La Organización Mundial de la Salud confirmó este jueves ataques sistemáticos contra hospitales y trabajadores sanitarios en Irán durante la brutal represión de las protestas que estalló a finales de diciembre, en una crisis que grupos de derechos humanos consideran la más mortífera desde la Revolución Islámica de 1979.El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, verificó que el Hospital Khomeini de la ciudad occidental de Ilam fue asaltado a principios de enero por fuerzas de seguridad, mientras decenas de instalaciones médicas resultaron dañadas en todo el país.“Estoy profundamente preocupado por múltiples informes de personal de salud e instalaciones médicas en Irán afectados por la reciente inseguridad, y que se les impida prestar sus servicios esenciales a las personas que requieren atención”, declaró Tedros en la plataforma X.La agencia de la ONU documentó que al menos cinco médicos fueron detenidos mientras atendían a pacientes heridos, una práctica que el director de la OMS calificó de intimidación inaceptable contra trabajadores sanitarios.La crisis de violencia en Irán comenzó el 28 de diciembre con protestas económicas en el bazar de Teherán que rápidamente se transformaron en un movimiento nacional contra la República Islámica.Las manifestaciones masivas de principios de enero desencadenaron una represión sin precedentes, con el régimen imponiendo un apagón casi total de internet que se extiende ya por más de tres semanas, el más prolongado en la historia del país.La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, confirmó al menos 6.126 muertes hasta el martes, incluidos 5.777 manifestantes, 86 menores de edad, 214 miembros de las fuerzas de seguridad y 49 transeúntes. Sin embargo, la organización advirtió que mantiene bajo investigación otras 17.091 posibles víctimas mortales, lo que podría elevar sustancialmente el balance.El hospital Khomeini de Ilam se convirtió en foco de atención internacional tras las protestas del 3 de enero en Malekshahi, donde fuerzas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica dispararon munición real contra manifestantes, matando al menos a tres personas e hiriendo a decenas más.La Misión de Investigación de la ONU documentó que el 4 de enero las fuerzas de seguridad irrumpieron en el hospital desplegando gas lacrimógeno y golpeando a pacientes y personal médico.La organización de derechos humanos Amnistía Internacional calificó el asalto como una violación del derecho internacional, mientras testigos reportaron que agentes sacaron por la fuerza a heridos sin que recibieran tratamiento médico.La OMS confirmó que múltiples instalaciones sanitarias sufrieron daños en semanas recientes, incluyendo diez puestos de emergencia prehospitalaria donde más de 50 paramédicos resultaron heridos y más de 200 ambulancias fueron dañadas.En Teherán, el Hospital Sina fue objetivo de un operativo el 6 de enero cuando fuerzas especiales lanzaron gas lacrimógeno, sellaron las entradas y atraparon a pacientes y personal médico en el interior. Tedros señaló además que se reportó el uso de gas lacrimógeno en las instalaciones del Sina, subrayando que la crisis reciente ha tensado severamente el sistema de salud iraní.La magnitud de la violencia ha saturado hospitales y morgues en distintas regiones del país. Amnistía Internacional documentó morgues improvisadas desbordadas, el uso de instalaciones no convencionales para almacenar cuerpos y entierros apresurados sin identificación previa, prácticas que apuntan a un intento deliberado de gestionar y ocultar la verdadera escala de las muertes.Personal sanitario y familiares relataron la llegada masiva de cadáveres a hospitales y centros forenses, así como presiones de las autoridades para acelerar funerales y silenciar a las familias. Médicos en varias ciudades informaron a organizaciones de derechos humanos que las fuerzas de seguridad ingresaron a hospitales y se llevaron por la fuerza los cuerpos de manifestantes, mientras heridos evitan acudir a centros médicos por temor a ser arrestados.El presidente iraní Masoud Pezeshkian ordenó al ministro del Interior formar un equipo para investigar los incidentes en Ilam, pero grupos de derechos humanos han expresado escepticismo dado el historial del régimen de impunidad en casos similares.La fiscal de Teherán advirtió que algunos manifestantes podrían enfrentar cargos de “moharebeh” o “guerra contra Dios”, delito castigado con pena de muerte que el régimen ha empleado extensamente contra disidentes políticos en el pasado. La agencia HRANA reportó que al menos 41.880 personas han sido arrestadas desde el inicio de las protestas, con detenciones que continúan en todo el país.Las autoridades iraníes admitieron públicamente que más de 3.000 personas murieron durante la represión, pero atribuyeron la violencia a “alborotadores” instigados por Estados Unidos e Israel, negando responsabilidad por las muertes.Grupos de seguimiento advierten que el apagón de internet ha impedido la documentación completa de la represión y que la cifra real de víctimas mortales probablemente sea considerablemente mayor que las cifras confirmadas.La Relatora Especial de la ONU sobre Irán, Mai Sato, declaró el 22 de enero que el número de civiles asesinados podría superar las 20.000 personas, basándose en informes de médicos dentro del país.El director de la OMS enfatizó que es imperativo que las instalaciones de salud estén protegidas y puedan prestar sus servicios críticos sin obstáculos. “Esto es fundamental para la provisión de atención médica requerida por todas las personas que necesitan servicios, especialmente durante tiempos de crisis”, declaró Tedros. “La atención sanitaria nunca debe ser un objetivo”.El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, calificó de “extremadamente preocupantes” las declaraciones de funcionarios iraníes sobre posibles ejecuciones de manifestantes y citó informes de hospitales desbordados por la afluencia de heridos. 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