El trágico pacto del exbailarín de Wanda Nara: escondió su agonía y murió a los 42 años sin que nadie lo supiera
El trágico pacto del exbailarín de Wanda Nara: escondió su agonía y murió a los 42 años sin que nadie lo supiera

Sabía que iba a morir pronto. No quiso que nadie lo supiera. Simplemente, continuó con la previsibilidad de su mundo cotidiano: desplegando su talento sobre el escenario, convidando su alegría detrás de escena. Pier Fritzsche entendía que los meses, los días, las horas… se le agotaban. Y prefirió vivirlas antes que atesorarlas.

Le escapó entonces a las despedidas en vida, al desconcierto que generaría en los otros al comunicar una noticia semejante. Y procuró evitar los cómo, los por qué; incluso el desgarrador “¿y ahora, qué?”. Sucede que esas mismas preguntas ya se las había hecho mil veces, sin jamás encontrar respuesta alguna. Eran en vano. El final resultaba inevitable. No había nada que pudiera hacer.

Y entonces, Pier eligió hacer eso: tanto se preocupaba por los demás que buscó ahorrarles el tránsito de su propia agonía.

A Fritzsche, la pasión por la danza lo sorprendió muy temprano. Pero en ese hogar de clase media de Martín Coronado, en el oeste del Gran Buenos Aires, sus padres se opusieron a su vocación, preocupados como estaban por su futuro: ser artista se asociaba más a la bohemia que a la bonanza económica. Así fue como aquel joven, obediente, terminó recibiéndose de profesor de Educación Física. Y también aquel joven, testarudo, terminaría ganándose la vida como bailarín.

Su Pier no era artístico: así lo bautizó su mamá, quien había quedado fascinada con ese nombre cuando lo escuchó durante un viaje por Australia. Pero su madre tuvo que defenderlo: en el Registro Civil no querían aceptárselo por tratarse de una palabra extranjera, y debió hacer un trámite extenso y muy burocrático para lograr que lo llamaran así.

Muy pintón, Pier respondía con ocurrencia cuando lo comparaban con Ricky Martin: “Sí, soy parecido a Ricky… ¡Maravilla!“, reía, en una de sus clásicas salidas humorísticas. Porque su simpatía lo caracterizaba tanto como la nobleza: en un ambiente donde la falsedad hasta tiene buena prensa, él optaba por ser genuino. Y alegre, divertido, cariñoso. Por eso, en el medio lo adoraban.

Pier Fritzsche, con Wanda y Zaira Nara.

Fritzsche fue uno de los primeros soñadores del Bailando, como en un principio se conocía a los partenaires de los famosos en el ciclo de Marcelo Tinelli. Sucede que todo arrancó como un concurso solidario: Pier deseaba construir un hogar para jóvenes vulnerables y con discapacidades mentales severas.

Si bien participó en una gran cantidad de obras teatrales, fue en ShowMatch -el programa más visto de la tele por aquella época, con un rating impensado para la televisión actual- donde Pier alcanzaría la popularidad. En el 2008 bailó con Karina Jelinek, en el 2010 acompañó a Silvina Escudero, y luego estuvo con las hermanas Nara: Wanda y Zaira.

Con Andrea Rincón atravesó una experiencia no del todo feliz: las diferencias con la ex Gran Hermano lo llevaron a presentar la renuncia al Bailando. “Es una mina espectacular y la quiero, pero no puedo seguir con ella. No la estoy pasando bien”, argumentó. También tuvo sus discrepancias con Graciela Alfano. Porque Pier tenía una personalidad amable, pero un carácter firme. Cuando lo consideraba apropiado, no concedía ni un centímetro.

La cara de pocos amigos de Pier Fritzsche junto a Andrea Rincón, en el Bailando.

Habitué del estudio de ShowMatch, logró brillar con Luciana Salazar, Dolores Barreiro, Marixa Balli y Marcelo Tauro. Además, daba clases de baile y era una figura habitual en los célebres carnavales de Gualeguaychú.

En el 2015, cuando atravesaba un gran momento profesional y personal, Pier Fritzsche recibió un diagnóstico tan tardío como devastador: dos tumores en el hígado. Pese a alguna mejoría eventual, el cuadro empeoró con el tiempo, hasta que en el 2018 los médicos le comunicaron que los cuidados solo serían paliativos, para mejorar su día a día. Y es que la situación ya era irremediable. El cáncer había avanzado demasiado. Lo suyo era insalvable.

Solo le informó la situación a sus amigos más cercanos, de esos que se cuentan de a dos o tres, y no más. En su trabajo lo mantuvo en secreto. Y siguió bailando.

Se lució en Magnífica, la revista que Carmen Barbieri presentó en la temporada teatral de Mar del Plata. Continuó en el elenco cuando la obra desembarcó en el teatro Astros de Buenos Aires en aquel 2018. Sus compañeros, y hasta la propia Carmen, lo notaban desmejorado, pero él respondía con excusas o evasivas cuando le hacían un comentario al respecto.

Pier Fritzsche con el elenco de Magnífica, en una de sus últimas fotos; aparece en el centro, al lado de Carmen Barbieri.

El 27 de noviembre de 2018, el corazón generoso de Pier dejó de latir. Tenía apenas 42 años. Tinelli, Carmen, todo el espectáculo, supo de su muerte cuando la noticia llegó a las redacciones. Este hombre acostumbrado al reconocimiento del público partió en silencio.

Noble, alegre, divertido y cariñoso, pero también testarudo, Pier Fritzsche siempre eligió como vivir. Y también cómo morir: apenas una semana antes había brillado en una función.
Quiso que esos fueran sus últimos aplausos.

Pier Fritzsche. (Foto: Archivo Paparazzi)

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