La autopsia determinó que el líder de Los Redonditos de Ricota y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado falleció como consecuencia de un ACV hemorrágico. Padecía desde hacía años la enfermedad de Parkinson.“El Indio es una forma de vivir. Es la historia de varias generaciones. Por eso atraviesa todas las edades y las clases sociales, a todos los clubes de fútbol. Es una gran familia, es muy movilizante porque también es eso: un recordatorio de lo que necesitamos como pueblo, que es la comunidad organizada”, agregó.Cada tanto la ‘misa eterna’ se interrumpía con llantos desconsolados, con aplausos, con gritos de “soy redondo hasta que me muera” o “vamos Los Redondos”. La música por momentos salía desde los balcones y rápidamente se armaban pogos. La gente se abrazaba como si se conociera y lloraba.La avenida Mitre, en este rincón de Avellaneda, se convirtió en un gran santuario. Las frases de las canciones de Solari aparecieron en banderas, carteles, cartones, pasacalles. Había familias, grupos de amigos. A la altura del 4000 ya no se podía seguir avanzando y la fila estaba frenada. Antes de eso, la procesión avanzaba, sin problemas, por un carril.“Ahora se puso más espesa. A la mañana avanzaba un poco más, pero acá estamos con algunos que llegaron a las 9”, contaba durante la tarde Florencia Tomkiewicz, que había llegado con un grupo de amigos que se fueron encontrando a lo largo del día. “Nos conocimos en el club y hemos compartido varias ‘misas’. Cuando murió, nos empezamos a mensajear y sabíamos que íbamos a venir o que nos íbamos a encontrar como nos pasó otras veces. Son causalidades”, describió.Ya durante la tarde del domingo, la fila había alcanzado los seis kilómetros de extensión. Y ni siquiera la llegada del anochecer hizo mella en el adiós al ídolo del rock argentino, con una multitud que pasaba el puente Pueyrredón. “Somos más de un millón de personas”, anunciaron poco antes de las 19 por altoparlante. Pasadas las 20, la lluvia tampoco ahuyentaba a los seguidores.La procesión fue constante en Villa Domínico. Desde un balcón en la esquina abajo del puente suena a todo volumen “Un poco de amor francés”. La gente agitaba, aplaudía, cantaba. Los autos tocaban bocina. Las remeras con mitad de la cara del Indio y mitad de la de Diego Maradona se ofrecían a $25.000.El Indio estuvo en todos lados: en remeras, en pilusos, en banderas, en una matera, en forma de muñeco, en globos. Durante más de 18 horas, una multitud desfiló por el Polideportivo Gatica de Avellaneda para despedir a Carlos Alberto Solari.Las filas llegaron a superar los ocho kilómetros y, según estimaciones difundidas durante la jornada, cientos de miles de personas participaron de la despedida pública. Las puertas del predio cerraron alrededor de las 6 de este lunes.A través de un comunicado al que accedió LA NACION, emitido por el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, se informó que alrededor de las 6 de este lunes, y luego de retirarse los últimos seguidores, la familia del Indio Solari decidió finalizar la despedida pública del cantante en el predio Gatica, en el Parque de los Trabajadores en Villa Domínico, Avellaneda.“Agradecemos a la multitud que se acercó para despedir a su ídolo, cuidándonos entre todos y garantizando una movilización en paz”, indicaron. Navegación de entradasMundial 2026: qué se sabe de Tim Payne y el banderazo argentino para apoyar al defensor de Nueva Zelanda En vivo: expectativa por el nuevo iOS27 y la renovación de su asistente Siri en el WWDC 2026 de Apple