El día que Maradona entró a Gran Hermano y el mito de la bolsita blanca que les llevó a los participantes: “¡No me quemen, bolud…!”
El día que Maradona entró a Gran Hermano y el mito de la bolsita blanca que les llevó a los participantes: “¡No me quemen, bolud…!”

El momento bisagra: 2001. Otra época, otro mundo, otra Argentina. Y también, otra televisión. Podría decirse que después de ese año ya nada sería igual.

Los diarios de la época publicaban en sus páginas de papel notas y más notas de un experimento social televisado: el nuevo programa que se había estrenado en Holanda —todavía nadie le decía Países Bajos— no dejaba de sorprender. Y de asustar. Allí se llamó Big Brother. Aquí lo llamamos Gran Hermano, así, sin más. Porque a veces nos permitimos recurrir al español y no adoptar como propia la palabra en inglés; reality, por ejemplo.

El 10 de marzo de aquel 2001 Telefe estrenó el flamante formato, bajo la conducción de una Soledad Silveyra que hizo oídos sordos a la encendida proclama de los Martín Fierro del año anterior: “¡Somos actores, queremos actuar!”. La querida Solita prefirió conducir, y lo bien que hizo: con su arenga “¡Adelante, mis valientes!”, renovó su popularidad.

Pese a la expectativa por el nuevo ciclo, Gran Hermano no arrancó de la mejor manera: le costó afianzarse en el rating, ganarse al televidente, imponerse ante la idiosincrasia argenta. Pero una vez que lo hizo, no paró. Cuando Marcelo Corazza —hoy también está encerrado, pero por una acusación penal muy delicada— se consagró como ganador de aquella temporada, el reality era un exitazo. De ser derrotado en su debut por Nico Repetto y Sábado Bus, en El Trece, GH superó los 36 puntos de rating en la final, 122 días después.

Claro que no resultó fácil. Cuando el público dudaba, los productores debieron agudizar su ingenio para lograr un golpe de efecto y colocar a Gran Hermano en el centro de la escena. Fue entonces cuando, en una de las tantas reuniones de producción, en plena tormenta de ideas (bueno, sí… brainstorming), surgió una idea ¡de 10!

El diálogo fue más o menos este:
—Che, ¿cómo hacemos para subir el rating?
—Uff… ¡qué difícil me la pusiste!
—¿Y si hacemos entrar a un famoso a la casa, por un ratito?
—¡Epa! Puede ser… ¿Pero a quién?
—Mirá… si vamos a pedir, vamos por todo: Diego Maradona.
—¡¿Estás loco vos?!

Y sí, algo de locura había que tener para pensar en El Diego de la Gente, tal cual era el título del libro que el eterno astro de la Selección Argentina había lanzado unos meses atrás, escrito por el gran Ernesto Cherquis Bialo. Y además, había que pensar en grande.

Las negociaciones para contar con ese Maradona de apenas 40 años arrancaron enseguida. El intermediario: nada menos que Guillermo Coppola. La misión no resultaría sencilla, aun cuando se trataba de una empresa del calibre de Telefe y de la presencia del hombre más famoso del mundo en un programa del prime time (el reality todavía no se televisaba en continuado, las 24 horas). Bueno, sí: en rigor, la misión no resultaría sencilla justamente por todo eso. La apuesta era grande, al igual que la inversión.

Maradona en Gran Hermano 2001; atrás, Gastón Trezeguet, la gran figura de esa edición. (Foto: captura pantalla)

Luego de varias reuniones se llegó a un acuerdo: una reconocidísima cerveza de Brasil auspiciaría el ingreso del Diego, quien 11 años antes había hecho llorar al país vecino al eliminarlo del Mundial de Italia 90. De ese modo, Maradona fue a Gran Hermano con distintas prendas que tenían impreso el nombre de la marca. Pero fue el único logo que la producción permitió (recuerden esta oración para dentro de unos párrafos).

En la noche del 6 de abril —es decir, a menos de un mes del estreno de GH—, y disimulando su figura bajo la capucha de un rompevientos negro, Maradona apareció de la nada en el jardín de la casa. Aun de espaldas, sin que se le viera la cara, ni siquiera el pelo, uno de lo hermanitos lo reconoció: “¡El Diego!”, exclamó. Todos comenzaron a saltar: “¡Olé, olé, olé, olé, Diegooooo, Diegooooo!”, fue el grito unánime de una euforia absoluta. Esos jovencitos que ya eran famosos, aunque todavía no lo habían experimentado, encontraban un bálsamo en su aislamiento.

Diego, sonriente y a puro carisma, fue arrojando sus frases, una detrás de otra. “Estoy más cansado que De la Rúa”, dijo, después de hacer jueguitos con la pelota. “Vengo acá porque tengo menos casa que El Chavo“, tiró. Y luego pasó por el célebre Confesionario.

Un técnico le coloca el micrófono a Maradona, minutos antes de entrar en Gran Hermano. (Foto: @mgorban)

“Me siento feliz de compartir unos minutos con estos chicos, que son mucho más leales que los que estamos afuera. Ellos hacen la de ellos, y esa es la que quiero para mi país. No quiero ocuparme del vecino, si la hija es puta, si no trabaja, si la mujer es trola. A mí no me importa. Si cada uno de nosotros haríamos la nuestra, estaríamos mucho mejor”, le dijo a Gran Hermano. Y de inmediato, susurró: “No pediríamos a (Domingo) Cavallo”. Pocos meses después el economista impondría el corralito y la Argentina estallaría en mil pedazos.

LA VERDAD SOBRE LA BOLSITA BLANCA QUE MARADONA LLEVÓ A GRAN HERMANO

Minutos antes de ir al Confesionario, Maradona juntó a los participantes en una ronda. Les contó que los visitaba para convidarles “ánimo”, para darles “un estímulo” y un regalo. Entonces, dio la impresión de que miró a una de las cámaras: “No me interpreten mal…”. Ya era tarde.

Durante años se hablaría de lo que sucedió esa noche: de pie frente al grupo, Maradona metió una mano en el bolsillo y dejó caer en el césped, casi descartándola, una bolsita blanca, sobre la que varios hermanitos se tiraron de cabeza. “¡No me manden al frente, boludos!”, les avisó Diego, haciéndose el distraído y alejándose del lugar.

El mito se instaló con una pregunta que, con el tiempo, derivó en afirmación: ¿Maradona les había llevado droga?

Marcos Gorban, histórico productor de Gran Hermano, lo aclaró una y otra vez: “Le di (a Diego) dos atados de cigarrillos envueltos en papel blanco; después, muchos creen que es otra cosa“. ¿Pero por qué los paquetes estaban tapados? “Para evitar el chivo”, dijo el productor. Lo dicho aquí arriba: la única marca que se permitió fue aquella de la cerveza brasileña. “Si ves el video entero, a los 30 segundos están todos fumando”, agregó Gorban, deseando que las habladurías se hicieran a un lado.

Maradona y Guillermo Coppola, clave en su visita; a la derecha, con el productor Marcos Gorban. (Fotos: @mgorban)

Emitida en vivo por Telefe, la visita de Maradona al primer Gran Hermano alcanzaría los 25 puntos de rating y haría su aporte para que el reality se ganara definitivamente al público argentino.

Este lunes, un cuarto de siglo más tarde, Santiago del Moro arrancará con una nueva temporada de Gran Hermano: esta vez será Generación Dorada. Pero lo dicho: ya nada será igual. Todo cambió el 25 de noviembre del 2020.

Desde ese día, Diego Armando Maradona ya no está entre nosotros.
Lo que daríamos porque un día cualquiera, disimulada su figura bajo la capucha de un rompevientos negro, aparezca parado ahí, de la nada, solo para poder abrazarlo y cantar: “Olé, olé, olé, olé, Diegooooo, Diegooooo…”.

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