Jessie Buckley: una actriz extraordinaria que trazó su propio camino y soñó al personaje que le dará el Oscar
Jessie Buckley: una actriz extraordinaria que trazó su propio camino y soñó al personaje que le dará el Oscar

Aunque algunos intenten dar por seguro los resultados de los premios Oscar lo cierto es que este año, como casi siempre, las predicciones sobre quiénes ganarán las codiciadas estatuillas el próximo 15 de marzo, son más expresiones de deseo que certezas. Con la excepción de la categoría de mejor actriz principal, que hasta los más incrédulos afirman que será para Jessie Buckley, la actriz irlandesa que protagoniza Hamnet.

Con triunfos en los galardones de los críticos y los Globo de Oro, la intérprete de 36 años es una rareza en Hollywood. De hecho, su rareza, que lleva con orgullo frente y detrás de las cámaras, incluye pero no se limita a las consideraciones de la industria del cine. Según contó en varias ocasiones Chloé Zhao, la directora del film adaptado de la novela de Maggie O’Farrell sobre la trágica historia alrededor del duelo por la muerte de uno de los hijos de William Shakespeare con su esposa Agnes, desde que leyó el libro y comenzó a trabajar en su traslación a la pantalla grande con la autora, la única actriz que imaginó en el papel de Agnes fue Buckley. Una elección que se justifica en cada plano de la actriz que interpreta a una versión ficcionalizada de la esposa de Shakespeare con una intensidad y sensibilidad extraordinarias.

Su encarnación del personaje -que es al mismo tiempo una suerte de hechicera, ninfa del bosque y la persona más sensata y práctica de su matrimonio con el aspirante a dramaturgo-, desgarra y se desgarra a la hora de enfrentar la tragedia en el centro del cuento. “No le tiene miedo al modo en que los demás puedan percibirla. No intenta esconderse ni se pone límites”, explicó sobre la actriz Paul Mescal, quien interpreta a Shakespeare antes de convertirse en el Shakespeare, gloria de las letras universales, en un reportaje publicado en la revista New York sobre Buckley.

Para prepararse para el papel, la actriz aplicó una técnica inusual que le dio forma a su personaje y, según Zhao, también influyó a la película en su totalidad. Mientras otras actrices se habrían puesto a leer los textos históricos y académicos sobre Anne Hathaway, el nombre de la esposa del dramaturgo en la vida real, Buckley optó por un acercamiento muy diferente: junto a su terapeuta se dedicó a explorar cómo sus sueños influyen en sus exploraciones artísticas. Que incluso antes de adentrarse en el universo de Hamnet la ayudaron a construir personajes extraordinarios, a veces desaforados, plenos de rabia y ternura como los que interpreta en la miniserie Chernobyl, la película Ellas hablan, de Sarah Polley y en La hija oscura, de Maggie Gyllenhaal, por el que fue nominada a su primer Oscar en la categoría de intérprete de reparto. Justamente, con Gyllenhaal volvió a trabajar en La novia, una versión de La novia de Frankenstein que se estrenará en marzo.

Obstáculos y desvíos

Buckley en la premiere del film Ellas hablan en 2022

Hay algo de justicia poética en que el reconocimiento global le llegue a Buckley gracias a un drama shakespeariano. Después de todo, las obras del Bardo Avon tuvieron una importancia fundamental en su formación como artista. Una trayectoria tan inusual como ella, que alguna vez dijo no recordar un tiempo en el que no quisiera actuar. Aunque su camino hacia los escenarios estuvo repleto de obstáculos y desvíos imprevistos.

La hija mayor de una familia oriunda del idílico pueblo irlandés de Killarney, criada entre el bar que regenteaba su papá, poeta de vocación, y el consultorio de su madre psicoanalista y musicóloga, cantante y arpista, la actriz y sus cuatro hermanos siempre estuvieron rodeados de arte. Sin televisión en su casa la intérprete jugaba a montar obras musicales en el living de su casa, un hobby que también practicaba en la escuela.

La actriz fue nominada por primera vez al Oscar gracias a su trabajo como intérprete secundaria en el film La hija oscura

Fascinada con el mundo del teatro, a los 17 Jessie intentó ingresar a varios conservatorios de arte dramático en Londres pero fue rechazada en todos. En lugar de volver a Irlanda derrotada Buckley decidió audicionar para un reality show de competencia, I’d Do Anything, cuyo premio era protagonizar una nueva puesta del musical de Oliver en el West End. A pesar de que no ganó el concurso la actriz sí logró llamar la atención de dos de sus jurados: Andrew Lloyd Webber y Cameron Mackintosh. Conmovidos por el talento en bruto de Buckley, las leyendas de los escenarios británicos le recomendaron que asistiera a un curso intensivo de cuatro semanas dedicado a la obra de Shakespeare dictado en la prestigiosa Real Academia de Arte Dramático (RADA), una de las instituciones a las que no había conseguido ingresar unos años antes.

Excéntrica e intrépida Buckley fue una de las más recordadas invitadas de la Met Gala

Aquel acercamiento al teatro clásico la entusiasmó lo suficiente como para quedarse en Londres, donde pasó un tiempo trabajando como cantante y yendo a castings para conseguir algún papel en TV mientras volvía a hacer el intento de ser aceptada en RADA, famosa por su rigor académico y sus alumnos notables como Ralph Fiennes, Jonathan Pryce, Anthony Hopkins y Cynthia Erivo, entre muchos otros.

La segunda fue la vencida para Buckley, que cursó toda la carrera de intérprete en la academia cuyos profesores le enfatizaban que la estaban preparando para ser una actriz de teatro clásico cuando ella insistía con su interés por el canto. Tal era la batalla que libraba con las autoridades del conservatorio que mientras cursaba el segundo año de la formación la suspendieron por haber aceptado un trabajo como cantante, una forma de pagar el alquiler y mantener viva su fascinación con la música. El enfrentamiento le generó una inestabilidad emocional que resultó en ataques de pánico y que considerara dejar sus estudios.

El camino de  Buckley hacia los escenarios estuvo repleto de obstáculos y desvíos imprevistos.

“Estoy contenta de haberme quedado en RADA. En ese momento decidí que no quiero que nadie me diga quién soy hasta que lo haya descubierto por mí misma”, explicó Buckley en la entrevista publicada el año pasado en la revista New York. Ese principio la guió en su carrera desde allí en adelante. Primero siguió un camino tradicional: en 2013 interpretó a Miranda en una puesta de La tempestad en el Teatro Globo dedicado a la obra de Shakespeare, y dos años más tarde formó parte de Un cuento de invierno que protagonizaba Judi Dench en el West End.

De a poco empezaron a llegarle propuestas para aparecer en TV y cine británicos hasta que en 2018 protagonizó Wild Rose: Sigue tu propia canción, una película independiente en la que interpretaba a una ex presidiaria escocesa con sueños de convertirse en estrella de la música country en Nashville. Por fin había encontrado un proyecto que le permitía mostrar su talento como actriz y cantante. Y contra lo que habían opinado sus profesores, fue esa combinación lo que impulsó su carrera de un modo inédito para ella hasta entonces. Reconocida en el circuito de los festivales cinematográficos internacionales, Wild Rose puso a Buckley en el radar del cine norteamericano.

Así, apareció en Judy, la biopic sobre Judy Garland con Renée Zellweger, fue la peculiar protagonista del peculiar film Pienso en el final, escrito y dirigido por Charlie Kaufman, y luego regresó al teatro en Londres para encabezar una nueva puesta de Cabaret como Sally Bowles, papel por el que ganó el premio Olivier a la mejor actriz en un musical.

Con el sello de aprobación del mundillo del teatro londinense Buckley volvió a desoír los consejos de quienes pretendían dictar los pasos de su trayectoria artística y grabó un disco realizado en colaboración con Bernard Butler, el guitarrista reconocido por su trabajo con la banda británica Suede. Una experiencia que la alentó a seguir escribiendo canciones entre un proyecto cinematográfico y otro, y a participar de espectáculos como el que la TV irlandesa transmitió hace dos años en homenaje a la cantante Sinead O’Connor. Su interpretación del tema “Troy”-se puede ver en Youtube-, la muestra en toda su gloria: una cantante que actúa y una actriz que canta con una emoción que hipnotiza cada vez que se planta sobre el escenario o delante de una cámara.

Una presencia rara y definitivamente encendida, que no teme cambiar de aspecto para habitar al personaje de turno, una costumbre que hasta ahora la ayudó a esquivar los costados menos agradables de la fama y a transitar la paradoja de ser una celebridad que pocos serían capaces de reconocer aunque la tuvieran por delante en la fila en el supermercado. Un relativo anonimato que probablemente deje de serlo cuando el mundo la vea ganar el Oscar más cantado de la temporada de premios modelo 2026.