Jorge Tartaglione, cardiólogo: “Cuando dormís mucha siesta, tenés un poco de mal humor”
Jorge Tartaglione, cardiólogo: “Cuando dormís mucha siesta, tenés un poco de mal humor”

La somnolencia que suele aparecer entre las 14 y las 16 no responde a una cuestión de pereza, sino a una herencia biológica que la sociedad moderna intenta ignorar. Según explica el médico Jorge Tartaglione, este fenómeno tiene una raíz evolutiva profunda: “El colapso de las 4 de la tarde no es pereza, es genética, y luchamos sobre esa genética”.

“La realidad es que indudablemente hoy no podemos dormir una siesta y dormimos a la noche y mal. Seis de cada diez argentinos duermen mal”, agregó el profesional.

A la hora de definir la duración ideal para el descanso en medio de la jornada, Tartaglione sostuvo: “Si la siesta es más larga de 30 minutos, tenés más riesgo de obesidad, riesgo de una enfermedad que sea del síndrome metabólico, de diabetes y de accidente cerebrovascular, por lo tanto la siesta debe durar 30 minutos”.

“Cuando dormís mucha siesta, decime si no tenés un poco de mal humor”, destacó. Es por ello que el especialista remarcó que si el descanso es menor a 30 minutos hay menos riesgo de obesidad, menos riesgo de demencia y el humor de la persona es mejor: “Te protege el corazón” subrayó Tartaglione.

La siesta perfecta: cuanto y cuando dormir

La evolución de la siesta

“La siesta es algo que nosotros los seres humanos lo tenemos de la antigüedad. Y esa pesadez que te agarra por la tarde tiene una razón. Antiguamente, hasta hace 200 años, no dormían como nosotros, dormían en cuotas”, señaló el profesional de la salud.

Y detalló: “Primero no hacían un sueño de cuatro horas, después se levantaban y después volvían a dormir otra vez, se le llamaba bifásico. Y en esas primeras cuatro horas descansaban. En las segundas cuatro procreaban”.

Con la evolución de la humanidad, la ciencia moderna estableció límites precisos sobre cómo debe realizarse esta pausa para que no se convierta en un factor de riesgo para la salud física: “Antiguamente dormían todos juntos, la humanidad dormía junta. Las primeras cuatro horas seguidas, después se hacía un periodo intermedio y después tenían un sueño mañanero”.

“En ese período intermedio, descansaban, charlaban, escribian, creaban, pintaban y procreaban”, resumió.

Las reglas innegociables de la siesta

Para replicar los beneficios del sueño ancestral, sin afectar al metabolismo moderno, Tartaglione dispuso tres regalas innegociables para alcanzar un descanso reparador durante el día:

  • Debe durar entre 15 y 20 minutos, máximo 30 minutos.
  • El descanso debe ocurrir Entre las 14 y las 15 horas.
  • Dormir sobre el sillón.