Si hay un valor del éxito determinante además del talento y la disciplina en la música clásica, ese valor es la continuidad. La práctica constante que es transmitida de una generación a otra para forjar, por ejemplo, la tradición de una orquesta. Mario Benzecry —director y maestro legendario de jóvenes instrumentistas— representa, con los brillantes 90 años de edad que celebrará en junio, la personificación más acabada de esa idea.Este domingo, bajo su batuta en el Palacio Libertad, inaugurará la temporada de conciertos de la Orquesta Sinfónica Juvenil —el organismo que fundó y dirige desde hace más de tres décadas—, junto al Coro Polifónico Nacional presentando, como primera audición en el país, la inconclusa “7º sinfonía” de Tchaikovsky.“Durante 28 años —cuenta Benzecry—, colaboré como maestro con el proyecto de José Antonio Abreu, preparando orquestas y enseñando a los jóvenes directores” [N. de la R.: Abreu fue el pedagogo que en 1975 creó un famoso programa de enseñanza pública gratuita conocido como “El Sistema” que hizo de la música una herramienta de inclusión social y desarrollo para millones de jóvenes en situación vulnerable, del cual surgió uno de los directores más solicitados de este tiempo, el actual titular de la Filarmónica de New York, Gustavo Dudamel]. “Un día, Abreu, que por entonces era ministro de cultura bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez, me comenta que entre los estudiantes tiene unos chicos argentinos que se lamentaban de que en Buenos Aires no hubiera ninguna orquesta para practicar, porque tanto la Orquesta Federal como la de Radio Nacional habían sido cerradas. Así surgió la idea de formar esta Sinfónica Juvenil que nació en febrero de 1994 ensayando en el salón de actos del colegio donde hice mi bachillerato, el Nacional Mariano Moreno.”Hoy, a 31 años de su primer concierto y como en cada una de las temporadas con que inicia su programación, la Sinfónica, integrada por 86 músicos de entre 18 y 28 años de edad, todos becados por la Secretaría de Cultura de la Nación, renueva los tres propósitos —pedagógico, cultural y laboral—, que son su razón de ser. “El propósito pedagógico —amplia Benzecry—, consiste en la preparación a cargo de profesores que dictan clases para convertir a los estudiantes en músicos de orquesta. El cultural, que se traduce en el servicio que devolvemos a la sociedad en ciclos de conciertos gratuitos (1200 personas en la Facultad de Derecho y 1900 en el Auditorio del Palacio Libertad para cada fecha respectivamente). Y finalmente, el propósito laboral que permite que cada año alrededor de un 15% de nuestros músicos —concluye el director con la satisfacción del sueño cumplido—, cedan su lugar y pasen a integrar las orquestas profesionales.”−Suele afirmarse que, con la velocidad de la tecnología, los jóvenes no tienen paciencia ni constancia. ¿Hay entusiasmo por aprender y dominar un instrumento, estudiar el gran repertorio clásico y sostener a largo plazo la disciplina que exige un organismo sinfónico?−Hoy en día el poder de convocatoria es enorme. ¡Tuvimos 300 inscriptos para el ingreso! Hay muchos chicos del interior, prácticamente el 80% de las provincias están representadas en la orquesta. Y hay que tener en cuenta que todos los años, los músicos tienen que dar un examen de audición de ingreso: los que ya están, para confirmar su posición; y los nuevos, para poder ingresar. Nadie tiene su silla asegurada y todos por igual tienen la obligación de cumplir cuatro ensayos de cuatro horas cada uno por semana abordando si ninguna facilitación, un repertorio exigente.−Como el de este domingo con Brahms y Tchaikovsky−Brahms con el Ave María y la Cantata Rinaldo, la primera obra con voces femeninas y la segunda, con voces masculinas y un tenor como solista. Todos cantantes del Polifónico Nacional. Y en la otra parte hacemos (a partir de una idea que me dio Nelson Castro), lo que se llama la “7º sinfonía de Tchaikovsky”, una sinfonía feliz que quedó inconclusa, pero con la instrumentación de las 3/4 partes del 1º movimiento, terminada en 1957 por Semyon Bogatyryev que rescata el sonido propio del compositor en una partitura que ejecutamos como primera audición argentina. Digo que es una sinfonía feliz al lado de la fuerza sentimental de la 5ª, del dramatismo de la 4ª y del pesimismo final de la 6ª “Patética”. Escucharemos entonces “lo apolíneo” en Brahms con sus orquestaciones profundas e introspectivas. Y “lo dionisíaco” en Tchaikovsky con sus líneas de canto permanente y unos contrapuntos maravillosos, coloridos e intensamente humanos.AgendaConcierto Sinfónico-Coral. Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín y el Coro Polifónico Nacional. Dirección: Mario Benzecry. Solista: Ricardo González Dorrego (tenor). Programa: Ave María op 12 y Cantata Rinaldo op 50 (Johannes Brahms). Sinfonía nº 7 (Piotr Illich Tchaikovsky). Domingo 12, a las 19. Auditorio Nacional. Palacio Libertad. Entrada libre y gratuita con reserva previa hasta agotar cupo. Transmisión por radio online. Navegación de entradasRumores de separación: una boda, un hijo y un ex que siempre ronda, así es la historia de amor entre Nicole Neumann y Manu Urcera Mostró a su hijo y lanzó un desesperado pedido de justicia por Ángel: el gesto de Lizy Tagliani que impactó a todos