Visitamos la colorida casa y el taller de la gran ceramista Ángeles Castro Corbat
Visitamos la colorida casa y el taller de la gran ceramista Ángeles Castro Corbat

Hicimos la casa en 1991, pero era una mínima parte de lo que es hoy”, nos cuenta la ceramista Ángeles Castro Corbat, desde su taller en Tortuguitas. Es el mismo que tuvo durante casi dos décadas pegado a su casa hasta que compraron el terreno lindero, lo que le permitió seguir estando cerca del trabajo, pero con entrada independiente. Después de 35 años (y de ocho remodelaciones que fue haciendo por su cuenta a medida que crecía la familia), llamó a la arquitecta Mariana Battro para una última actualización: pasar su dormitorio a la planta baja. “Mariana tiene una capacidad para entender por dónde hay que ir que nos dejó encantados”.

Ángeles quedó cautivada por la cerámica desde chica, cuando su madre la mandaba a ella y a sus hermanas a tomar clases los sábados. “Empecé cerámica a los 6 años y me enganchó desde el primer momento. Salvo un año que me llevé todas las materias en la secundaria y no me dejaron ir, no tengo recuerdo de no haber hecho cerámica. Es una pasión que va más allá de mí”. Tanto así que contagió a su familia, que siempre estuvo vinculada a este taller: su hermana Inés trabajó con ella durante décadas; en algún momento pasó por acá su hijo Tobías; ahora está Miguel Pérez Cobo, su marido, y Miranda y Maite, motores de la nueva generación.

El espejo está colgado en ese mismo lugar desde el año 98. “Compré las varillas más grandes que había y lo hice exactamente de esa medida, que son las alturas de los contramarcos de las puertas de antes”.

“No entiendo la expresión: ‘No voy a poner colores fuertes por si me canso’. Yo me identifico ciento por ciento con el color; siempre me despierta una emoción distinta”.

Una frase que se mantiene presente en cada remodelación.

“Vi esta frase hace mil años en Pinamar. Cuando hicimos la casa, la pinté en esta misma pared y después de cada remodelación la vuelvo a escribir. Por más estilos o cosas que cambie, tengo que encontrarle el lugar: es como el código de entrada a la casa”.

Alrededor de la mesa que le compró a un amigo, sillas ‘Thonet’ que conserva desde hace más de 20 años. “Antes las usaba en
la galería, y de tanto ir y venir estaban arruinadas. Les mandé a arreglar el asiento y no las saqué más”.

“Como en mi familia somos todos muy del hacer, hay cosas que van apareciendo sin buscarlas. O son heredadas. Nada está hecho con la ansiedad de tener todo perfecto en un día”.

La escalera conduce a los dormitorios que quedaron en planta alta tras la remodelación. Macetón, plato de cerámica y lámparas colgantes (Castro Corbat).

La galería lograda

La ampliación les permitió ganar más de 45m2, que sumaron al jardín y la galería. “Fue un cambio enorme: pasamos de un espacio mínimo a uno gigante con la parrilla bajo techo. Todos los días agradezco tener ese lugar”.

La mesa, que estuvo muchos años en el comedor, ahora convive con sillas nuevas compradas online. Platos que Ángeles hizo en cartapesta, pintados con acrílico en ambas caras. “Me divierte darlos vuelta cada semana”.LIVING Casa Ángeles Castro CorbatPuerta corrediza en hierro negro y vidrio, que separa el dormitorio de la sala sin perder luz. Sobre el respaldo, una obra que Ángeles pintó en un bastidor de madera que encontró dando vueltas en su taller. La alfombra era de su madre, que la trajo de Turquía hace años.Maite, una de las hijas de Ángeles, posa junto a Perla, la galgo de la familia

“Adelante, dejamos una sala que usamos como segundo living. Antes, si los varones estaban mirando fútbol, con las chicas nos quedábamos en la cocina; ahora usamos este ambiente más íntimo”.

Escaleras arriba

Arriba quedaron los tres cuartos de los hijos, aunque ya no vivan acá. Hoy visitamos lo que era el cuarto de Maite.

Todo se destaca con fuerza contra este ambiente totalmente blanco, piso incluido. La mayoría de las obras las pintó Maite, que es socióloga y crítica de arte.“La idea de la pintura del ropero la saqué de una tela de una marca europea que estaba estampada en una moto Vespa. Me pareció tan increíble que la pinté cuando Maite tenía 15 años”.

Camino al taller

Entre cerámicas y plantas, lo que hoy es la galería del taller antes era el espacio que utilizaba para dar clases. Por allí ingresan cada semana clientes de diferentes puntos del país que van a visitarla en busca de sus artesanías.

La galería del taller, muy cerca de la casaCandelabros de la serie 'Tótem'.

El proceso creativo con las chicas se da de una forma muy espontánea; es un diálogo muy fácil porque, como yo nunca dejé de trabajar, siempre estuvieron orbitando el taller. En el hacer con el producto, vamos descubriendo nuevas formas y diseños”, comparte, feliz.

Maite y Miranda Pérez Cobo se criaron en el taller de su madre, Ángeles Castro Corbat. Y siguen trabajando juntas.

“Mis hijos estuvieron vinculados al taller desde siempre: fuera porque eran chiquitos y yo iba y venía, como vendedores los fines de semana o dando clases al grupo de niños”.

En pleno proceso, jarrones en diferentes tamaños antes de esmaltar.Estanterías llenas de las maravillas Castro Corbat, que también se pueden conseguir, desde el año pasado, en su local de la calle Godoy Cruz, en Palermo.Ángeles junto a sus hijas, Miguel (su marido) y parte del equipo que la acompaña desde hace 20 años en el taller. En cualquier dirección en la que se mire, belleza y más belleza.