La muerte de Nirmal Purjal: Broad Peak, el gigante del Karakórum que desafía incluso a los alpinistas más experimentados
La muerte de Nirmal Purjal: Broad Peak, el gigante del Karakórum que desafía incluso a los alpinistas más experimentados

La muerte del alpinista nepalí Nirmal Purja durante una avalancha volvió a poner al Broad Peak en el centro de la escena. Aunque suele quedar opacado por la fama del cercano K2, este gigante de la cadena Karakórum es una de las montañas más exigentes del planeta y forma parte del reducido grupo de los 14 ochomiles, las cumbres que superan los 8000 metros de altura. Su combinación de altitud extrema, cambios meteorológicos repentinos, largas jornadas de ascenso y un historial marcado por accidentes explica por qué continúa siendo uno de los mayores desafíos del alpinismo de alta montaña.

Ubicado sobre la frontera entre Pakistán y China, el Broad Peak alcanza los 8047 metros –algunas mediciones recientes lo sitúan en 8051– y ocupa el duodécimo lugar entre las montañas más altas del mundo. Fue identificado originalmente como K3 durante los relevamientos cartográficos británicos del siglo XIX y posteriormente recibió el nombre de Broad Peak (“Pico Ancho”) por una característica poco habitual entre los ochomiles: su cumbre no termina en un vértice agudo, sino en una extensa cresta horizontal de aproximadamente un kilómetro y medio de longitud.

Esa morfología es, al mismo tiempo, uno de sus mayores desafíos. A diferencia de otras montañas donde la cima resulta fácilmente identificable, en el Broad Peak existe una antecima conocida como Rocky Summit, ubicada alrededor de los 8035 metros. Durante décadas, numerosos montañistas dieron por terminada la ascensión al alcanzar ese punto, cuando todavía debían descender una pequeña brecha y atravesar un tramo estrecho de roca y nieve antes de llegar a la verdadera cumbre. El agotamiento extremo, la escasa visibilidad y la falta de oxígeno provocaron errores de orientación, controversias sobre ascensos y accidentes durante el descenso.

Aunque la vía normal de ascenso no presenta las paredes verticales de hielo que caracterizan a otros ochomiles, eso no significa que sea una montaña sencilla. La ruta habitual sigue la arista noroeste y exige atravesar largos sectores de roca, nieve y hielo en condiciones que cambian con rapidez. Los especialistas coinciden en que el principal obstáculo del Broad Peak no es una dificultad técnica puntual, sino la resistencia física y mental que demanda permanecer durante horas por encima de los 8000 metros.

A esa altitud comienza la denominada “zona de la muerte”, un sector donde la presión parcial de oxígeno equivale aproximadamente a un tercio de la existente al nivel del mar. En ese ambiente el organismo deja de recuperarse, aumenta el riesgo de sufrir edema cerebral o pulmonar, disminuye la capacidad de reacción y cualquier demora puede convertirse en una amenaza para la vida. Las bajas temperaturas, que pueden descender varias decenas de grados bajo cero, y los fuertes vientos característicos del Karakórum profundizan todavía más esas condiciones.

La logística para intentar la cumbre también figura entre las más complejas del montañismo mundial. La mayoría de las expediciones comienzan en Islamabad y continúan hacia Skardu, principal centro de operaciones para las montañas del norte de Pakistán. Desde allí los equipos se trasladan hasta Askole, último poblado antes de iniciar una caminata de aproximación de entre seis y ocho días por el glaciar Baltoro. El recorrido atraviesa lugares emblemáticos como Jhola, Urdukas y Concordia, donde convergen algunos de los glaciares más importantes del planeta y desde donde pueden observarse el K2, los Gasherbrum y el propio Broad Peak.

El Campo Base suele instalarse entre los 4900 y los 5000 metros de altura. A partir de allí las expediciones montan una sucesión de campamentos avanzados: el Campo 1 alrededor de los 5700 metros, el Campo 2 entre los 6200 y 6300 metros, y el Campo 3 cerca de los 7100 metros, desde donde generalmente comienza el ataque final a la cumbre.

El día de cumbre es considerado uno de los más largos entre los ochomiles. Desde el último campamento hasta la cima y el regreso pueden transcurrir entre 12 y 16 horas de esfuerzo continuo, casi siempre de noche y bajo temperaturas extremas. La duración del recorrido, sumada a la escasez de oxígeno, convierte el descenso en uno de los momentos más críticos de toda la expedición.

Incremento de expediciones

Con el paso de los años, el Broad Peak dejó de ser un objetivo reservado exclusivamente para expediciones de élite. El crecimiento del turismo de alta montaña impulsó la llegada de equipos comerciales que utilizan cuerdas fijas, oxígeno suplementario, y el apoyo de guías y porteadores de altura. Sin embargo, numerosos alpinistas continúan intentando la montaña en estilo alpino, sin oxígeno y con el menor apoyo posible, manteniendo una de las tradiciones más valoradas dentro del himalayismo.

Ese incremento de expediciones no modificó la naturaleza de la montaña. Históricamente, el Broad Peak registró una elevada tasa de mortalidad, que en sus primeras décadas llegó a superar el 20% de los ascensos exitosos. Si bien las mejoras en los pronósticos meteorológicos, las comunicaciones satelitales y el equipamiento redujeron esa proporción, el aumento constante de montañistas mantiene vigente el riesgo y cada temporada registra accidentes de gravedad.

Las avalanchas figuran entre las amenazas más frecuentes. Las intensas nevadas, la formación de placas inestables y los cambios bruscos de temperatura pueden desencadenar desprendimientos en distintos sectores de la ruta normal, especialmente entre el Campo 2 y los campamentos superiores. A eso se suman los fuertes vientos del Karakórum, capaces de modificar completamente las condiciones de ascenso en pocas horas, impedir operaciones de rescate y obligar a los equipos a permanecer aislados durante varios días.

Pablo Daniel Coria, presidente de la Agrupación de Montaña Calchaquí, explicó a LA NACION que el riesgo de avalanchas no depende de un único factor. “El peligro aumenta cuando hay nevadas recientes, viento que acumula nieve en las laderas, cambios bruscos de temperatura, pendientes pronunciadas y también por el factor humano. El peso de los escaladores altera el equilibrio del manto de nieve y puede provocar que se fracture”, señaló.

La historia del Broad Peak está atravesada por episodios que marcaron al montañismo mundial. El 9 de junio de 1957, los austríacos Fritz Wintersteller, Marcus Schmuck, Kurt Diemberger y Hermann Buhl realizaron la primera ascensión absoluta sin utilizar oxígeno suplementario ni porteadores de altura en el tramo final. Semanas más tarde, durante una expedición al cercano Chogolisa, Buhl murió al ceder una cornisa de nieve.

Decisiones

Coria sostuvo que, durante una expedición, la decisión de continuar o suspender un intento de cumbre nunca depende únicamente del calendario previsto. “Las decisiones de avanzar o dar marcha atrás se toman de acuerdo con las circunstancias de ese momento. Se evalúan de manera permanente las condiciones reales de la montaña, el pronóstico meteorológico y también el estado del equipo, como el ritmo de ascenso y el nivel de cansancio”, explicó.

En marzo de 2013 la montaña volvió a ocupar un lugar central cuando un equipo polaco consiguió el primer ascenso invernal de la historia. La expedición alcanzó la cumbre, pero el éxito quedó opacado por la desaparición y posterior muerte de Maciej Berbeka y Tomasz Kowalski durante el descenso, en condiciones extremas de frío y viento.

El especialista también advirtió que cualquier operación de rescate en estas montañas representa un desafío extraordinario. “Por encima de los 6000 metros hablamos de alturas extremas donde el simple hecho de caminar requiere un enorme esfuerzo físico. Imaginar lo que significa evacuar a una persona en esas condiciones. Para mover a un accidentado pueden ser necesarias entre seis y diez personas, que también quedan expuestas a la falta de oxígeno, el frío, el viento y un terreno muy peligroso, asumiendo un riesgo importante para sus propias vidas”, afirmó.

Los iraníes Aidin Bozorgi, Pouya Keivan y Mojtaba Jarahi

Los iraníes Aidin Bozorgi, Pouya Keivan y Mojtaba Jarahi lograron abrir una nueva línea de ascenso por la pared suroeste, conocida posteriormente como Ruta Irán. Después de alcanzar la cima quedaron desorientados durante el descenso y mantuvieron contacto telefónico con el campamento base durante varios días mientras esperaban un rescate que nunca pudo concretarse debido al mal tiempo y a la altitud. Los tres murieron en la montaña y el episodio abrió un debate internacional sobre los límites de las operaciones de rescate por encima de los 8000 metros.

Para Coria, tragedias como la ocurrida en el Broad Peak suelen impulsar una gestión del riesgo más conservadora dentro de la comunidad del montañismo, aunque recordó que “los accidentes ocurren incluso cuando se toman todas las medidas posibles para minimizarlos”.