Una de cada tres mujeres no identifica la perimenopausia cuando la atraviesa: los 7 signos que pueden marcar la diferencia
Una de cada tres mujeres no identifica la perimenopausia cuando la atraviesa: los 7 signos que pueden marcar la diferencia

Una de cada tres mujeres mayores de 35 años en Estados Unidos no sabe si está atravesando la perimenopausia, según un estudio publicado en Menopause basado en una encuesta a 7.640 mujeres. La incertidumbre fue mayor entre quienes reportaron síntomas más graves y en el grupo de 40 a 44 años.

La perimenopausia es la transición previa a la menopausia, cuando los ovarios comienzan a producir hormonas de forma cada vez más irregular. Puede extenderse durante años y desencadenar una variedad de síntomas que, lejos de ser exclusivos de esta etapa, se solapan con las experiencias cotidianas de muchas mujeres. Por eso, el diagnóstico suele requerir descarte y contextualización clínica.

La investigación, realizada en colaboración entre Flo Health y el Center for Women’s Health de la Mayo Clinic, midió cuán frecuente es esta incertidumbre, cuáles son sus causas y si varían según la edad o la intensidad de los síntomas.

¿Qué mostró el estudio?

La perimenopausia es la transición previa a la menopausia en la que los ovarios producen hormonas de forma irregular y los síntomas pueden extenderse durante años.

La incertidumbre sobre la propia etapa reproductiva alcanzó su pico en 42% entre las mujeres de 40 a 44 años, el grupo etario en el que la perimenopausia suele empezar a manifestarse con mayor intensidad. Entre las mujeres con síntomas graves, la proporción que desconocía su situación llegó al 37%.

El estudio empleó un diseño mixto: una encuesta cuantitativa con escala validada de síntomas y un análisis cualitativo de 409 respuestas abiertas de participantes que declararon no saber en qué etapa reproductiva se encontraban.

Del análisis surgieron tres grandes fuentes de incertidumbre. La primera, y más frecuente, fue la confusión de síntomas, que concentró el 56% de las respuestas. Muchas participantes reconocían síntomas físicos o emocionales pronunciados —alteraciones del sueño, cambios de humor, fatiga, niebla mental, sofocos, palpitaciones y dolores articulares— pero los atribuían a otras causas, como el estrés, la maternidad o el ritmo de vida, o los descartaban porque sus ciclos menstruales seguían siendo regulares.

El estudio de Menopause, realizado por Flo Health y la Clínica Mayo, analizó 7.640 encuestas y 409 respuestas abiertas sobre la etapa reproductiva.

La segunda fuente fue la falta de conocimiento y la búsqueda de información, presente en el 28% de los casos: varias mujeres no sabían qué significaba la perimenopausia, qué síntomas la caracterizan o partían de la premisa errónea de que eran “demasiado jóvenes” para estar en esa transición.

La tercera categoría, con el 16% restante, abarcó barreras para acceder a la confirmación médica, como consultas en las que las preocupaciones de las pacientes fueron minimizadas o sus síntomas atribuidos a otras condiciones.

Por qué los síntomas suelen pasar inadvertidos

El solapamiento entre los síntomas perimenopáusicos y las exigencias de la vida cotidiana es uno de los principales obstáculos. La fatiga, el insomnio, la irritabilidad y la dificultad para concentrarse son experiencias habituales en mujeres con cargas laborales y familiares intensas, lo que puede dificultar su vínculo con un cambio hormonal.

La falta de conocimiento sobre la perimenopausia explicó el 28% de los casos, mientras que las barreras para acceder a la confirmación médica representaron el 16%.

Louise Newson, médica clínica y especialista en menopausia, señaló, según el comunicado de prensa, que la perimenopausia sigue generando confusión tanto entre las mujeres como entre los profesionales de la salud. “Los profesionales sanitarios no siempre reconocen los síntomas como hormonales, y las mujeres pueden someterse a pruebas y exámenes innecesarios, además de que se les recetan numerosos medicamentos —como antidepresivos— porque los síntomas se analizan de forma aislada”, afirmó.

En su clínica, agregó Newson, atienden habitualmente a mujeres que fueron mal diagnosticadas o cuyas experiencias no fueron reconocidas ni comprendidas. Nikki Ramskill, médica especializada en salud femenina y fundadora de The Female Health Doctor Clinic, describió, según el comunicado de prensa, la perimenopausia como una transición en la que la producción hormonal ovárica se vuelve progresivamente variable, con síntomas que pueden fluctuar, desaparecer durante varios meses y luego reaparecer.

El peso de los ciclos regulares y del acceso a la consulta

Esa variabilidad dificulta la identificación clínica: la ausencia de un marcador biológico definitivo obliga a los médicos a construir un diagnóstico a partir del patrón de cambios que cada mujer reporta respecto de su estado anterior.

Los autores señalaron que la salud pública y la atención primaria deben mejorar el reconocimiento de la perimenopausia, cerrar brechas de conocimiento y facilitar el diagnóstico.

Uno de los malentendidos más extendidos, que el estudio también recogió, es la creencia de que tener ciclos menstruales regulares descarta la perimenopausia. Ramskill lo consideró “uno de los mensajes más importantes”: los síntomas pueden aparecer cuando los períodos aún parecen normales, en particular en las etapas más tempranas de la transición.

“Incluso una menstruación mensual aparentemente regular no indica que la ovulación y la producción hormonal se comporten exactamente igual que cinco o diez años atrás”, afirmó la médica, según el comunicado de prensa.

Las barreras de acceso a la atención médica fueron más frecuentes entre las mujeres de 40 a 44 años, mientras que las brechas de conocimiento predominaron en el grupo de 35 a 39. Liudmila Zhaunova, doctora en ciencias y directora científica de Flo Health, afirmó, según el comunicado de prensa: “Este estudio destaca que ayudar a las mujeres a navegar la perimenopausia no se trata solo de desarrollar nuevos tratamientos, sino también de ayudarlas a reconocer la transición antes”.

Los autores plantean que clarificar los patrones sintomáticos, subsanar las brechas de conocimiento y reducir los obstáculos para acceder a la confirmación diagnóstica son los tres ejes sobre los que deberían orientarse las intervenciones en salud pública y atención primaria.