Más de la mitad de los adolescentes argentinos usa la Inteligencia Artificial (IA) casi a diario. ¿Para qué la utilizan?En el “mejor” de los casos, usan el ChatGPT o Gemini para simplificar tareas escolares: resumir textos largos, pedirle a la IA que elabore informes o que comente un libro. En estos casos, los adolescentes usan la IA para poder terminar la tarea de la escuela en pocos minutos, lo antes posible. Y este es el uso menos grave que hacen los adolescentes de la IA.En el “peor” de los casos, somos testigos de adolescentes que usan la IA para crear contenidos falsos -textos o videos- que generan un fuerte daño emocional en la víctima. Un profundo agravamiento del bullying, que ya era preocupante antes de la IA.La pregunta más importante es: ¿Por qué lo hacen? ¿Será que los únicos usos posibles de la IA entre los adolescentes son para evadir la tarea, evitar el esfuerzo o promover el perjuicio emocional del otro? ¿Será mejor prohibir la IA en la escuela y terminar así, con estos problemas?La respuesta a ambas preguntas es NO.Porque el desafío, antes que prohibir es enseñar a pensar. Prohibir puede hacer creer que el problema desaparece, cuando en realidad sigue existiendo. Para que los usos peligrosos de la IA no sucedan, los estudiantes necesitan comprender los riesgos que la IA puede ocasionar, y lo que implican para ellos y para los demás.Si los gobiernos -en todo el mundo- continúan ponderando solamente los beneficios de la IA, y no forman a los docentes para que enseñen acerca de los usos no éticos que la IA puede generar, seguiremos viendo alumnos que entregan un examen escrito completamente por la IA y a estudiantes que crean videos falsos sin pensar en el otro.Los chicos, por su edad, cuentan con un saber instrumental, que les permite manejar la herramienta. Pero la actitud crítica que necesitan para ser ciudadanos digitales que piensan las tecnologías antes de usarlas, se aprende. Queremos que los adolescentes usen la IA, siempre que comprendan cómo funciona, cuáles son los principios que la rigen y qué límites debemos poner a sus usos.Más tecnología no se traduce automáticamente en más aprendizaje, ni en mejor educación. La variable más importante será siempre cómo se la acompaña, es decir cuáles son las competencias y habilidades que se buscan fortalecer.Responsabilizar a los estudiantes es desresponsabilizar al Estado. Porque en definitiva, la política pública es la única que puede evitar los usos de la IA entre los adolescentes, que nadie quiere.La autora es asesora principal de Unesco en ciudadanía digital Navegación de entradasGabriel Rolón: “La esperanza puede dejarnos incapacitados de jugar un deseo a la espera de que ocurran cosas que son más mágicas que personales”