El encontronazo entre los entrenadores de Canadá y Qatar tras la goleada local y la grave lesión de Koné
El encontronazo entre los entrenadores de Canadá y Qatar tras la goleada local y la grave lesión de Koné

Ver solo el resultado final, un 6-0 sin piedad por parte de Canadá a Qatar por la segunda fecha del grupo B del Mundial, podría resultar un engaño. La imaginación viajaría a un trámite cómodo, sin equivalencias, sin inconvenientes. Y no fue tan así. Las expulsiones qataríes, la fractura de un futbolista y los festejos desbordantes de los canadienses fueron elevando progresivamente la temperatura del duelo. Hasta el apretón de manos final nada pacífico entre los entrenadores Jesse Marsch y Julen Lopetegui.

El primer episodio que exasperó a sendos bancos de suplentes tuvo que ver con la infracción que, con la colaboración del VAR, el árbitro Cristian Reyes sancionó con roja directa al defensor Homam Al-Amin, al considerarlo último hombre. En el banco anfitrión festejaron lo que reclamaban; en el rival, protestaron que no existió toque alguno que diera lugar a ambas decisiones.

Las voces comenzaron a elevarse y los protagonistas, a acercarse, a discutir y empujarse. Todo ocurrido en el contexto de un marcador que ya tenía a Canadá dos goles por encima. Por esos primeros cortocircuitos, evidentemente, sumado a la alegría del objetivo que estaba cumpliendo, Marsch, el técnico norteamericano que dirige a Los Rojos, celebró el tercer gol -de Jonathan David- con una corrida efusiva y gestos descontrolados.

Aunque fue lo ocurrido antes de los diez minutos del segundo tiempo lo que amplió el conflicto. Assim Modibo bajó a Ismael Koné sin intenciones de una dura falta, pero lo hizo de una manera que terminó por provocarle una fractura en la pierna izquierda. Incrédulos algunos, acongojados otros y furiosos varios de los que estaban detrás de la línea de cal, entre los que estaban los entrenadores. En medio de un momento angustiante, las peleas volvieron y con mayor tono.

“Jesse Marsch abandonando el campo”

Con nueve hombres, Qatar recibiría tres goles más. Festejados de menos a más por el shock de la grave lesión, a excepción de Marsch, que hasta le hacía señas a su gente para que les transmitieran la fiesta a los de enfrente. Ese acto efusivo, en medio de la goleada, no le cayó nada bien a Lopetegui.

Por lo tanto, al momento de estrechar las manos, el español fue con más ganas de decirle lo que pensaba antes que de terminar la jornada en paz. Le habló al oído, le reprochó las cargadas cómplices con el público y le apuntó con el índice mientras continuaba descargándose. El norteamericano cortó por lo sano, le sacó las manos de encima y se alejó con un ademán claro de cansancio, una señal de desplante y yéndose hacia el centro del campo.

“Un momento que no es normal”

Pero atrás dejó la gresca, en la que sí se metió Lopetegui. Jugadores y colaboradores que se empujaron con ganas de pelear entre los árbitros, que intentaron separar. Todo finalizó en eso. Principalmente, porque la delegación de Qatar no vio irse a Marsch: alzó una de sus palmas y la acompañó solo con el dedo índice de la otra mano. Sí, seis (goles).

Los técnicos coincidieron en no darle demasiado lugar en sus conferencias de prensa. El DT local no quiso ahondar sobre el cruce: “No voy a gastar ni un segundo, no vale la pena perder el tiempo en discutir eso”, dijo Marsch.

Aunque sí se quejó de los tumultos tras la fractura: “Para que quede claro, el jugador (Modibo) entró en el vestuario y se disculpó con Koné. No creo que tuviera la intención de realizar una entrada tan brutal. Pero no entiendo la reacción del banco rival, provocando una pelea por una tarjeta roja: le rompió la pierna”.

Lopetegui eligió bajar cambios: “Tengo mi punto ​de vista al respecto, es cosa mía y de él, pero no voy a hablar de ello. No es bueno terminar así, creo que tenemos que evitar este tipo de situaciones”. Y se posó en Koné: “Quiero desearle lo mejor. Fue un accidente”.