Purga en China: el legado de Yan’an como justificación de la autoridad absoluta de Xi Jinping
Purga en China: el legado de Yan’an como justificación de la autoridad absoluta de Xi Jinping

En un inicio de año marcado por referencias históricas, Xi Jinping invocó la herencia de Yan’an, el enclave rural donde Mao Zedong consolidó el control del partido a través de campañas de rectificación y purgas internas. Tres semanas después, el mandatario chino ejecutó la destitución de Zhang Youxia, hasta entonces comandante de las fuerzas armadas y considerado uno de sus más estrechos colaboradores, en una movida que amplía la serie de purgas dentro de la estructura castrense.

La destitución de Zhang eleva a cinco el número de generales retirados de la Comisión Militar Central en los últimos tres años, dejando únicamente a Xi y a un vicepresidente encargado de supervisar las investigaciones internas. Según el coronel retirado Yue Gang, esta dinámica resulta “sorprendente” y evidencia una concentración de poder inédita desde la época de Mao.

El entorno oficial ha mantenido hermetismo sobre los motivos de la purga, restringiendo debates en redes sociales y limitando los comunicados a editoriales que evocan la “higiene ideológica” impulsada en Yan’an. El diario del Ejército Popular de Liberación describió el proceso como una “eliminación de cáncer oculto” destinada a “reformar” la institución militar. Otra editorial calificó el liderazgo de Xi como “fuente de fortaleza, dirección y futuro” para las fuerzas armadas.

Analistas como John Garnaut advierten que el discurso de Xi remite abiertamente a los métodos maoístas y estalinistas de su juventud, buscando “unidad ideológica absoluta y lealtad personal” como base para futuros desafíos. El propio Xi ha visitado Yan’an en reiteradas ocasiones, incluida una en 2024 junto a Zhang y otros altos mandos, reafirmando la “misión revolucionaria original” y la supremacía del partido sobre el aparato militar.

La consolidación de la autoridad civil sobre el Ejército ha sido un reto constante para los líderes chinos desde Mao, quien sentenció que “el poder político nace del cañón de un fusil”. Según Yue Gang, antecedentes recientes muestran cómo predecesores como Hu Jintao perdieron ascendencia sobre la cúpula castrense, situación que Xi busca evitar mediante depuraciones sistemáticas.

Xu Qiliang, vicepresidente de la Comisión Militar Central de China, saluda al presidente de China, Xi Jinping, durante la ceremonia de clausura de la Asamblea Popular Nacional (APN) de China en el Gran Salón del Pueblo, en Beijing, el 13 de marzo de 2014. REUTERS/Kim Kyung-Hoon

Desde su llegada al poder en 2012, Xi ha dirigido una campaña contra la corrupción militar, fenómeno agravado tras las reformas económicas de los años ochenta y el aumento sostenido del presupuesto de defensa. La lealtad absoluta se presenta como requisito indispensable para el objetivo estratégico de construir una fuerza capaz de defender intereses clave, entre ellos la reivindicación sobre Taiwán.

La rivalidad creciente con Estados Unidos añade presión para garantizar la obediencia interna en escenarios de crisis o conflicto. El experto militar Song Zhongping sintetiza el principio rector: “El partido debe mandar siempre sobre las armas, nunca al revés”.

Miembros del Ejército Popular de Liberación (EPL) de China asisten a una ceremonia de izamiento de la bandera en la Plaza de Tiananmén con un retrato del difunto presidente chino Mao Zedong exhibido en la Puerta de Tiananmén, en Pekín, China, el 20 de noviembre de 2025. REUTERS/Maxim Shemetov

El uso reiterado de la retórica de Yan’an por parte de Xi omite los episodios de purgas masivas y sesiones de autocrítica forzada que caracterizaron la campaña original, prácticas que hoy resurgen en forma de adoctrinamiento ideológico y denuncias internas, según el politólogo Wen-Hsuan Tsai. Este sistema fomenta la desconfianza generalizada incluso entre familiares y superiores.

El alcance de la campaña se extiende más allá del ejército. Datos oficiales cifran en 983 mil los funcionarios sancionados en el último año por infracciones a la disciplina partidaria, el máximo histórico según la Comisión Central de Inspección Disciplinaria. La remoción inesperada de cuadros de alto rango, sin explicaciones públicas, se ha convertido en una constante del mandato de Xi, alimentando la incertidumbre entre los funcionarios chinos.

A diferencia de la jubilación discreta, la caída pública de Zhang ejemplifica, en palabras de la analista Yun Sun, “una posición de fuerza” por parte de Xi, quien demuestra su capacidad para remover a los líderes militares más poderosos con una sola decisión.