Ni familia conocida ni testamento: el destino de los 156 millones de dólares del artista amado que murió sin nombre
Ni familia conocida ni testamento: el destino de los 156 millones de dólares del artista amado que murió sin nombre

Pocas figuras en la historia de la música pop fueron tan obsesivas con el control como Prince Rogers Nelson. Recuperó sus masters cuando casi nadie lo hacía. Se cambió el nombre por un símbolo para escapar de un contrato que consideraba una forma de esclavitud. Manejó su propia discográfica, negoció cada cláusula de cada acuerdo y custodió su archivo con una celosa disciplina que dejaba fuera a periodistas, discográficas y hasta a sus colaboradores más cercanos.

Cuando murió el 21 de abril de 2016 en su complejo de Paisley Park, en las afueras de Minneapolis, a los 57 años, víctima de una sobredosis de fentanilo, no había un solo papel que dijera qué debía hacerse con todo lo que había construido. Este abril se cumplen diez años de aquella muerte. Ningún testamento. Ninguna instrucción. El hombre que planificó cada detalle de su carrera no planificó su muerte.

Una familia poco conocida

Prince creció en una casa complicada. Sus padres, John L. Nelson y Mattie Della Shaw, eran músicos de jazz que se conocieron en 1956 y llegaron al matrimonio con hijos de relaciones anteriores. John tenía cuatro, Mattie uno. Juntos tuvieron dos más: Prince y su hermana Tyka.

La relación con su padre fue tormentosa y durante un período de su adolescencia Prince se fue a vivir con la familia de su amigo André Cymone para alejarse de él, aunque luego se reconciliaron y llegaron a componer juntos. John y Mattie se divorciaron en 1966. Ambos fallecieron antes que su hijo. En total, Prince tenía ocho hermanos entre biológicos y medio hermanos. Dos murieron antes que él: Lorna Nelson en 2006 y Duane Nelson en 2011.

Lo que continuó después de la muerte del artista, fue una pelea feroz por la herencia que debía ser repartida entre sus seis hermanos

Los seis sobrevivientes —Tyka Nelson, Sharon Nelson, Norrine Nelson, John R. Nelson, Alfred Jackson y Omarr Baker— eran figuras casi desconocidas para el público hasta que la muerte de Prince los puso de golpe en el centro de la escena.

Un vacío legal de proporciones épicas

La ausencia de testamento es frecuente, pero pocas veces tuvo consecuencias tan caóticas. Prince no tenía hijos ni cónyuge al momento de su muerte, lo que convirtió la sucesión en un problema jurídico sin mapa. La justicia de Minnesota debió intervenir para determinar quiénes eran los herederos legítimos, un proceso que se extendió durante más de un año mientras decenas de personas se presentaban ante el juez Kevin W. Eide con los argumentos más variados.

Hubo sobrinos, parientes lejanos, un supuesto hijo no reconocido, un recluso de Colorado que alegó ser su heredero biológico y una mujer que afirmó haber contraído matrimonio secreto con el artista en 2002 y que, al no poder presentar pruebas, explicó que los documentos relevantes estaban clasificados por la CIA. El juez fue descartando caso por caso. En paralelo, una empresa de servicios genealógicos con sede en Luisiana salió a buscar clientes que creyeran tener algún parentesco con el artista. El tribunal, anticipándose, tomó una muestra de ADN del cuerpo de Prince como precaución.

Los herederos y sus historias

Los seis herederos finalmente reconocidos por la justicia tenían muy poco en común entre sí y, en varios casos, una historia complicada con su famoso hermano.

Tyka Nelson, la única hermana biológica de Prince, lanzó un álbum en 1988 y batalló durante años contra la adicción a las drogas; fue el propio Prince quien financió su internación en el centro de tratamiento Hazelden en 2003.

Alfred Jackson, veterano de Vietnam, admitió públicamente que no había visto ni hablado con Prince en casi 15 años antes de su muerte.

Duane Nelson, el único hermano que no figuró en los documentos iniciales del proceso sucesorio, había sido jefe de seguridad en Paisley Park hasta que Prince lo despidió y llegó incluso a obtener una orden de alejamiento en su contra.

Duane murió en 2011, cinco años antes que el cantante.

Y Lorna Nelson, la hermanastra fallecida en 2006, había demandado a Prince en 1987 por supuesto plagio de su canción inédita en el éxito U Got the Look, sin éxito, y en 2001 cuestionó la gestión que Prince hizo de la herencia de su padre. Era una familia con más litigios que afecto.

Prince nació en una familia complicada y tenía una relación compleja con su padre

La pelea con los impuestos: ¿83 millones o 162?

Definidos los herederos, el siguiente frente fue el económico y resultó igual de tormentoso. El banco administrador del patrimonio, Comerica Bank & Trust, tasó los activos del artista en 82,3 millones de dólares. El IRS llegó con una cifraacuñ radicalmente distinta: 163,2 millones.

La diferencia no era un detalle contable sino una disputa de decenas de millones en impuestos sucesorios. Comerica demandó al fisco en 2020. Los herederos, agotados y más pobres por los honorarios legales acumulados, presionaron para llegar a un acuerdo antes de que el litigio consumiera aún más del patrimonio que en teoría les pertenecía. A fines de 2021 se alcanzó una valuación de consenso: 156,4 millones de dólares.

La tumba de Prince está decorada con el símbolo que adoptó para escapar de las discográficas

La familia dividida

El acuerdo con el IRS no unió a los herederos sino que los partió en dos. Tyka Nelson, Omarr Baker y la familia del ya fallecido Alfred Jackson decidieron vender su porción del catálogo musical a Primary Wave, una editorial independiente especializada en adquirir legados de artistas. Sharon, Norrine y John R. Nelson optaron por retener sus derechos y contratar al ex abogado de Prince, L. Londell McMillan, y al asesor Charles Spicer para administrarlos.

A una década de la muerte de Prince, continúan los problemas con su herencia

El resultado fue una estructura dual: Prince Legacy LLC para los herederos con McMillan, y Prince OAT Holdings LLC para Primary Wave. En agosto de 2022, un juez de Minnesota aprobó el acuerdo que formalizó esa división y distribuyó 6 millones de dólares en efectivo entre ambas partes, más derechos musicales y otros activos intangibles.

“Han sido seis largos años”, declaró McMillan en la audiencia. Y también agregó que estaba “aliviado de haber terminado con los banqueros que no conocen el negocio de la música y que no conocían a Prince”.

El conflicto que no cierra

La resolución de 2022 no cerró el conflicto. En enero de 2024, McMillan y Spicer presentaron una demanda en Delaware contra cuatro miembros de la familia Nelson —Sharon, Norrine, y los sobrinos Breanna y Allen Nelson— acusándolos de intentar destituirlos de Prince Legacy LLC y de querer vender sus acciones a Primary Wave, lo que alteraría el equilibrio 50-50 establecido dos años antes. Los asesores argumentaron que los herederos carecían de experiencia en la industria musical y que sus decisiones ponían en riesgo contratos y relaciones comerciales de alto nivel. La familia Nelson lo negó. El litigio continuó.

El catálogo de Prince sigue generando ingresos constantes y todavía no hay una autoridad definida para gestionarlos

Mientras tanto, Paisley Park funciona como museo. El guardarropa del artista se subastó. Se anunció un musical en Broadway basado en Purple Rain. El catálogo de Prince genera ingresos constantes y cada nuevo proyecto reaviva la pregunta sobre quién tiene autoridad para decidir qué. El hombre que escribió, grabó y produjo miles de canciones sin rendirle cuentas a nadie dejó, al final, una obra que otros deben administrar sin ninguna instrucción de su parte.