En un día de furia en Buenos Aires, con calles cortadas por manifestaciones y un fuerte operativo policial alrededor del Congreso, el ilustrador español Antonio Lorente se prepara para dedicar sus libros (con firma y dibujos) a sus fans locales. Afuera hay ruidos, bocinazos, protestas; adentro del espacio Edelvives, donde la editorial española tiene sus oficinas locales y su librería, reina la armonía.Es la segunda visita de Lorente al país: en 2024 el ilustrador de Ana la de Tejas Verdes, Peter Pan y Mujercitas dio una charla sobre su proceso creativo en el Malba y participó de la Feria del Libro. Esta vez, repitió el ritual de los autógrafos y dibujos personalizados en la primera página de sus últimos cuatro trabajos: una versión muy personal de El Principito y otra de Carmilla, el relato de Sheridan Le Fanu de 1872 que inspiró a Bram Stoker para crear Drácula. Además, el artista que reimagina los clásicos de la literatura (como lo definen sus editores) trajo al país otras dos novedades en ediciones de colección: Grandes amores. Veinte parejas inolvidables de la literatura, con textos de la española Espido Freire, y 13 de fantasmas, una antología de cuentos espectrales de firmas como Charles Dickens y Charlotte Brontë.Andaluz como su admirado Federico García Lorca, Lorente nació en 1987 en Almería, ciudad donde vivió el poeta entre los 7 y los 9 años. En 2024, en una entrevista con LA NACION, el artista (que es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia y ha exhibido sus originales en muestras en Roma y Londres, además de en su ciudad natal) contó que pocas semanas antes de llegar al país había inaugurado un hotel boutique temático en la casa donde había vivido Lorca en su infancia. “Es el proyecto de mi vida”, declaró orgulloso entonces.Dos años después, su “espacio de alquiler vacacional cultural” recibe huéspedes de todo el mundo que se alojan allí en habitaciones ambientadas con libros, cuadros y fotografías del poeta español. “Funciona muy bien no solo porque hay mucha gente interesada sino porque cuando vuelcas tanto amor en algo hay una buena respuesta. Además, los visitantes la cuidan como si fuera un santuario. La gente cuando se va me dice ‘es una casa mágica’”.Lorente trabaja por estos días en un libro “muy personal” relacionado con su sueño de la casa de Lorca. “Es una obra que rompe con todas las anteriores: un diario íntimo ilustrado, sobre la vida y la obra de Federico –contó a LA NACION-. Una vez que el proyecto de la casa comenzó a rodar se me ocurrió escribir un diario que combinara su voz con mi experiencia y mis sensaciones sobre recrear su vivienda de la infancia. Yo viví un tiempo allí, antes de inaugurarla para los visitantes. El libro todavía está en proceso. Estoy ilustrando y pintando, con técnica mixta. Es muy arriesgado, pero pienso que es un proyecto que puede tener continuidad. Creo que tiene mucho corazón. Y cuando una obra tiene corazón, llega la gente”.El “ilustrador de los ojos grandes”, como le dicen en España, consolidó su carrera reimaginando el canon literario de la infancia: Peter Pan, Las aventuras de Tom Sawyer y Mujercitas, entre otros libros de grandes autores. Entre sus trabajos más recientes que presentó en el país se destaca su edición ilustrada de El Principito, con imágenes inéditas que proponen una nueva lectura visual de uno de los libros más traducidos de la historia.“El Principito es un trabajo muy especial porque estaba deseoso de poder ilustrarlo y tuve que esperar que los derechos entraran al dominio público. Así que, cuando pude hacerlo, fue un trabajo muy celebrado. Tiene que ver con mi infancia, mi adolescencia, mi madurez. Es curioso porque es un libro que he leído muchas veces. Pero cuando más me marcó fue en mi infancia cuando lo dieron en la escuela como lectura obligatoria. Era muy pequeño y me encantó, pero no lo entendí del todo bien. Me entretuvo, me gustó, pero lo sentí más como un libro de aventuras. En cambio, la segunda vez que lo leí, fue en la adolescencia y ahí ya tuve una lectura bastante más profunda”.Cuando terminó la licenciatura en Bellas Artes, Lorente se fue a vivir a Londres. “Fueron cinco años en aquella ciudad. Al principio, me sentía muy perdido, no sabía muy bien por dónde empezar a trabajar y me compré una edición en inglés de El Principito, con los dibujos originales de Saint-Exupéry. Por eso digo que en cada etapa de mi vida esta historia me ha generado una lectura diferente”.A la hora de empezar a dibujar, no tenía una imagen definida del protagonista. “Me daba un poco de miedo enfrentar ese momento”, confesó. “Así que seguí mi propia manera de dibujar, que es realista, como si pintara el alma del personaje. Decidí respetar el imaginario del autor: la boa, el elefante, el sombrero. Lo difícil de este libro era cómo interpretar al autor y combinarlo con mi estilo. El original ya existe, todos lo conocemos, lo amamos, funciona bien solo. El mío es una nueva edición que tiene el texto original ilustrado con mi imaginario”. Así, el niño creado por Lorente tiene una mirada tierna, ojos celestes enormes con lágrimas y el pelo rubio enrulado. Los mechones parecen tener vida propia, al igual que la chalina.“Mi interpretación, a partir de múltiples lecturas, es que es un niño extremadamente sensible. Saint-Exupéry no era un gran dibujante. Él mismo lo decía. Dibujaba con líneas muy finitas, casi sin expresión. Le he hecho un homenaje: el personaje del aviador es él”, contó señalando una de las páginas.En Grandes amores. Veinte parejas inolvidables de la literatura, aparecen Ulises y Penélope, Romeo y Julieta y Anna Karenina y el conde Alexei Vronski, entre otros personajes de dramas y comedias clásicas. “Es amor de cine, amor de película –pensó el ilustrador al comenzar el trabajo-. Todos los grandes libros terminan siendo grandes películas. Y entonces decidimos junto con los editores darle al volumen una estética cinematográfica”. El volumen presenta un recorrido cronológico, a partir de la Odisea, de Homero. De todas las parejas literarias hubo una que no conocía y lo fascinó: la de la novela El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, integrada por dos compañeros de celda, Luis Alberto Molina y Valentín Arregui Paz. “Recuerdo que lo leí en mi casa y en la playa porque vivo muy cerca del mar y dije: ‘Qué maravilla’ y decidí incluirla”.De las pasiones, Lorente “saltó” a los fantasmas: “Hay algo dentro mío muy oscuro, que me gusta y quería que saliera. Entonces, cuando dije: ‘Yo quiero pegar un salto hacia otro género’ y a la editorial le encantó la idea”. Ese lado B propio que el artista reconoce y explora en sus trabajos aparece, también, en la elección del trágico amor de Romeo y Julieta en el libro sobre las grandes parejas: “Necesitaba incluir un amor tóxico, como se dice ahora”. 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