impresionante. Y después, sobre las montañas, había una luz blanca, de forma humana. Los demás no abrieron los ojos y yo sí. Qué me hizo abrirlos. Y aclaro que no habíamos tomado nada, estábamos normales.-¿Viste ovnis en otras oportunidades?-Sí, en Sedona, en Arizona, donde hay un monte con forma de taza de café. Se veían platos voladores pero transparentes, que entraban en la montaña. Yo estaba haciendo un seminario. Hace poco leí algo interesante que decía que los platos voladores eran de acá, de la Tierra, y no de otra galaxia. En una parte de la Antártida se descubrieron otras civilizaciones y quizá provengan de ahí, de otras civilizaciones de la Tierra que no conocemos. De todas maneras, creo que la vida es ahora y acá… View this post on Instagram-Cambiando de tema, ¿hablaste con Moria después del escándalo que se armó cuando fuiste a verla al teatro?-No. Fue una locura eso y yo no entro. Vi el espectáculo (Cuestión de género, en el Metropolitan) y cuando terminó ella dijo que yo estaba en la casa y el público hizo una ovación impresionante. Después me dijeron si quería ir a saludarla, y en su camarín le comenté que la obra me había gustado y que me parecía que la primera parte tenía mucho texto, que quizá había que peinarlo, un poquito. Y ella me gritó furiosa que el director lo había marcado así. Me quedé helada, porque creo que ni terminé de decir la frase. Yo no iba a discutir, simplemente quería aportar algo. Hicimos la foto, saludé a Jorge Marrale que está estupendo, y me fui. Para mí terminó ahí. Pero se armó un lío tremendo, todos los medios quisieron tener mi opinión y yo no atendí a nadie porque no tengo nada que decir. También me llamaron del programa de Moria, para ir. Y dije que no. El escándalo lo hizo ella. Navegación de entradasLos precios de los autos chinos en la Argentina en abril 2026 Ruta 66