Lo abandonaron enfermo y, con el último aliento, llegó a la entrada de un barrio: “Fue difícil acercarse del olor que tenía”
Lo abandonaron enfermo y, con el último aliento, llegó a la entrada de un barrio: “Fue difícil acercarse del olor que tenía”

Hace ocho meses LA NACION publicó la historia de Rodrigo de Paul, un mestizo de ovejero alemán rescatado en Pilar. Su caso conmovió a muchos, pero tocó el alma de alguien especial. Hoy contamos cómo su círculo se cerró con el final que todos esperaban.

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Apareció una tarde fría de marzo en la puerta de un barrio cerrado en la localidad de Pilar. Nadie supo cómo había logrado llegar hasta ese lugar. Su estado era de abandono total. Su debilitado cuerpo emanaba un olor fétido penetrante: provenía de una bichera de tamaño considerable que tenía en una de sus orejas.

“Me enteré de su caso por un alerta que compartieron en un grupo de WhatsApp. Obviamente no iba a quedarme solo viendo el mensaje así que me comuniqué con Sandra (una vecina con la que ya habíamos rescatado unos gatos anteriormente) y fui a buscarlo. Fue difícil acercarnos del olor a podrido que tenía. Estaba deshidratado y se le notaban todos los huesos de su cuerpo. Su mirada lo decía todo: no podía más del dolor”, recuerda Candela Castro, la joven que asistió al perro ese día.

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Como si supiera que la ayuda había llegado, el perro se dejó agarrar sin problema. “Había llevado una correa. Se la pasé por el cuello, tiré un poquito para que se levantara y lo hizo. Caminó conmigo, como si entendiera a dónde íbamos. Lo llevé a mi casa y, por su actitud, comprendí que alguien lo había abandonado. Se lo notaba un poco asustado. Tomó mucha agua y comió desesperado”.

En el control con el médico veterinario.

Horas más tarde lo llevaron al veterinario. Lo más urgente era controlar la bichera que efectivamente tenía en una de sus orejas. El profesional indicó administrarle una pastilla para que salieran los gusanos.

La “bichera” o miasis cutánea es una infestación parasitaria causada por larvas de ciertas especies de moscas, especialmente Cochliomyia hominivorax (conocida como mosca de la bichera o del gusano barrenador).

Las moscas depositan sus huevos sobre heridas abiertas y generan la popularmente conocida

“Estas moscas depositan sus huevos sobre heridas abiertas, piel lesionada o zonas húmedas con secreciones. Al eclosionar, las larvas penetran en los tejidos vivos del animal, se alimentan de ellos y provocan lesiones dolorosas, infecciones secundarias y, si no se trata a tiempo, complicaciones sistémicas. Es una afección frecuente en regiones cálidas y húmedas de los animales”, detalla Walter Comas, Director de la Unidad de Animales de Compañía para MSD Salud Animal en Argentina.

La extracción manual de larvas debe realizarse con extremo cuidado y preferentemente bajo supervisión veterinaria.

La extracción manual de larvas debe realizarse con extremo cuidado y preferentemente bajo supervisión veterinaria. “Si se ejerce presión excesiva o se extraen de forma brusca, existe el riesgo de que alguna larva se rompa y quede parte de su cuerpo dentro de la herida. Esto puede generar una fuerte reacción inflamatoria, infecciones locales, abscesos e incluso septicemia. Además, el dolor que genera el procedimiento puede llevar al animal a moverse bruscamente, dificultando la remoción completa y segura. Por estas razones, se recomienda utilizar productos larvicidas específicos o anestesia local para facilitar una extracción segura y completa”, añade Comas.

La prevención de la bichera se basa en tres pilares fundamentales: el control del ambiente, el cuidado del animal y el uso de productos veterinarios adecuados. En primer lugar, es importante mantener limpios y desinfectados los lugares donde permanece el perro, especialmente si hay materia orgánica, heridas abiertas u olores que puedan atraer a las moscas. Además, se deben revisar periódicamente al animal en busca de lesiones, especialmente en zonas de pliegues, región perianal, entre los dedos o detrás de las orejas, y tratarlas de inmediato si se detectan.

Rodrigo iba prácticamente todos los días al veterinario.

Por eso, mientras tanto, Candela comenzó a dedicar momentos del día a sacar uno por uno los gusanos, con una pinza. Rodrigo De Paul -como habían bautizado al perro, en honor al futbolista argentino- de a poco mostraba signos de mejoría. Las mujeres que lo habían rescatado se ocupaban de que comiera platos abundantes y nutritivos para que subiera de peso.

A Rodrigo se le realizó una cirugía en uno de sus oídos y también se castró.

Después siguieron los antibióticos, las toilettes quirúrgicas, los estudios de sangre, las ecografías, los electrocardiogramas y las desparasitaciones, etc. Rodrigo iba prácticamente todos los días al veterinario.

“Cuando los veterinarios nos dieron el ok, se le realizó una cirugía en la que le quitaron todo el pabellón auricular y se aprovechó la anestesia para castrarlo”.

Candela y Sandra, las mujeres que rescataron a Rodrigo De Paul.

Aunque Candela y Sandra nunca supieron nada sobre el pasado de Rodrigo De Paul, el comportamiento del perro que había llegado con la mirada triste mostraba que, en algún momento, había conocido la vida en familia. Siempre fue un animal obediente, dulce y mimoso, que sabía pasear con correa.

La recuperación de Rodrigo De Paul fue larga y agotadora por momentos. Pero el perro siempre evolucionó bien. Sandra y Candela soñaban con que llegara la familia perfecta para él: alguien que lo quisiera, que lo considerara parte de la familia, que contara con parque o la posibilidad de salir a pasear a diario. Rodrigo De Paul siempre se llevó bien con otros perros y también con niños.

Fueron muchas las personas que ayudaron en la recuperación de Rodrigo De Paul. Alcira, quien prestó su casa para que Rodrigo corriera libre y tomara sol en su parque. Daniela, que lo recibía en su casa todas las noches, le daba de comer rico y lo medicaba. Javier, que lo sacaba a pasear todos los días. Y todos los vecinos que ayudaron económicamente. En la cuenta de Instagram @unafamiliapararodrigodepaul se puede seguir la evolución del perro.

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“Cuando me preguntan qué tiene de especial Rodrigo De Paul digo que, además de no tener orejas, Rodrigo es todo lo que está bien. Es un perro de aproximadamente 9 años, pero parece un cachorro. Siempre está alegre. Es muy dulce, busca mimos constantemente. Le encanta estar en compañía, disfruta de sus paseos, es super sociable, siempre quiere saludar a la gente. Respeta límites y se porta de diez”, detalla Candela.

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Hasta que en agosto del año pasado, luego de que LA NACION publicara su historia, la familia perfecta finalmente llegó. Hoy, como soñaban Candela y Sandra, Rodrigo De Paul vive con su mamá humana Lorena, quien lo ama y respeta.

.Lorena y Rodrigo.

“Rodrigo se autoproclamó mi sombra personal. Donde me muevo y donde estoy, él también está. Desde el primer día se llevó super bien con su hermana Renata , juegan y duermen juntos. Es fanático de los viajes en auto. Él y Renata viajan conmigo a todos lados”, dice Lorena con orgullo.

Rodrigo tiene controles periódicos por sus otitis y en la veterinaria es el mimado de todos. “Con su mirada consigue lo que quiere. Es imposible resistirse”.

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