Turbulencia: pánico en el aire es un thriller de altura que se abraza a los excesos y termina en caída libre
Turbulencia: pánico en el aire es un thriller de altura que se abraza a los excesos y termina en caída libre

Turbulencia: pánico en el aire (Turbulence, Estados Unidos, Reino Unido/2025). Dirección: Claudio Fäh. Guion: Andy Mayson. Fotografía: Jaime Reynoso. Música: Marcus Trump. Edición: Tamsin Jeffrey. Elenco: Hera Hilmar, Jeremy Irvine, Olga Kurylenko, Kelsey Grammer, Lionel Robert Blanc. Duración: 91 minutos. Calificación: solo apta para mayores de 16 años. Distribuidora: Diamond Films. Nuestra opinión: regular.

Aun remanida, la idea detrás de Turbulencia: pánico en el aire está más o menos bien: una pareja en plan escapada romántica queda atrapada en un globo aerostático con un personaje oscuro y peligroso. De ahí en más, todo queda en manos del guion, que para construir el suspenso se tendrá que esforzar para optimizar los recursos limitados por el espacio. Alfred Hitchcock lo había logrado con creces en 8 a la deriva, así que poder, se podía. Pero se ve que el suizo Claudio Fäh no vio ninguna de las películas del “maestro del suspenso”, y así le fue.

Zach (Jeremy Irvine) y Emmy (Hera Hilmar), necesitan fortalecer una relación en crisis, y deciden hacer un paseo en globo: imponente paisaje alpino, piloto veterano y amable (Kelsey Grammer) y media hora de disfrute, ¿qué puede salir mal? Pero poco antes de despegar aparece una tercera pasajera, Julia (Olga Kurylenko), quien chantajea a Zack, bajo amenaza de revelarle a su esposa todo sobre la noche de sexo que (dice) haber tenido con él. Con los personajes presentados, comienza un juego de poder a más de tres mil metros de altura.

Enumerar los problemas de Turbulencia: pánico en el aire excedería el espacio destinado a este texto, lo mejor será resumir. El primero y más evidente es el nulo desarrollo del triángulo dramático que esboza como eje. No hay un in crescendo en la relación del trío, sino una suma de situaciones inverosímiles y antojadizas entre ellos, puestas solo para hacer avanzar la trama. Los personajes se la pasan tomando decisiones impulsivas que ponen en riesgo al grupo sin motivos lógicos, o generan discusiones menores en medio de situaciones límite, o tienen reacciones nulas a eventos determinantes. Tanto simplismo se ejecuta en pos de una conveniencia narrativa que no tiene ni pies ni cabeza, y que por momentos genera más risa que tensión. Así están las cosas.

Ni siquiera es dable refugiarse en la relación de la pareja, presunta columna emocional de la historia. Zach es un chico rico y empresario inescrupuloso, cuyo conflicto interno (si lo tiene) se diluye de un segundo para el otro, dejando solamente su costado más antipático. Emmy, por su parte, arranca como una figura contenedora, pero pronto queda reducida a un ser inexpresivo y opaco; aunque eso sí, con una habilidad increíble para aprender los secretos de cómo pilotear un globo aerostático entre una escena y otra… Finalmente Julia, que era el gran personaje de la película o, al menos, el que podía ofrecer más y mejores aristas, es reducida a la caricatura de una femme fatale vengativa, sin plan de acción, nada interesante para decir, y una propensión a mostrar demasiado rápido sus cartas.

El trabajo del director tampoco aporta, al contrario, entorpece. Correcto en algunos planos aéreos que aportan a la tensión, burdo en la utilización de la cámara para anticipar lo que vendrá. Ejemplo: el encuadre se queda fijo en un plano detalle del cuchillo que tiene en la cintura el piloto del globo. ¿Quedan dudas de que minutos después será protagonista de un momento de tensión? ¿No, verdad? Dichos signos de pereza narrativa se repiten en más de una ocasión.

Hay escenas aisladas donde Turbulencia: pánico en el aire intenta ir un poco más allá. Cuando el diálogo baja la intensidad, y los personajes quedan “encerrados” entre la inmensidad del abismo y un cubículo donde confluyen la vida y la muerte, podría haber sido el inicio de un camino mejor. En lugar de eso, rápidamente se da lugar a otra vuelta de golpes de efecto y giros improbables. Decisiones que terminan tirando por la borda cualquier atisbo de interés, en caída libre, y abrazado a una pesada mochila de excesos.