Qué se sabe sobre el lugar donde habría muerto Jesús, hoy bajo fuego iraní
Qué se sabe sobre el lugar donde habría muerto Jesús, hoy bajo fuego iraní

La protesta internacional que desató la decisión del gobierno de Israel de prohibir la celebración del Domingo de Ramos en la Basílica del Santo Sepulcro, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, forzó a Benjamin Netanyahu a dar marcha atrás con su medida y permitir que se realicen allí las ceremonias correspondientes el resto de esta Semana Santa.

En su mensaje, Netanyahu enfatizó que se había dispuesto el cierre por motivos de seguridad debido a que los fragmentos de un misil iraní llegaron incluso a golpear días atrás el techo del lugar más sagrado del cristianismo.

Ese enorme complejo que incluye varias capillas, templetes y pasadizos antiquísimos, es además desde hace siglos el sitio de trabajo de arqueólogos e historiadores que buscan evidencias para establecer si efectivamente Jesucristo fue crucificado y sepultado allí hace dos mil años.

Ariel Horovitz, historiador del Moriah Center, instituto asociado a la Universidad Hebrea de Jerusalén, expresó a LA NACION su repudio por el ataque misilístico iraní. “El misil vino en dirección a la Ciudad Santa, y algunos fragmentos cayeron en la basílica del Santo Sepulcro, pero otros golpearon muy cerca del Muro de los Lamentos y la Explanada de las Mezquitas, el tercer sitio más sagrado del Islam. Jerusalén es una ciudad sagrada para las tres principales religiones monoteístas, no solo para el judaísmo, y debe ser respetada”, afirmó.

En este contexto, Horovitz, especialista en historia judía y también en arqueología bíblica, destacó los últimos descubrimientos sobre el principal lugar cristiano en Tierra Santa. “La zona de la actual basílica, construida en el siglo XII, es una muy buena candidata para ser considerada el sitio real donde Jesús murió y fue sepultado, porque la historia del lugar como sitio de veneración puede rastrearse prácticamente hasta los tiempos de Jesús”, aseguró.

   

Pero hay otro predio que especialmente las iglesias protestantes y evangélicas consideran que puede ser la ubicación donde ocurrieron ambos hechos. Es llamado la Tumba del Jardín, y está 600 metros al norte de la basílica, fuera de las actuales murallas de la Ciudad Vieja.

La Tumba del Jardín, fuera de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Aunque la Tumba del Jardín es un descubrimiento muchísimo más reciente, que solo fue localizada en 1867, Horovitz realizó para LA NACION un detallado recorrido con las evidencias históricas halladas en ambos lugares.

Los datos históricos

La basílica actual está bajo custodia conjunta de varias iglesias, Ortodoxa Griega, Católica (a través de los Frailes Franciscanos), Siria Jacobita, Copta, Etíope y Apostólica Armenia, y está ubicada en el noroeste de la Ciudad Vieja, a unos 700 metros del Muro de los Lamentos y la Explanada de las Mezquitas. El lugar es un enorme complejo con múltiples niveles de diferente antigüedad, que tiene unos 120 metros de largo por 70 metros de ancho.

En su interior se aloja lo que se considera que fue tanto el sitio de la crucifixión como de la sepultura de Jesús.

El portón de entrada a la Basílica del Santo Sepulcro

En lo que respecta al protagonista de esta historia, fuera de las Sagradas Escrituras, la primera mención extra bíblica de Jesucristo pertenece al historiador judío del siglo I, Flavio Josefo, quien en su obra Antigüedades Judías, del año 93, se refiere a los hechos ocurridos unas seis décadas antes, y recuerda a Jesús como “un hombre sabio”, “hacedor de milagros impactantes”, “condenado a la cruz por Poncio Pilatos”.

Horovitz agregó que el primer dato histórico que ubica estos hechos en Jerusalén, es que pese a las persecuciones que siguieron a la muerte de Jesucristo, las comunidades cristianas mantuvieron de forma ininterrumpida su presencia en la Ciudad Santa.

“Para los romanos, los cristianos eran una secta judía más. Pero incluso tras la captura de esa ciudad y la destrucción del Segundo Templo judío en el año 70, ordenada por el emperador romano Tito, los seguidores de Jesús siguieron viviendo en la zona y realizaban allí sus ceremonias”.

Un indicio que podría mostrar que los cristianos ya veneraban en aquel momento en la actual ubicación de la basílica el sitio de la crucifixión y sepultura de Jesús, fue que en el año 135, para desalentar la devoción cristiana, el emperador Adriano decidió construir exactamente en ese lugar un templo dedicado a la diosa Venus.

   

“Aún hoy hay un lugar de la basílica que está cerrado al público, en la capilla armenia de San Vartan, en el que se pueden ver los bloques de piedra de aquel templo de Adriano. Ese es un primer indicio a favor de esa ubicación”, comentó Horovitz.

El hito que cambió el rumbo de esta historia fue la conversión del emperador Constantino, quien con el Edicto de Milán del año 313 cesó la persecución al cristianismo y lo convirtió en la religión oficial del imperio. Poco después, hacia el año 326 su propia madre, Elena, viajó personalmente en peregrinación a Jerusalén para identificar los sitios sagrados.

En su libro Vida de Constantino, su contemporáneo el historiador Eusebio de Cesarea relató que “El lugar de la resurrección del Salvador… había permanecido oculto bajo tierra durante mucho tiempo… se había erigido sobre él un santuario de Venus… Pero cuando este fue retirado… se descubrió el venerable y santísimo monumento de la resurrección del Salvador.”

De todas maneras, han pasado 1700 años de aquel relato.

El hallazgo de arqueólogos griegos

Pero hace apenas diez años, en 2016, un equipo de arqueólogos griegos liderado por la doctora Antonia Moropoulou de la Universidad de Atenas, que estaba trabajando en la basílica en tareas de restauración del llamado “Edículo” -el templete que cubre el lugar que supuestamente fue la tumba de Jesús-, obtuvo un privilegio único en un templo donde tocar o mover una piedra puede dañar una reliquia varias veces milenaria.

La Iglesia Ortodoxa griega, que custodia el edículo, autorizó a los arqueólogos griegos durante un máximo de 60 horas a remover la lápida de mármol milenaria que cubre la tumba para investigar qué había bajo ella, y si ese sitio comenzó a ser venerado en el fervor de las Cruzadas (1095-1291 DC) o tenía más antigüedad. Todo el proceso fue registrado por el equipo de documentalistas de National Geographic.

Los arqueólogos de la Universidad de Atenas remueven la más que milenaria lápida de mármol que cubre la tumba de Jesús en el Santo Sepulcro (captura de TV)

Al remover esa placa descubrieron que las muestras de cemento que había bajo el mármol milenario, y que arriba tenían tallada una cruz, databan aproximadamente del año 350, con lo que tuvieron otro fuerte indicio de que el sitio podría ser efectivamente la sagrada tumba descubierta por la madre del emperador Constantino, mencionada por el historiador Eusebio de Cesarea como el sitio que ya veneraban los primeros cristianos.

La tumba en la roca y el huerto

Hay otras evidencias que también apuntan a que la actual basílica se hallaría efectivamente en el lugar donde Jesús murió y fue sepultado.

“En las tareas de reparación del edículo se descubrió por ejemplo que detrás de las placas de mármol que forman las paredes de ese templete, hay roca viva, por lo que podría tratarse efectivamente de una cueva cavada en la roca, tal como señala el evangelio de San Juan respecto del sitio de la sagrada sepultura”, afirmó Horovitz.

Otro dato reciente, fue aportado el año pasado por un grupo de arqueólogos italianos de la Universidad La Sapienza de Roma.

En el pasaje bíblico de Juan 19, 41 se menciona que Jesús fue crucificado en una colina donde había un huerto y que, más tarde, su cuerpo fue llevado a una cueva cercana.

El trabajo de los arqueólogos italianos en la Basílica del Santo Sepulcro

La expedición italiana realizó también excavaciones debajo de la actual basílica y encontró restos de vides y olivos que datan de la época precristiana y que representan un indicio de que en el lugar hubo efectivamente un huerto. Esto se logró a través de análisis arqueobotánicos y de polen en muestras recuperadas en el lugar.

“Otras excavaciones hallaron que debajo de la basílica hubo alguna vez una cantera, que se podría asociar con la mención bíblica de la roca del Gólgota, el sitio de la crucifixión. Además, fueron halladas allí varias tumbas cavadas en la roca, con restos arqueológicos del siglo I. Según la costumbre funeraria de los judíos de aquella época, tras la muerte, los cuerpos se dejaban un año en unas cuevas selladas con una piedra. Luego, se colocaban los restos en un osario”, explicó Horovitz.

Aún hoy, bajo el altar de la capilla greco-ortodoxa, que está situada en la planta superior de la basílica, es posible arrodillarse, introducir la mano en el agujero de un disco estrellado de plata y tocar la roca viva de lo que se cree que fue el Gólgota.

Bajo el altar de la capilla greco-ortodoxa es posible tocar la roca del Gólgota.

El Jardín de la Tumba

En tanto, las evidencias arqueológicas a favor del Jardín de la Tumba como sitio probable, no son tan abundantes.

Se trata también de una tumba excavada en la roca con espacio demarcado para una enorme piedra rodante en el frente -como mencionan las Sagradas Escrituras- descubierta en 1867, y venerada en la actualidad especialmente por la iglesia evangélica.

“Como pruebas se menciona el hecho de que se trata de una tumba con un huerto ubicada fuera de las murallas de la ciudad. Y especialmente destacan la forma de ”cráneo” que tiene una colina rocosa cercana, tal como señala el Evangelio que era el Gólgota [“calavera”, en arameo]. Pero no hay mucho más“, explicó Horovitz.

La colina rocosa llamada Gólgota, con forma de cráneo en el Jardín de la Tumba.

Muchos fieles acuden al Jardín de la Tumba como un lugar mucho más apacible, tranquilo, y apto para la reflexión pausada que la concurrida Basílica del Santo Sepulcro.

“Yo suelo decir a los peregrinos que, finalmente, no se distraigan tanto con las disquisiciones sobre si los sitios reales históricos estuvieron quinientos metros más a la derecha o a la izquierda. Esas preocupaciones están bien para arqueólogos e historiadores. Pero, básicamente, toda Jerusalén es una Ciudad Santa que debe ser venerada y cuidada por todos“, concluyó Horovitz.