Vestigios prehistóricos, historias de monarquías y paisajes únicos: así es Asolo, el pueblo de los cien horizontes
Vestigios prehistóricos, historias de monarquías y paisajes únicos: así es Asolo, el pueblo de los cien horizontes

En el corazón de la región de Véneto, Italia, se encuentra Asolo, conocido como el pueblo de los cien horizontes. Ubicado entre colinas, a 190 metros sobre el nivel del mar, ofrece vistas hacia la llanura de Treviso, la laguna de Venecia, las colinas Bérici y Euganeas, y los Prealpes, donde destaca el macizo de Monte Grappa. Cada ángulo del pueblo permite observar un paisaje distinto gracias a su disposición geográfica.

Origen y legado histórico

El nombre Asolo proviene del antiguo término “Acelum”, que alude a lo afilado o puntiagudo en referencia a las cimas sobre las que se asienta el pueblo. La historia del asentamiento es extensa. Se han encontrado vestigios de nómadas prehistóricos, como huesos de un mamut hembra datados en aproximadamente 35.000 años. Estos hallazgos, documentados por el sitio italiani.it, evidencian la presencia humana en la zona desde tiempos remotos.

Durante la época romana, a partir del 59 a.C., Asolo experimentó un desarrollo relevante tras la incorporación de los latinos a la comunidad paleoveneciana. Con el paso de los siglos, su control pasó por varias autoridades hasta la anexión definitiva a la República de Venecia, periodo que consolidó la importancia estratégica y cultural del enclave.

El origen histórico de Asolo se remonta a tiempos prehistóricos, con vestigios humanos datados en unos 35.000 años y un legado romano desde el siglo I a.C (Wikipedia)

En el Renacimiento, Asolo vivió un auge significativo. La República de Venecia otorgó el castillo local a Caterina Cornaro, reina de Chipre, quien transformó la ciudad en una corte frecuentada por intelectuales y artistas. Entre sus visitantes y residentes destacados se encuentran el poeta británico Robert Browning, el compositor Gian Francesco Malipiero, la actriz Eleonora Duse y la exploradora inglesa Freya Stark, todos ellos atraídos por el entorno y el ambiente cultural del pueblo.

Arte y arquitectura en Asolo

El pueblo de los cien horizontes no es solo una denominación literaria, sino también una experiencia concreta para quienes recorren sus calles y miradores. En jornadas despejadas, desde la torre cívica o la fortaleza medieval en la cima del monte Ricco, es posible divisar hasta las islas de Venecia. Johann Wolfgang von Goethe describió esta vivencia como fundamental para comprender la esencia de una ciudad.

El centro histórico de Asolo, principalmente peatonal, invita a recorrerlo a pie y permite descubrir distintos ejemplos de arquitectura. La Catedral alberga un retablo del maestro Lorenzo Lotto. También destacan las iglesias de Sant’Anna, Santa Caterina y San Gottardo.

En el Renacimiento, Asolo se consolidó como un centro cultural gracias a la corte de Caterina Cornaro y la presencia de artistas e intelectuales europeos (Wikipedia)

El Museo Cívico recopila la historia arqueológica y artística local, con obras de Bernardo Bellotto y esculturas de Antonio Canova, así como espacios dedicados a las figuras femeninas que forjaron el legado de Asolo: Caterina Cornaro, Eleonora Duse y Freya Stark.

Paisaje, gastronomía y tradiciones

Además de su patrimonio arquitectónico y cultural, Asolo mantiene arraigadas varias tradiciones. Es conocida por la producción de encajes y por el vino Prosecco, cultivado en las colinas circundantes. Las rutas de viñedos se prolongan hacia las colinas de Prosecco hasta localidades como Valdobbiadene y Conegliano, ambas vinculadas a la elaboración de espumantes.

Es habitual que los paseos en bicicleta por estos parajes concluyan con un aperitivo acompañado de productos regionales, extendiendo una costumbre que forma parte del modo de vida de la región.

Asolo ha sido incluido en la lista de los pueblos más bonitos de Italia por la conservación de su centro histórico y la hospitalidad de sus habitantes (Wikipedia)

Comunidad y turismo sostenible

Con una superficie de 25 kilómetros cuadrados y una población que ronda los nueve mil habitantes, Asolo destaca tanto por la conservación de su centro histórico como por la fortaleza de su comunidad. Según italiani.it, “su inclusión en la lista de los pueblos más bonitos de Italia” se atribuye a la vitalidad de sus tradiciones y a la hospitalidad de sus pobladores.

Asolo es un punto estratégico para conocer los tesoros del Véneto. A poca distancia en coche se encuentran dos joyas del patrimonio arquitectónico: Villa Emo y Villa Barbaro, esta última declarada “Patrimonio de la Humanidad” por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

También merece mención la proximidad a Bassano del Grappa y Castelfranco Veneto, localidad natal del pintor Giorgione, lo que amplía la oferta cultural del entorno. El ritmo de las calles, el aroma de flores en balcones y el sonido de campanas caracterizan la vida cotidiana.