Dentro de su celda de vidrio, la Hiena Humana contó con lujo de detalles cómo asesinó al taxista, causó conmoción y hubo que detener la audiencia
Dentro de su celda de vidrio, la Hiena Humana contó con lujo de detalles cómo asesinó al taxista, causó conmoción y hubo que detener la audiencia

CÓRDOBA. Los expertos en Salud Mental sostienen que los psicópatas se regocijan en su crueldad y que eso se exacerba cuando advierten que con sus actos y sus dichos causan más dolor. Roberto Carmona encaja perfectamente en esa definición y en el juicio que comenzó el lunes, en el que su rostro impávido queda expuesto a través del vidrio de la cabina especial de seguridad en la que está encerrado para prevenir que no ataque a nadie o no intente escaparse, ya ha dado muestras de que, para él, matar es solo un medio para conseguir sus objetivos.

En la audiencia inaugural del lunes, en la que se había definido como “un depredador”, confesó que había matado al taxista Javier Rodrigo Bocalón porque le había dado la opción entre “el auto o la vida”, y la víctima había elegido el coche con el que él pretendía huir tras haberse escabullido de la casa de su mujer, donde estaba en una visita conyugal supuestamente vigilado por seis guardiacárceles, mientras el país estaba paralizado por el partido de la selección argentina y la de Croacia por la semifinal del Mundial de Qatar. Era el 13 de diciembre del 2022.

En la segunda audiencia en los tribunales de Córdoba, el hombre al que llaman La Hiena Humana volvió a explotar su personalidad oscura y escalofriante. Y causó el efecto que seguramente su ego esperaba: conmoción en la audiencia, en el jurado popular y, especialmente, en el padre y la hermana de Bocalón, que entraron en una crisis nerviosa que obligó a una pausa en la audiencia. Fue cuando contó, con lujo de detalles, cómo había asesinado a sangre fría al taxista esa tarde en el barrio Las Violetas, del oeste de la capital provincial.

“Le hice señas y apareció el hijo del hombre manejando”, comenzó, y referenció a Raúl Bocalón, expectante en la sala. “Me convidó un poco de agua y le agradecí. Le dije que parara porque mi primo se iba a sumar al viaje. Eran mentira, mi primo no existía…”, agregó. Y, sin anestesia, lanzó: “Ahí lo ataco. Lo agarré del cuello y le metí el cuchillo”. En ese momento la hermana de la víctima le gritó: “¡Tenía nombre, Javier Bocalón se llama!”

Fue como una trompada en la cara. El padre y la hermana de Javier Bocalón comenzaron a gritar, shockeados. El presidente del tribunal, Marcelo Nicolás Jaime, puso una pausa para apaciguar tamaña conmoción. Pero es un juicio por un homicidio, y este era un punto crucial, sobre todo, en la voz de La Hiena.

El camarista pidió calma, aunque debió aclararle a Raúl Bocalón: “Créame que desde el tribunal lo entendemos, entendemos el dolor que sienten en este momento y nos solidarizamos. Les pido por favor que terminemos con este trámite. Si no me veré obligado a pedirles que se retiren”.

Después de esa intervención, Carmona aportó con lo suyo. “Quiero decirle al papá de la víctima que entiendo su posición. Cuando un ser amado nos es arrebatado queremos saber la verdad. Usted pidió que hubiera justicia y bueno, la justicia es esta mierda que nos toca a todos. De una manera u otra todos estamos involucrados en lo mismo”, afirmó, sin cambios en su tono o la inflexión de su voz, como si hablara del tiempo.

Dentro de su celda de vidrio, la Hiena Humana contó con lujo de detalles cómo asesinó al taxista, causó conmoción y hubo que detener la audiencia

Y sin más prosiguió con su relato cruel: “Lo abracé y le puse la cuchilla en el cogote, le entré un poco. Se lo pedí con cortesía y no entendió. Le dije ‘bajate loco porque te mato’. Y me dijo ‘no me robes la herramienta de trabajo” y le empecé a dar. No sé cuantas puñaladas le di”.

Y, como ya lo hizo el lunes, Carmona responsabilizó al taxista de su propia muerte. “Choco porque los pies de él estaban en los pedales del auto y no me permitían manejar. Por distraerme sacando eso, que incluso creo que le meto una puñalada en la pierna, no estoy seguro, choco intentando sacar los pies de él”. Y en final de su declaración de hoy dejó abierto el misterio: “Tenía un objetivo que no lo voy a decir porque me puede servir al futuro”.

Su vida en prisión

Carmona acumula tres condenas a perpetua y en la audiencia de este miércoles habló de su vida en la cárcel de Resistencia, la última donde estuvo antes del nuevo crimen, que cometió durante una visita conyugal, trasladado desde allí. “A partir de la desidia judicial que se dio en la provincia de Chaco respecto de mi libertad o salida transitoria y libertad condicional, podríamos decir que, lisa y llanamente, esto ya me hinchó las pelotas. Muchos años preso, 38 años preso, y no me daban el beneficio que correspondía, teniendo todas las garantías que requiere el Servicio Penitenciario”, describió, inmutable.

En ese sentido, resaltó: “Después de mucho pensarlo, llegué a perder el control de mi entorno; era demasiado lo que estaba viviendo. Es correcto cuando dijeron que intenté escaparme. Sí, no llegué al muro. Salté dos alambres, pero no llegué al muro, que era la garita por donde me iba a escapar”. Añadió que le compartió esos videos a su esposa, “la única persona en la que confió en el mundo”.

“Bueno, empecé a hacerme a la idea, empecé a armar la supuesta fuga. Y elegí muy mal irme precisamente de la casa de mi esposa, cuando antes pude haberlo hecho, ya sea caminando, en auto, en mi bicicleta, a caballo, donde fuera, cuando estaba en la granja Yatay de la provincia de Corrientes”. Se refería a una cárcel donde estuvo unos años, en la que gozaba de un régimen más flexible: “Vivía en una casa solo y me tenía que presentar únicamente dos veces al día, a las 7 de la mañana y a las 19, para afirmar mi presencia, un acto de presencia y me iba a hacer mis cosas. Así que bueno, no había muro, no había alambrado, corría, andaba en bicicleta hasta el río”.

De su fuga en Córdoba, el 13 de diciembre de 2022, cuando estaba en la casa de su esposa (será juzgada como cómplice de la evasión), planteó: “Perdí el norte. Tenía un objetivo que no puedo nombrar. No tenía claro dónde me iba a bañar, dónde iba a mear, dónde iba a comer, dónde iba a parar. Perdí totalmente el control como delincuente que he sido toda mi vida. Soy un depredador. Lo mío no tenía freno, más que la forma en cómo terminó todo”.

Las audiencias de este juicio podrían terminar este viernes o el lunes próximo. Mientras, Carmona cada jornada es trasladado desde la sala de los tribunales donde funciona la Cámara en lo Criminal y Correccional de 8ª Nominación hasta la cárcel de Bouwer con un procedimiento de máxima seguridad.

Por Prensa Pura Digital

DIARIO DE VILLA LA ANGOSTURA Y REGIÓN DE LOS LAGOS. NEUQUÉN.

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