El nutricionista de deportistas que ahora se dedica a retratar animales con dibujos hiperrealistas
El nutricionista de deportistas que ahora se dedica a retratar animales con dibujos hiperrealistas

La sensibilidad para el arte, el amor por los animales y una carrera de nutricionista que lo llevó en un momento de su vida a estar a cargo de la alimentación del plantel de Boca Juniors, conviven en Mariano Quintana, que hoy dedica la mayor parte de su tiempo a retratar animales. Polifacético, además estudió veterinaria hasta tercer año. “En cada época de mi vida, cada área iba ocupando mayor o menor espacio. Yo trabajé y estudié muchas cosas, pero el hilo conductor de siempre fue el tema del dibujo, la pintura y el amor por los animales”, dice.

En sus retratos de animales, a los que examina con detenimiento y dibuja a la perfección, es posible advertir el detalle de un pelo, de una mirada o de un gesto. Su técnica, cuenta, es hiperrealista. ¿En qué consiste y en qué se diferencia del realismo? “Entre realismo e hiperrealismo, el umbral es muy fino, depende mucho del observador. Consiste en tratar de representar una imagen y su entorno lo más real posible”. El objetivo de la técnica es, asegura, tratar de captar al observador. Y detrás de la imagen la idea del autor es transmitir un mensaje. “Yo a este hiperrealismo trato a veces de forzarlo o de darle mi impronta. Porque en la naturaleza los colores son colores quebrados. Hay un predominio de los colores tierra, de los pardos, de los grises. Yo fuerzo un poco el tema de los tonos, de los matices, a propósito, para hacer un poco más llamativo la obra”, describe.

Los animales elegidos por el creador son aquellos que le trasmiten algo, que tienen presencia y se advierten protagonistas: gorilas, jaguares, jirafas… El pintor pone énfasis en las miradas para captar al observador. “Una vez que vos tenés captada la atención del observador, la idea es que se detenga, que se quede observando el cuadro, que se tome su tiempo. La mirada es como un portal de entrada para que el observador conecte con la obra, ingrese dentro de la obra y ahí ya empieza a interactuar”, explica. A cada observador, aclara, le dispara algo distinto, le despierta emociones básicas que lo conectan con lo primario, la naturaleza. “En toda la obra hay un mensaje que es el respeto total por todos los seres vivos y cómo nosotros como seres humanos interactuamos y somos una parte más de ese todo. Interactuamos con todas las formas de vida”.

Mariano Quintana

Mariano Quintana fue discípulo del maestro hiperrealista Jorge Rajadell. Durante seis años asistió a su taller y, si bien se observa su huella en la obra de Quintana, se diferencia del maestro. “Él tenía un amor total por la naturaleza, pero este mensaje que yo quiero transmitir de llevar al observador a lo básico, a lo natural para que atraviese el umbral, es un mensaje mío. Yo separaría mi experiencia con él en dos aspectos, el aprendizaje desde la técnica, y lo humano”.

Desde la técnica, Quintana perfeccionó el manejo del color y de la forma, las etapas de la pintura. Y ,desde lo humano, “me encontré con una persona lo más generosa que conocí. Hay veces que vas a un taller y el maestro te enseña lo básico para que aprendas y, no todos, pero a veces se guardan algo. Él no se guardaba nada”.

Durante su vida Quintana fue oscilando el tiempo que le dedicaba a la pintura y a la nutrición. En una etapa fue el deporte lo que mayor espacio ocupaba: jugó al rugby hasta más de los 30 años, hizo natación, fútbol y tenis. Fue entonces cuando decidió estudiar nutrición deportiva. Su amor por los animales y por el dibujo lo acompañaba, entonces como actividad secundaria hasta que hace 20 años empezó a ganar mucho más espacio. “Al día de hoy el 90% de mi vida es la pintura, es mi yo artístico”, confiesa.

Desde siempre dibuja. De chico era una cuestión lúdica. “Después del colegio iba a los talleres de dibujo y pintura. En mi adolescencia estaba muy enganchado con el deporte, entonces quedó un poco de lado, después lo retomé”. En el momento de más dedicación a la nutrición, que se repartía entre el consultorio y el club Boca Juniors -donde estuvo entre 2003 y 2011-, Quintana pintaba de noche. En Boca trabajaba en Casa Amarilla, con los más chicos, además del fútbol profesional.

“Fue en la época que tenía los jugadores más conocidos de Boca, porque estaban Riquelme, Tévez, los Barros Schelotto, Palermo, Battaglia”. Y de vuelta a casa, a pintar. Durante esos años pudo convivir el artista sensible con el nutricionista que se tenía que poner firme con los jugadores de fútbol. “Toda mi vida me gustó hacer muchas cosas distintas, que a veces iban más o menos por el mismo carril, a veces por el opuesto”, reconoce. Esa etapa profesional se cerró y hoy asegura que en un 80/90% de su tiempo está enfocado en el arte. Hoy pinta todo el día en su estudio, pero “a veces me inspiro de noche o se me ocurre alguna idea y tengo que pintar y lo hago en casa”.

Además de pintar sobre lienzo, Quintana lo hace en platos. “No pinto directamente arriba del plato porque llevaría mucho tiempo. Y el engobe, que es lo que se usa para pintar sobre cerámica o porcelana, no tiene tanta maleabilidad. No te permite la definición o el perfeccionismo que yo busco en el trabajo”, aclara. La técnica consiste en pintar sobre un soporte -un bastidor de tela, una plancha rígida de fibrofácil u hojas especiales que permiten pintar con acrílico- y después se transfiere por calor. ¿El resultado? Un plato concebido como una obra de arte sobre otro soporte.

Este mes Mariano Quintana estrena casa-estudio en Villa Devoto, donde funciona una galería y su espacio de trabajo. Toda su obra va a quedar montada allí y se va a comercializar fine art, es decir, copias con calidad de museo de la obra original. Se trata de réplicas seriadas idénticas a la original. Cada obra tiene, en promedio, quince réplicas. “Y los originales por ahora, que son parte de la familia, quedan resguardados” con protección en un lugar oscuro, sin humedad. En la galería estarán expuestas las réplicas.