Lula da Silva gobernará Brasil por tercera vez, un hecho inédito desde la recuperación democrática de la potencia sudamericana, que lo ubica en un nivel de mito político acaso sólo equiparable por su nivel de influencia a Getulio Vargas.

Con más del 98% de los votos escrutados, el Tribunal Superior Electoral confirmó poco antes de las ocho de la noche que Lula era el nuevo presidente de Brasil, al imponerse por casi dos millones de votos sobre Jair Bolsonaro. Pero la cantidad de votos no debe confundir, el final fue cerradísimo y otra vez se equivocaron las encuestas que vaticinaban un triunfo del líder del PT por entre 2 y 4 puntos.

Al final, Lula conseguía ganar por apenas un punto y medio y se confirmaba así que Brasil está absolutamente polarizado, lo que vaticina un desafío enorme para el tercer gobierno de Lula. Bolsonaro se asegura bloques muy importantes en el Congreso y gobernaciones claves como la de San Pablo, donde el bolsonarista Tarcisio Gómez de Freitas derrotó a Fernando Haddad, del PT, por 10 puntos. Es un golpe fuerte para Lula porque es su cuna política y además apostó por Haddad pensando en la sucesión de 2026. 

Tarcisio, el gran ganador de la oposición, reconoció la victoria de Lula y dijo que «podrán ponerse de acuerdo» para la gestión. Asimismo, confirmó que habló con el candidato a vice de Bolsonaro, Walter Souza Braga Netto, y dejó a entrever que no habrá ninguna resistencia de parte del bolsonarismo.

No obstante, el candidato del Presidente Onyx Lorenzoni perdió en Río Grande del Sur con el actual gobernador Eduardo Leite, del PSDB. El dirigente tucano había recibido el apoyo de Lula y se posiciona como presidenciable para 2026.

En San Pablo, el bolsonarista Tarcisio Gómez de Freitas derrotó a Fernando Haddad, del PT, por 10 puntos. De esta manera, Bolsonaro se asegura el control del Estado más importante de Brasil con un hombre de confianza. 

Por otra parte, Lula logró retener Bahía, uno de los bastiones icónicos del PT, con Jerónimo quien le ganó a ACM Netto, de Union Brasil (Centrao) por 4 puntos. 

Más temprano se registraron graves incidentes en Río de Janeiro y el Nordeste cuando la Policía decidió no acatar la orden del Tribunal Superior Electoral y retuvo de manera arbitraria más de 500 colectivos con votantes del Partido de los Trabajadores. En algunos casos, el operativo fue muy violento y la policía reprimió a quienes estaban dentro. 

El comando de Lula denunció un intento golpista del bolsonarismo pero el presidente del TSE, Alexander de Moraes, aclaró que ninguno de los colectivos volvieron a origen y todos asistieron a los centros de votación. 

La tercera presidencia de Lula estará llena de desafíos para nada sencillos. En primer lugar, la economía brasileña tiene previsto un crecimiento solo de uno por ciento para 2023 y si bien en los últimos meses se registró deflación en los precios de los combustibles, el alza que preocupa es de los alimentos. A diferencia de la primera gestión de Lula, Brasil tiene a sus principales empresas desmanteladas, privatizadas y trasnacionalizadas y un contexto internacional mucho mas desfavorable producto de la guerra en Ucrania. 

Además, las medidas económicas de Bolsonaro para recuperar votos en los sectores mas humildes como el Auxilio Brasil y otros subsidios, se calcula que va generar una bomba fiscal que obligará a Lula a tomar medias de ajuste o de aumento de impuestos para mejorar la recaudación. 

Para eso, deberá anunciar de forma rápida el equipo económico para dar tranquilidad en los mercados y evitar un escenario de volatilidad, los nombres que suman son de perfil técnico y liberal. Su compromiso con un modelo económico razonable deberá coincidir con su promesa de sacar a Brasil del mapa del hambre e implementar políticas sociales similares a la de su primer mandato. 

La tercera presidencia de Lula estará llena de desafíos para nada sencillos. En primer lugar, la economía brasileña tiene previsto un crecimiento solo de uno por ciento para 2023 y si bien en los últimos meses se registró deflación en los precios de los combustibles, el alza que preocupa es de los alimentos

Otro frente complicado que tiene en el horizonte es la relación con el Congreso. El Partido Liberal que llevó a Bolsonaro a la presidencia logró un bloque importante tanto en Diputados como de Senadores y junto con el Centrao, bloque conservador que maneja las mayorías parlamentarias y tiene la llave de los presupuestos y el juicio político, suman una mayoría de casi 300 en un sistema donde el número mágico es de 250. 

No obstante, un sector del Partido Liberal y otros partidos del Centrao están dispuestos a conversar con el nuevo presidente. El presidente de la Cámara de Diputados Arthur Lira, del Partido Progresistas, aliado de Bolsonaro y con liderazgos que integran el gabinete como el Jefe de Gabinete Ciro Nogueira, reconoció el resultado de las elecciones. Se trata de un apoyo importantísimo para la nueva etapa que se abre en Brasil.

En términos institucionales no queda prácticamente baches. Lira, el presidente del Senado Rodrigo Pacheco y la Corte Suprema aceptaron los resultados de los comicios.

Otro interrogante que todavía recorre el presente brasileño será el rol de las Fuerzas Armadas y de los militares que desembarcaron en el sistema político brasileño desde la llegada de Bolsonaro. Para eso, el nuevo presidente tendrá que designar un ministro de Defensa que pueda restablecer un diálogo que está cortado hace tiempo.

Un punto a favor de Lula es el respaldo internacional. Joe Biden no tardó en enviar su apoyo y reconocimiento y todo indica que el principal asesor de la Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, será parte de una transición que todo indica que será conflictiva. 

Un punto a favor de Lula es el respaldo internacional. Joe Biden no tardó en enviar su apoyo y reconocimiento y todo indica que el principal asesor de la Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, será parte de una transición que todo indica que será conflictiva.

En la misma línea se expresaron el francés Emmanuel Macron, Pedro Sánchez, el chileno Gabriel Boric, Gustavo Petro de Colombia, Alberto Fernández, Luis Lacalle Pou, Pedro Castillo de Perú,  el líder mexicano López Obrador y el Secretario General de la OEA, Luis Almagro.

La próxima etapa no tendrá a Bolsonaro en el Palacio Planalto pero sí a un bolsonariasmo movilizado que lo eligió como líder indiscutido y con capacidad de reacción ante cualquier reforma que intente realizarse. Eso marca el grado de división y polarización de la sociedad brasileña. Es claro que uno de las misiones de Lula es trabajo para reconciliación y unión de una sociedad partida. 

Lula hizo referencia a ese tema en su discurso de victoria donde destacó que «la defensa de la Constitución, el diálogo con el Congreso y gobernadores sin importar su pertenencia partidaria y enfatizó que «la bandera de Brasil sólo pertenece al pueblo brasileño». «No gobernaré para los que me votaron, sino para todos los brasileños», finalizó. 

La victoria de Lula tiene un costado simbólico y narrativa dado que hace tres años estaba preso y sin derechos políticos. Eso hizo que su campaña, la última de su carrera política, incluya un grado de desgaste que se nota en el cuerpo del nuevo presidente. Ante eso, fuentes muy cercanas a Lula confirmaron que su intención es reunirse el martes con todos sus aliados y recién la semana siguiente habrá confirmaciones respecto de los nombres del futuro Gabinete. Habrá que esperar si los tiempos de su descanso coinciden con quienes esperan señales de previsibilidad respecto de lo que vendrá en el futuro.

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