Gusano barrenador: científicos estudian el olor de las heridas para detectar al parásito que destruye al ganado en Texas
Gusano barrenador: científicos estudian el olor de las heridas para detectar al parásito que destruye al ganado en Texas

El olor a herida abierta, esa señal de alarma para cualquier ser humano, es lo que atrae a una de las plagas más devastadoras para la ganadería del continente americano. La mosca del gusano barrenador del Nuevo Mundo, cuyo nombre científico es Cochliomyia hominivorax, deposita sus huevos en las heridas y orificios corporales de animales de sangre caliente; las larvas que emergen se alimentan del tejido vivo del huésped y pueden ser letales sin tratamiento oportuno.

Una amenaza que durante décadas estuvo erradicada de Estados Unidos volvió a detectarse en suelo norteamericano en 2026: al 16 de agosto, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) confirmó 46 casos en Texas y uno en Nuevo México, según el panel de seguimiento oficial de su Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal.

Ante ese escenario, investigadores de la Universidad Estatal de Colorado (CSU) desarrollan una línea de investigación que podría redefinir las herramientas de vigilancia y control del parásito. El objetivo es descifrar, con exactitud molecular, qué olores bacterianos atraen a la mosca hacia el tejido vivo en lugar del tejido muerto, con miras a fabricar trampas más eficaces y específicas.

La mosca del gusano barrenador del Nuevo Mundo deposita huevos en heridas de animales de sangre caliente y sus larvas se alimentan de tejido vivo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El proyecto cuenta con financiamiento del USDA dentro de un paquete de USD 105 millones distribuidos entre 40 iniciativas de defensa contra el gusano barrenador, según el comunicado de prensa de la universidad publicado el 23 de julio de 2026.

La investigadora a cargo es Jessica Metcalf, microbióloga y profesora del departamento de Ciencias Animales de la CSU, cuya trayectoria de 15 años en ecología de la descomposición y ciencia forense le dio herramientas poco comunes para abordar el problema.

El trabajo se enmarca en el contexto del rebrote documentado en un estudio sobre la distribución potencial del gusano barrenador publicado en la revista Scientific Reports en julio de 2025, que registró la reemergencia de la especie en Panamá en 2023 y en México entre 2024 y 2025, y advirtió que Texas y Florida enfrentan el mayor riesgo de invasión en Estados Unidos.

El olfato de la mosca como blanco científico

El USDA financia el proyecto de la CSU dentro de un paquete de USD 105 millones destinado a 40 iniciativas contra el gusano barrenador. (REUTERS/Enea Lebrun/File Photo)

La clave del proyecto de Metcalf está en los compuestos orgánicos volátiles, sustancias químicas producidas por bacterias que se evaporan con facilidad y generan los olores característicos de tejidos en distintos estados. Mientras los seres humanos asocian esos olores con peligro o descomposición, la mosca del gusano barrenador los interpreta como una señal de reproducción.

“Nosotros usamos esas señales bacterianas para alejarnos de ciertas cosas, como no comer carne en mal estado. Los insectos las usan por una razón distinta: para ellos, ese olor indica un lugar ideal para depositar huevos”, afirmó Jessica Metcalf, profesora de Ciencias Animales de la Universidad Estatal de Colorado, según el comunicado de prensa de la institución.

El problema práctico que motivó la investigación es concreto: las trampas más usadas en la actualidad se basan en olores de carne en descomposición, lo que atrae principalmente al gusano barrenador secundario, Cochliomyia macellaria, especie que prefiere el tejido muerto y no representa una amenaza real.

Un estudio en Scientific Reports advirtió que la reemergencia del gusano barrenador en Panamá y México elevó el riesgo de invasión en Texas y Florida. (REUTERS/Kaylee Greenlee)

Al llenarse de este gusano secundario, las trampas dificultan la detección del gusano barrenador del Nuevo Mundo, la especie que infesta tejido vivo. El equipo de Metcalf buscará identificar qué combinación química bacteriana, propia del tejido vivo con herida abierta, distingue a la mosca del Nuevo Mundo de su pariente menos peligrosa, para trasladar esa diferencia al diseño de trampas más precisas.

Las moscas califóridas, la familia de dípteros que incluye al gusano barrenador, también transportan sus propias bacterias y las utilizan como señales de comunicación entre individuos de la misma especie: esas bacterias indican a otras moscas dónde encontrar un huésped adecuado, lo que multiplica las infestaciones. El equipo también analizará qué bacterias caracterizan al gusano barrenador del Nuevo Mundo frente al secundario, para incorporar esa diferencia química en trampas de nueva generación.

Una ciencia forense al servicio de la ganadería

La trayectoria de Metcalf en el estudio de la descomposición animal tiene aplicaciones que van más allá de la ganadería. Su laboratorio demostró que los microorganismos presentes en un cuerpo permiten estimar con precisión la hora de la muerte, dato de valor para la investigación criminal. Ahora, esa misma base científica se redirige hacia el control del gusano barrenador.

La Universidad Estatal de Colorado investiga qué olores bacterianos atraen a Cochliomyia hominivorax para desarrollar trampas más eficaces. (REUTERS/Fredy Rodriguez)

“Llevamos 15 años trabajando en la relación entre insectos, bacterias y descomposición animal, y el gusano barrenador del Nuevo Mundo evolucionó a partir de un descomponedor, un insecto que utiliza el tejido muerto para la cría de sus larvas. Eso nos dejó bien posicionados para abordar este problema”, afirmó Metcalf, según el comunicado de la CSU.

El equipo incluye a los docentes de la CSU Kayla Borton y Kelly Wrighton, y trabaja en colaboración con la Red de Microbioma del Estado de Colorado (CoSMic), que aporta herramientas de caracterización química de los compuestos volátiles y de análisis genómico, esto es, el estudio de la información hereditaria de los microorganismos involucrados.

Para construir la base de datos de campo, el proyecto convoca a productores ganaderos, veterinarios y biólogos de vida silvestre como voluntarios: tomarán muestras de heridas de animales para análisis en laboratorio y, a cambio, recibirán los resultados de esas pruebas y acceso a las soluciones que el proyecto genere.

La técnica del insecto estéril y sus límites actuales

Las trampas actuales atraen sobre todo a Cochliomyia macellaria, una especie que prefiere tejido muerto y complica la detección del gusano barrenador del Nuevo Mundo. (REUTERS/Fredy Rodriguez)

El método predominante de control internacional del gusano barrenador desde hace décadas es la técnica del insecto estéril. Consiste en criar moscas macho en laboratorio, esterilizarlas mediante radiación y liberarlas en el ambiente: dado que las hembras solo se aparean una vez, el cruce con machos estériles impide que los huevos eclosionen y reduce la población con el paso del tiempo.

El USDA y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario de Panamá operan conjuntamente una instalación en ese país centroamericano donde se producen y liberan millones de moscas estériles por semana.

Esa técnica mantuvo al gusano barrenador fuera de Estados Unidos durante décadas, pero la reemergencia de la especie en México y Centroamérica desde 2023 expuso sus límites. Una de las preguntas que el proyecto busca responder es si el proceso de esterilización reduce el atractivo bacteriano de los machos, factor que podría explicar, al menos parcialmente, la menor efectividad observada en años recientes.

La red de vigilancia de la CSU se extiende por Colorado, Texas, Arizona y Nuevo México, mientras Texas avanza con una planta de moscas estériles prevista para 2027. (REUTERS/Fredy Rodriguez)

“Otro resultado potencial de nuestra investigación es comprender cómo hacer que las moscas estériles sean más aptas para el apareamiento”, señaló Metcalf, según el comunicado de prensa de la CSU.

Anthony Grigsby, entomólogo forense y microbiólogo que realiza su doctorado en el laboratorio de Metcalf, advirtió que gran parte de los métodos de control del gusano barrenador se desarrollaron hace más de medio siglo. “Podemos ayudar a modernizar la infraestructura subyacente a los programas de técnica del insecto estéril, junto con nuestra comprensión de la ecología del gusano barrenador”, afirmó según el comunicado institucional.

Una red de vigilancia que se expande

Más allá del laboratorio, el proyecto articula una red de vigilancia territorial que abarca Colorado, Texas, Arizona y Nuevo México. La coordinación del trabajo de campo recae en Tracey Goldstein, directora del Instituto One Health de la CSU, organismo que integra salud humana, animal y ambiental bajo un mismo enfoque de respuesta.

El proyecto financiado por el USDA busca distinguir los compuestos volátiles del tejido vivo herido frente a los del tejido muerto. (REUTERS/Daniel Becerril)

“Esta mosca no distingue si el huésped es una persona, un ciervo, un cerdo o un pollo. Infesta todo, lo que es preocupante, y parte de la razón por la que cuesta tanto controlarla. Necesitamos realmente todos los ojos y oídos posibles en el terreno para detectar si llega a Colorado y cuándo”, afirmó Goldstein, según el comunicado de prensa de la CSU.

Julia Herman, veterinaria especialista en bovinos de carne de la Asociación Nacional de Ganaderos de Carne de Res, señaló que el impacto de la plaga trasciende la mortalidad animal. En las zonas de infestación, los productores están obligados a revisar cada animal en busca de heridas, y los animales no pueden movilizarse hasta que esas heridas sanen, con los retrasos logísticos y costos adicionales que eso implica.

“No podemos salir de este problema solo con tratamientos. Necesitamos otras formas de controlar esta mosca, y este proyecto ofrece una vía para reducir las poblaciones del gusano barrenador del Nuevo Mundo”, afirmó Herman, según el comunicado de prensa de la Universidad Estatal de Colorado.

En ese marco de respuesta acelerada, la construcción de una instalación de producción de moscas estériles en Edinburg, Texas, avanza por delante de lo previsto y se espera que esté plenamente operativa el 1 de abril de 2027, según información oficial del USDA.