El 2011 sería una bisagra en la carrera y la vida personal de Ricardo Fort. Consolidado como una figura mediática —ya había alcanzado la fama tan deseada—, a partir de entonces se acentuarían sus problemas de salud, con fuertes dolores en una columna maltratada. Además, mantendría una violenta pelea con Flavio Mendoza al aire de ShowMatch que lo alejaría de la televisión. A partir de entonces, todo iría para peor.En ese mismo año ocurrió esta historia, hasta aquí desconocida para la gran mayoría. Incluso, para los fanáticos más fieles del Comandante Fort.DESAFORTUNADOCuando fue inaugurado en 1936, el edificio Kavanagh se convirtió en el rascacielos más alto de Sudamérica. Contaba con detalles de lujo para la época, como aire acondicionado central —sí, ¡en los 40!— y frigorífico para guardar alfombras y pieles, ¡un despilfarro! Quienes entienden de arquitectura describen una torre de hormigón armado con estilo racionalista, cuyo perfil escalonado permite que muchos departamentos cuenten con una amplia terraza con vista privilegiada a la Plaza San Martín, en el corazón porteño. Fue encargo —y capricho— de una millonaria: Corina Kavanagh.Mirá También¿Era de la hija de Wanda Nara? La China Suárez contó la verdad sobre la malla que usó Magnolia en su cumpleañosDolida porque su hija había sido rechazada por los Anchorena, quienes impidieron su amor con un muchacho del clan porque la joven no pertenecía a la nobleza, Corina juró venganza. Y casi en un berrinche de niños, levantó —¡en solo catorce meses!— ese coloso de 120 metros de altura para que desde la residencia de sus enemigos —el notable Palacio Anchorena— no pudiera observarse la iglesia de la cual eran devotos. Los cercó, sencillamente, con ese monstruoso edificio de 33 pisos que encontrarían cada vez que salieran de la casa.Siete décadas más tarde, otro millonario que tampoco provenía de la nobleza se mudó allí: Ricardo Fort. Y a altas horas de una noche de 2011, con la popularidad ya conseguida —no así el prestigio—, una de las personas que tenían acceso a su intimidad lo encontró sentado a una costosísima mesa, en el living de su departamento del Kavanagh.La penumbra dio acceso a su torso desnudo cubierto de tatuajes. Y a la espalda ya maltratada arqueada hacia adelante, los hombros vencidos, los codos sosteniéndolo todo, la cabeza gacha, la mirada perdida, la pistola entre sus manos, el dedo índice en el gatillo.Ricardo Fort.No hizo falta palabra alguna para persuadirlo: Ricardo ni siquiera apuntó a nigún lugar. Quizás nunca evaluó seriamente un escape tan rotundo. Pero sabía que a su alrededor existía un muro más inquebrantable que el hormigón. Porque al igual que la estructura de hierro del Kavanagh, su destino estuvo marcado por la desdicha: le sobró dinero, le escatimaron cariño; amó en silencio, lo odiaron a gritos; alcanzó la fama, le faltó tiempo para disfrutarla; buscó la dicha a su manera, el dolor infinito fue la consecuencia.Pero esa noche, Ricardo se concedió el permiso de coquetear con su destino, que al fin, ya sabía que estaba marcado. Porque la muerte lo alcanzaría de cualquier modo.Y lo haría muy pronto.(Texto publicado originalmente en el libro Paparazzi, Los secretos jamás contados).Mirá TambiénLa muerte de Daniel Mendoza: el amor clandestino que terminó en la tragedia más impactante que recuerde la farándulaMirá TambiénEl trágico pacto del exbailarín de Wanda Nara: escondió su agonía y murió a los 42 años sin que nadie lo supieraThe post La noche que Ricardo Fort estuvo al borde del abismo: la crisis silenciosa que casi cambia su historia para siempre appeared first on Revista Paparazzi. Navegación de entradasSal de mesa, sal marina o sal del Himalaya: cuál conviene elegir para proteger la presión, según un cardiólogo ¡Polémica! Romina Uhrig se cansó de los hombres que buscan fama a su lado: “Me dan asco, ninguno va a usar mis…”