Que no se puede explicar la pasión es una máxima que luce gastada y cansada de salir a la cancha cuando el fútbol intenta explicarse en términos racionales dentro de un terreno irracional. Y encontrar lógica en lo que implica un clásico… En uno en el que se exuda barrio, en el que la historia conmueve, en el que los recuerdos se traducen en anécdotas interminables que todo el tiempo recurren a contar cuando la sangre hervía por las calles de Boedo y cuando por la Avenida Caseros, ahí en el corazón de Parque Patricios, se cantaban tardes de epopeyas… La imagen del Papa Francisco desplegada en una tribuna, los colores del local dominando la escena y una celebración por un duelo con más de 111 años de historia, permitieron comprender todo aquello, incluso el final entre insultos ensordecedores.Un sol potente para darle algo de calidez a una tarde muy fría, una euforia desbordante y un partido de fútbol, todo en un marco ideal. Aunque claro, en el Nuevo Gasómetro fue demasiada la expectativa para tan poco. Pero qué le importa a Huracán todo eso de las formas si cuando se trata de poder pavonearse con haberse quedado con el único juego que les importa ganar más que nada en el mundo y les ofreció una sonrisa enorme después de 25 años de angustias con un 2-0 inédito por estos pagos, en la casa de San Lorenzo.Entonces, para el conjunto de Diego Martínez los análisis de cómo se expresó en la cancha de San Lorenzo será apenas un detalle, quedará a un costado que el local dominó casi todo el partido, tuvo las mejores insinuaciones, pareció querer un poco más, porque a ninguno de los dos les sobró luces en un contexto que ameritaba otra cosa, que los obligaba, al menos, a ofrecer un partido con más deseo por ganar y sin temores por no perder. Y si bien Huracán en ese juego, en el arranque, lució más amarrete, sobre el final de la primera parte abandonó esa postura mezquina para animarse a lastimar al dueño de casa, al que en la historia siempre lo atormentó en este tipo de duelos con una ventaja de 38 festejos. Pero en esta oportunidad, nada de eso importó.Es por eso que sin sobrarle nada, aunque es real que no le hizo falta tampoco, el equipo de Parque Patricios pudo leer que esa historia que estaba en juego y que el momento que atraviesa San Lorenzo, se estaba volviendo una mochila demasiado pesada para los jugadores de Néstor Gorosito, porque con el transcurso de los minutos se fue nublando su tarde. De esa manera, en la última jugada del primer tiempo, Jordy Caicedo, héroe del clásico anterior en Parque Patricios, se metió a lo guapo en el área y marcó el 1-0 para el Globo: tras un cabezazo de Juan Bisanz que el arquero Gill dejó corto, el ecuatoriano hizo su trabajo.Se desfiguró el equipo de Gorosito, porque no le sirvió ni el entretiempo para poder reacomodarse emocionalmente para torcer el rumbo. Pero tampoco resultó, porque es imposible para San Lorenzo, en este momento, abstraerse de todo lo que lo rodea y lógicamente eso se traduce con la pelota en los pies. Porque un clásico también tiene la contracara de transformarse en una tortura cuando todo está dado vuelta. Por eso los gritos para Juan Cruz Rattalino cuando perdió una pelota en la mitad de la cancha que terminó en el segundo gol de Huracán, el que permitió comenzar a romper una racha de 25 años sin poder ganar en el Bajo Flores, porque desde que el Nuevo Gasómetro se inauguró en 1993, el Globo sólo había podido ganar en diciembre de 2001 y logró sacarse ese peso el 9 de agosto de 2026.Y ese segundo gol, en realidad un golazo por la definición, también de Caicedo, provocó un sismo completo, porque no sólo desbarató cualquier idea de San Lorenzo de igualar el partido, sino que el jugador ecuatoriano de Huracán se excedió en el festejo al ir a celebrar de frente a la hinchada del Ciclón. Eso provocó que varios futbolistas del equipo local perdiesen el control, tanto el arquero Orlando Gill terminó expulsado por darle un cabezazo a Blondel.Lo mejor del partidoEn definitiva, todo aquello no fue más que un resumen de lo que vive San Lorenzo y lo que pudo encontrar Huracán en esta excursión al Bajo Flores. Es que el equipo de Parque Patricio se quedó con la gloria del clásico, espantó los fantasmas, pero en todo ese escenario se regodeó por ver a su rival eterno sumido en una crisis inquietante, con todo un estadio silbando a todos su jugadores y al grito de “que se vayan todos”.Este duelo clásico también se nutrió de estas cosas, de los goles de Caicedo y de la caída libre del Ciclón, un combo perfecto para que el Globo pueda guardar en su arcón otra tarde de anécdotas de gloria. Navegación de entradasFuerte comunicado de FIFA en apoyo a Infantino: «Se quiere socavar su mandato»