La reacción de la red de milicias proiraníes a la ofensiva de Washington y Tel Aviv
La reacción de la red de milicias proiraníes a la ofensiva de Washington y Tel Aviv

BARCELONA.– Cuando George Bush invadió Iraq en 2003 e incluyó a Teherán en el grupo de regímenes del “eje del mal” junto a Pyonyang y Bagdad, un escalofrío recorrió la espina dorsal de la República Islámica de Irán. Aunque la expedición en Iraq se convirtió en un avispero y Washington ya no tuvo apetito para nuevas aventuras, el Guía Supremo, Ali Khamanei, llegó a la conclusión que debía construir un escudo de protección para Irán formado por dos elementos: el programa nuclear, y una potente red de milicias en toda la región, desde Líbano a Iraq, pasando por Yemen.

La lógica detrás de la creación de esta red de milicias, rebautizado como el “Eje de la resistencia”, es que su cercanía geográfica a intereses estadounidenses, sobre todo bases militares e Israel, disuadiría a Washington de impulsar un “cambio de régimen” por la fuerza en Irán. No obstante, con el tiempo, la estrategia de Khamenei se ha revelado un grave error: en lugar de alejar un ataque de EE.UU., lo ha propiciado. Tanto en la actual guerra como en la del pasado verano esta red de milicias no ha estado a la altura de las expectativas.

Para empezar, una de ellas, Hamas, se halla luchando por su propia supervivencia después de una campaña en su feudo, Gaza, que muchos expertos han calificado de “genocidio”. Por lo tanto, con sus capacidades muy disminuidas, nadie se esperaba que saliera en defensa de Teherán.

Hazbollah, durante muchos años considerada la punta de lanza del conglomerado regional pro-iraní, tampoco ha servido de gran ayuda. De hecho, probablemente, fue su humillante derrota en la guerra que libró en otoño de 2024 con Gaza de trasfondo la que inspiró la guerra del pasado verano. La debilidad de la milicia chiíta en el campo de batalla demostró que sus amenazas eran puras bravuconadas. Y el hecho de que Teherán asistiera impasible a la destrucción de su afiliada convenció a Trump y Netanyahu que el precio de un ataque sería menor de lo imaginado.

Hezbollah esperó casi 48 horas antes de lanzar un puñado de cohetes de baja potencia al norte de Israel, una acción que, en lugar de ser una exhibición de fuerza, más bien se ha interpretado como exactamente lo contrario. Como era de esperar, Israel ha respondido con varias oleada de bombardeos más contundentes que se han cobrado la vida de al menos una treintena de personas.

La milicia chiíta se encuentra en una posición casi desesperada. Su decisión unilateral de involucrarse en la guerra de Gaza ha soliviantado al resto de comunidades sectarias del país, que se unieron como nunca antes para pedir el desarme de la milicia. En el pasado, Hezbollah había contado con el apoyo del principal partido de la minoría drusa, así como un gran partido cristiano, liderado por Michel Aoun. Ahora, decapitada política y militarmente, sin Hassan Nasrallah, su carismático líder, Hezbollah se halla aislada y su tozudez podría llevar al país a una nueva guerra civil.

La defensa civil libanesa inspecciona la destrucción en el lugar de un ataque aéreo israelí que tuvo como objetivo la aldea de Houch el-Rafqa, en el valle de Bekaa, el 2 de marzo de 2026

La milicia pro-iraní que ha demostrado unas más robustas capacidades militares, los hutíes del Yemen, han reaccionado a la nueva conflagración bélica con mayor cautela de lo habitual. De momento, han emitido declaraciones de apoyo a la república islámica, pero no han anunciado ninguna acción militar. Simplemente, se han limitado a organizar manifestaciones de apoyo en Irán. Ahora bien, algunas fuentes cercanas al grupo no han descartado pasar a la acción durante los próximos días.

Hay dos posibles explicaciones a la actitud de los hutíes. En primer lugar, a diferencia de Hezbollah, no son una creación de Irán, y por lo tanto, la república islámica no los puede utilizar como un peón. Este movimiento yemení empezó hace décadas, y simplemente, se alió en un determinado momento con Teherán porque sus intereses se alinearon. En segundo lugar, los hutíes llegaron a un acuerdo con Donald Trump en mayo del año pasado, en un momento en el que percibieron que era arriesgado continuar atacando navíos en el Mar Rojo o lanzando misiles hacia Israel. El pacto bilateral no incluía a Irán, y hasta ahora, los hutíes quieren mantenerlo.

Yemeníes participando en una manifestación en solidaridad con Irán, en Saná, Yemen

Por último, queda una constelación de milicias chiítas en Irak, creadas hace una década para luchar contra el autodenominado Estado Islámico o ISIS. En las últimas horas, algunas de ellas, agrupadas en torno a la coalición Saraya Awliya al-Dam, reivindicaron 16 ataques con drones “contra bases enemigas” en Irak, sobre todo en la región de Kurdistán. No obstante, todos ellos fueron interceptados y no provocaron serios daños. Todo parece indicar que estas milicias, sobre todo interesadas en repartirse el botín del petróleo iraquí, no quieren poner toda la carne en la brasa y granjearse las iras de Washington.

Así pues, el régimen de los ayatollas no puede realmente aferrarse a la ayuda de estas milicias para sobrevivir. Quizás por eso ha optado por atacar a los países vecinos del Golfo Pérsico e intentar frenar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz con la esperanza de que las consecuencias económicas a nivel mundial llevarán a EEUU e Israel a poner fin a su ofensiva.