La chef Chiara Rossi nos muestra su casa en Pilar, construida en familia a la sombra de árboles inmensos
La chef Chiara Rossi nos muestra su casa en Pilar, construida en familia a la sombra de árboles inmensos

Era un terreno con historia propia: un plátano imponente y una tipa de copa generosa estaban ahí antes que todo, y fueron los que definieron cómo debía existir la casa. “Cada ventana, cada expansión, cada recorrido se diseñó para respetar sus sombras y enmarcar sus ramas”, cuenta Chiara Rossi, dueña de casa, diseñadora industrial y, también, pastelera conocida en redes como @chiara.cocina.

La obra fue, literalmente, un proyecto familiar. Su padre y su hermano, ambos arquitectos, llevaron la parte técnica; su hermana se ocupó del paisaje; su madre, jardinera, aportó los plantines; y Chiara sumó su mirada funcional y estética. Sin constructora, Chiara se metió a fondo en el proceso, algo que le dejó un enorme aprendizaje.

La casa se organiza en torno a un patio abierto y luminoso.

Aprendí todo sobre la marcha y me involucré en cada instancia, desde la más grande hasta la mínima. Hoy conozco mi casa mejor que nadie.

Chiara Rossi, al frente de @chiara.cocina y dueña de casa

“Si bien estaba apoyada por los profesionales de mi familia, llevar adelante una obra al mismo tiempo que manejaba mi negocio, y sin ser yo misma arquitecta, fue un desafío enorme”, nos dijo Chiara Rossi.

Una planta súper abierta

Enmarcados por la alfombra (Awanay), sillones retapizados y reinterpretados con mantas que Chiara compró en la tienda Illums Bolighus, de Copenhague. Cuadro de Mariano Cornejo.

Por los tres sillones del estar también corre el ADN familiar: el recto, de origen italiano, se lo compró a su abuela; al curvo lo recibió de su tía, y la chaise longue, de su mamá.

Sobre la mesa ratona cuadrada, que fue un obsequio de la mamá de Tomi, se despliega un abanico de libros de arte, diseño, arquitectura y solo algunos de gastronomía: la mayoría están en la cocina, más a mano.

“La vinculación interior-exterior es la verdadera clave del proyecto. La casa no se impone al jardín: se deja envolver. Todo está pensado para que los ambientes capturen la luz, el movimiento de las hojas al viento y la tranquilidad que los árboles transmiten”.

El paisajismo estuvo a cargo de la hermana de Chiara, Delfina, del Estudio Rossi-Piccioni, que diseñó un jardín desestructurado con plantas nativas que atraen mariposas y colibríes. Plantaron aromáticas en los canteros (romero, orégano, tomillo, lemongrass,cedrón) y plantas de hoja grande en los laterales más sombríos.

“En la casa no hay señal de teléfono, solo wifi en la sala de la tele. Eso nos llevó a tener hábitos más saludables: disfrutar del jardín, cocinar sin prisa y descansar mejor”.

Para darle carácter a la barra del quincho, se la revistió en madera (Pablo Ledesma) y se iluminó con lámparas galponeras del Mercado de Pulgas. La mesa es de Casa The Stock. En la galería, todavía en evolución, un camastro de mimbre que una vecina del barrio estaba por tirar, al que Chiara restauró y le agregó un respaldo.

La mesa del quincho brotó del trabajo en pareja: “Era una mesa de interior, con una pátina oscurecida por los años. Con Tomi nos propusimos lijarla a mano. Fue nuestro ‘proyecto’ justo antes de mudarnos”.

Los pisos exteriores se resolvieron con ladrillones de 30x30cm traídos de Córdoba. Su textura rústica y su color terroso generan continuidad con el jardín y acompañan el recorrido descalzo.

“Tomi y yo somos jóvenes y no tenemos hijos”, dice Chiara hablando del modo en que viven su casa, pensada para disfrutar con amigos en fines de semana de pileta, asados de doble jornada, instrumentos musicales a mano y el cuarto de huéspedes siempre a disposición. “En el aspecto más nuestro, queríamos un espacio para cocinar juntos a nuestras anchas y bien cerquita de la huerta”.

Ahora, en verano, la huerta es pródiga en tomates, pimientos, berenjenas, albahaca y zapallitos. Al armarla, Chiara priorizó la circulación fluida y los cajones altos, cómodos para trabajarla durante diez minutos día por medio. “Cosechar es lo más importante para mí, da lugar a que crezca más y mejor. Siempre que vienen amigos, se van con algo para preparar en su casa”.

“La huerta es lo primero que muestro cuando me visitan. Es lo que más me motiva y emociona. Mi mamá me enseña cada vez que viene y germina los plantines. Yo aprendo a base de paciencia y de luchar contra orugas y pájaros”.

Un espacio social abierto, donde el living dialoga con la cocina y se expande hacia el exterior.

“Hacer coincidir los revestimientos interiores con el de los muebles de la cocina, de madera enchapada en petiribí laqueado, tuvo su vértigo: fue obra de dos carpinteros distintos que se encontrarían en la cocina, pero salió todo bien”, agregó.

La mesa y las sillas (Estudio Te) de un comedor plenamente comunicado con la cocina y el living, que se amalgama con el frente y suaviza la transición. Lámparas colgantes cilíndricas (Hay, Copenhague).

La cocina

El diseño original contemplaba alacenas, pero −como el presupuesto se disparó− recalcularon con un estante para dejar las cosas a la vista.

“¡Pensamos este espacio con tanto detalle! Cada cajón con su función; cada placard con la medida perfecta para que todo esté ordenando y organizado”. Mesada de Neolith ‘Pietra Di Osso’. Lámpara colgante (La Feliz).

“Con el tamaño que tiene la cocina, ya era suficiente lugar de guardado. Además, ya habíamos mandado a hacer la ventana a medida”, sumó.

El volumen en torno a la campana suma diseño. “Como quería bordes redondeados, lo mandé a hacer en telgopor y lo colocamos en el canto de la placa de yeso. Les compliqué la vida al colocador y al pintor, pero la peleé hasta el final”.

Subimos

Los ventanales con carpinterías de aluminio y acabado peltre lijado diluyen los límites con el patio central.

Escultural y hasta totémica, la escalera de hormigón sin barandas parece surgir de un recorte del cielo raso, en el mismo material.

La cama, el respaldar, los veladores y la chaise longue del dormitorio se los compró a un tío que se mudaba. Alfombra (Awanay). Tras los paneles de madera de la pared queda oculto el sistema de ventilación central. Para el baño, con vestidor en la antesala, apostó por un look limpio y cálido, con revestimiento de piso y paredes de Travertino (Ragolia).

“El tapiz nos acompaña desde que estamos de novios. Estaba en nuestra panadería y, cuando nos mudamos juntos, lo llevamos al departamento. Ahora se luce en esta casa”.

Las notas de color en el cuarto las aportan la silla giratoria roja de Kartell, un pie de cama que Chiara compró en Grecia y un tapiz hecho por tejedores del Norte (Dallá Paracá).

“En el toilette surgió una mezcla ecléctica que me encanta. Que nuestros invitados vuelvan con algún comentario sobre un objeto que vieron allí ya es algo habitual”.

Llegar al empapelado demoró dos años. Cuando estaban por cerrar la búsqueda y pintar, Edición Particular lanzó este diseño. “Creo que fui la primera en tenerlo: llamé ese mismo día. El ‘Ave Fénix’ nos conquistó a Tomi y a mí”. Espejo rescatado del altillo de sus padres. Mesada de granito ‘Alpinus’ (Vedek).