El ex MasterChef que confesó la grave enfermedad que vive: “Como una droga, no me siento bien”
El ex MasterChef que confesó la grave enfermedad que vive: “Como una droga, no me siento bien”

La última decisión MasterChef Celebrity conducido por Wanda Nara dejó una serie de historias de vida que muchos desconocían. Una de ellas fue la de Alex Pelao, o popularmente como se lo conoce en las redes,Pelao Khe. Influencer, actor y comediante, en un momento se animó a destapar uno de los costados más oscuros de su intimidad: su trastorno alimenticio.

Si bien se trata de algo que ya había mencionado cuando se despidió de MasterChef, en esta oportunidad Alex habló a fondo de ese lado tan privado de su historia. Lo hizo en una nota para Infobae, donde explicó de qué forma vivió y aún enfrenta sus problemas de alimentación. Una historia cruda, que da un golpazo de lleno a la realidad que se vive cuando las cámaras se apagan.

Alex contó que sus problemas comenzaron de muy pequeño, casi como una marca que se le pega al cuerpo y no se va más. “Los problemas alimenticios empezaron a los seis años desde la obesidad, alimentarme mal. Siempre hubo ansiedad canalizada en la comida. Siempre hubo sobrepeso, sobrepeso, sobrepeso”, relató.

Sin embargo, el quiebre llegó en la adolescencia, cuando ese malestar acumulado explotó y se transformó en algo grave. “Todo se nubló. En ese tiempo se nubló todo. Todo era ‘63 calorías’. Y si camino para allá, ¿cuánto gasto? ¿Y esto qué tiene? Era una nube”, contó Alex como una obsesión que cambió su cabeza. En su mente había una frase constante que lo fue empujando al límite: “Yo no voy a volver a subir, no voy a volver a subir de peso”.

ALEX PELAO SE CONFESÓ SOBRE SUS TRASTORNOS ALIMENTICIOS Y EL LADO MÁS OSCURO DE SU VIDA

Ese pensamiento detonó en algo mucho más oscuro: “Y empezó la bulimia, ahí empezó”. El relato del Pelao se fue volviendo mucho más crudo cuando habló de cosas concretas en lo cotidiano. Ahí, la comida mínima se imponía como una regla. “Bajé de peso, estoy controlado, me como un cassette de queso con dos círculos de tomate con media rodaja de pan lactal”, relataba.

Pero entonces llegaba el efecto rebote, ese que nunca termina en nada bueno. “Me atragantaba con un paquete de galletas, lo que sea, y después me venía la culpa. Vomitar, vomitar, vomitar. Y así fue tiempo y tiempo. Destrucción, destrucción”. La repetición de Alex no es casual: es la forma más directa de explicar lo que vivía, ese desborde total.

La dinámica del atracón y el castigo se extendió durante años. “Fue desde el año 2012 y se terminó en 2018, ponele, con recaídas”, reconoció Alex. Aunque el problema no desaparecía del todo: “El problema seguía porque seguía con los atracones”. Lejos de sanar rápido, su relación con la comida también fue un conflicto: “La complicación de la comida era la compensación”.

El Pelao explica todo eso con una lógica tan común como peligrosa. “Yo entreno, tengo un buen estilo de vida, yo me cuido, yo no chupo. Pero después agarro un kilo de helado, me lo destrozo a la noche y vuelvo a entrenar. Eso es una mala educación enorme”, contó. Ese vínculo con la comida nunca fue sano: “La comida era como una droga”.

Pero incluso cuando dejó atrás ese capítulo tan extremo de su vida, hay algo que todavía sigue presente en Alex. Algo que no se fue. “Lo que ya no hago… es que ya no estoy vomitando. Pero no puedo dejar de verme al espejo”. Ahí aparece otra batalla, más silenciosa pero constante. “No me gusta mi cuerpo, no me gusta nada. Es no gustarme, no estar conforme con nada”.

“No estoy conforme, no me siento cómodo, no me siento bien”, siguió. Y profundiza: “Tengo una imagen creada de lo que debería ser que no está. Hay algo disconforme constantemente”. Y aunque no es un alivio total, Alex tuvo que aprender a vivir con esa incomodidad y las marcas que quedan. “Siento que son parte de mí. No digo que no haya que cambiarlos, pero no se me fueron nunca”, se sinceró.

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